Un lugar para perderse

Abro los ojos y veo todo aquello que tantas veces he soñado, mi lugar en el mundo. Rodeado de silencio y naturaleza mi vista termina donde empieza el horizonte, lejos de la ciudad y sus grises edificios, lejos del ruido de los coches y la prisa de la gente se encuentra mi limbo particular, un lugar donde mi única preocupación es si las nubes que se acercan tienen intención de luchar por un sitio con ese sol que, a medida que avanza la tarde, se convierte en invitado de honor.

Los verdes bosques que me rodean son el mejor antídoto contra cualquier preocupación de mi vida diaria y si encima puedes disfrutar de ellos con la presencia de tus amigos es de aquellos pequeños momentos por los que vale la pena luchar, un lugar para perderte cuando necesitas encontrarte.

Más allá de los bosques mi mirada alcanza el mar, que se ve tranquilo, lo que hace parecer que el mundo entero ha decidido darse un descanso y disfrutar de todo aquello que despreciamos mientras pasamos nuestros días entre obligaciones y quehaceres que terminan por frustrar todo aquello con que soñamos al volver a cerrar los ojos.

Es entonces cuando descubrimos que el mundo es muy grande como para pensar en pequeño y que por muy mal que vayan las cosas siempre habrá un lugar donde escapar y volver a empezar.

Pablo

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