Y entonces ocurrió lo inesperado

Aquella noche, como siempre, miró las estrellas, pero lo hizo de un modo distinto, entristecida y enrabiada a la vez. Se sentía pequeña, como una gota de agua en el mar, pero aún así, en aquel momento supo que aquella noche era el comienzo de algo nuevo, y aunque no tenía por qué ser fácil, sino todo lo contrario, sabía que lo iba a lograr.
Era una chica especial, con sus menos y sus más como todo el mundo, pero había algo en ella que le daba ese toque especial.

Había pasado una buena mañana de domingo, pero esperaba con ansia que llegara la tarde para coger ese bonito tren sin destinación alguna. Algunas de sus amigas se acordaron y la felicitaron porque sabían que ese viaje era realmente importante para ella, aunque otras no lo hicieron.

Pero cuando ya estaba en la estación viendo el tren acercándose a lo lejos, pasó lo inesperado: éste no se detuvo sino que continuó su trayectoria sin un claro destino, todavía; dejándola a ella con los ojos llorosos en medio de la estación.

No dijo nada a nadie porque estaba asimilando lo que le acababa de pasar: su objetivo más importante y deseado de su vida se había desvanecido en cuestión de segundos…
Pero aún así, aquella noche, como siempre, miró las estrellas, sabiendo que su nueva etapa acababa de empezar y, que aunque no sería fácil, lo iba a lograr, porque era fuerte, muy fuerte.

Para Laura

Pau

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Una resposta a Y entonces ocurrió lo inesperado

  1. Josep M. Altés Riera diu:

    Pau,
    sóc incapaç de desxifar la metàfora (suposo que ho és), però com que va adreçada al públic general sinó a una Laura, no m’hi he capficat gaire. Estic segur que a la Laura (la que sigui, n’hi ha moltes al món!) li agradarà llegir-te.
    No deixis d’escriure,
    Josep Maria

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