Sevilla

La semana pasada me fuí a Sevilla con mi abuela. Había clase, pero me daba igual, tenía muchísimas ganas de ver a mi prima, que ya hace tiempo que no la puedo ver en persona. Aunque cada noche mis tíos nos llaman por el skype, no es lo mismo.

Al principio me costó bastante convencer a mis padres de que me dejaran ir porque decían que tenía que estudiar, ya que esa semana tenía muchos exámenes. Finalmente me dejaron ir porque les prometí que estudiaría muy duro en Sevilla, i que volvería con todos los conceptos aprendidos, ni me hará falta repasar, me lo sabría todo “de pe a pa”.

Por fin llegó la fecha tan esperada, 12 de febrero. De camino al aeropuerto estuve estudiando historia, aunque no podía concentrarme porque eran las seis de la mañana y me moría de sueño. Una vez en el aeropuerto mi abuela y yo nos sentamos en un bar para desayunar un bocadillo. Mientras estábamos comiendo mi abuela me preguntó en qué parte del avión nos había tocado sentarnos, y le dije que en la última fila. Ella se puso a decirme que no se iba a sentar ahí al fondo ni loca, que no quería ponerse tan atrás, en fin que estuvo media hora quejándose del sitio. Finalmente, pude convencerla de que tenía que sentarse al final porque era el sitio donde le había tocado y punto, no se podía hacer nada.

Al entrar en el avión, y una vez sentadas en el sitio correspondiente me dijo que tampoco estaba tan mal ir detrás porque cerca suyo estaban las azafatas y así se sentía un poco mejor, y yo súper enfadada le dije que el numerito que me había montado en el bar se lo podía haber reservado y que antes de decir las cosas, sobretodo lo que no sabes, hay que pensarlas porque luego puede no ser tan malo como parece. Al llegar al aeropuerto de Sevilla nos perdimos porque resulta que ahora los que van a buscar a alguien, no pueden entrar en la zona donde se aparca si no pagas. A nosotras nunca nos había pasada esto y tuve que llamar a mi tía como ochenta veces para saber dónde estaba. Cuando nos encontramos, lo típico, nos saludamos, no preguntamos: “cómo estás, qué tal el viaje…”. Después de todos los besos y los abrazos, fuimos a un centro comercial, allí me volví loca, había absolutamente de todo, era enorme, me compré un montón de cosas, no puedo decir cuántas porque perdí la cuenta.

Al siguiente día, me encontré con unas amigas que conocí la última vez que fui y me dijeron si me quería ir de excursión a la montaña con ellas, sus padres habían organizado una barbacoa para todos, y me fui. Pasamos todo el día en la montaña, y aunque a mí lo de ir a la montaña o campo, como lo llaman ahí, no me apasiona me lo pasé muy bien. Luego venia lo peor, los demás días tuve que quedarme en casa estudiando para el examen de historia, que al final no pude estudiar nada y lo hizo en el viaje de vuelta en el avión, una hora.

Judith

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Una resposta a Sevilla

  1. Josep M. Altés Riera diu:

    Judith
    Ja veig que no vas estudiar gaire… tot i les promeses.
    El redactat sembla fet a corre-cuita i sense massa revisió. És molt oral (com si li expliquessis el viatge a algú per telèfon, més o menys) i se suposa que en un escrit pots rumiar les frases, estructurar les idees, enriquir el lèxic… en definitiva, tot de coses que no pots fer per telèfon! Si no treballes l’escrit no aprens!
    Fins al proper escrit,
    Josep Maria

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