Recordar para vivir y vivir para recordar

Hay veces que la vida, te pone en situaciones difíciles. Me refiero a esos palos que te dan sin haber hecho nada malo. Simplemente llegan, y lo único que hacen es cambiarte la vida por completo.

Yo estaba acostumbrada a ser una princesa, como muchas de las niñas de catorce años que sus mayores prioridades son llevar las uñas bien pintadas o que sus padres les dejen salir de fiesta. Llega un momento donde tu misma te das cuenta de que nada es un cuento de hadas, es una lástima que lo tenga que ver a moratones, pero supongo que así ha sido siempre. Todos querríamos escapar, salir volando, cerrar los ojos muy fuerte y abrirlos en otro mundo. Pero los problemas no van a desaparecer por sí solos.

Por eso, esas personas que me quieren y que amo con locura son tan importantes para mí. Las mismas personas que lloran porque yo estoy llorando, que me escuchan, me apoyan, me aconsejan y me ayudan a tirar adelante, son imprescindibles para mí. Y, cuando alguien me dice, sé valiente y sonríe, que tu sonrisa es preciosa, me doy cuenta de lo maravillosa que es la vida en realidad. Parece una ironía, pero son esos pequeños detalles que pueden volver a pintar mi vida de rosa otra vez, y me hacen ver que el tiempo que he perdido llorando a solas, no ha valido nada.

Nada ni nadie puede condicionarte quien eres, pero recapacitar, abrir los ojos y recordar esos ánimos, besos, abrazos y momentos especiales con estas personas, son los que te hacen valorar la importancia de sus significados. Hay que seguir luchando día tras día para poder disfrutar de un futuro con miles de sonrisas y alegrías que la vida te va a regalar. Porque, al fin y al cabo, estamos vivos, y solo por eso vale la pena sonreír.

Mireia

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