Escapadas

Como cada otoño, mis padres nos llevaban a mí y a mi hermano a hacer un picnic. Nada mas llegar, él y yo íbamos corriendo a explorar la zona. Aquél lugar al que nos llevaron desprendía una tranquilidad y un colorido inolvidables, era una montaña preciosa.
En un primer plano había una magnífica y enorme pradera verde cubierta de una fresca y brillante hierba humedecida por el rocío de la mañana. En el centro se extendían las serenas aguas del pequeño lago en cuya orilla más lejana se divisaba la cabaña donde pasamos aquél fin de semana. A lo lejos se dibujaba la impresionante figura de una sierra llena de grandes y verdes pinares. El cielo era de un azul luminoso que contrastaba con el verde intenso de los frondosos árboles del bosque. Justo a nuestro alrededor teníamos unos pequeños bosques muy espesos, que por supuesto mi hermano y yo decidimos explorar también.

“El cielo era de un azul luminoso que contrastaba con el verde intenso de los frondosos árboles del bosque”

El suelo de dichos bosques estaba repleto de hojas secas caídas de los arboles en tonos rojizos, cobres y marrones. Al entrar allí ya comenzabas a pisar hojas y hojas sin querer y mientras andabas se escuchaba como crujían al romperse bajo tus pies. Desde dentro de ese bosque se escuchaban a los pájaros e incluso los veías en la ramas de los arboles cantando. Se podía sentir el silbido de la brisa entre las hojas de los árboles. Todo en aquel lugar emanaba paz y tranquilidad.

En ese bosque también había rocas enormes. Nos sentábamos sobre ellas y mirábamos los pueblecitos de alrededor, repletos de casitas de madera echando humo por sus chimeneas, era muy acogedor. Las veces que hacia viento, nos subíamos allí encima, extendíamos los brazos en forma de cruz, cerrábamos los ojos y nos daba la sensación de que estábamos volando.

Era un lugar precioso, con un encanto propio y muy particular. La calma y el silencio de aquel lugar eran una de las tantas cosas que lo hacían tan especial, así como el gran colorido otoñal de su paisaje y la diversidad de naturaleza y animales que podías encontrar en el bosque de forma mucho más cercana a la que estamos acostumbrados viviendo en pueblos o ciudades más grandes. Ese fin de semana que pasamos fue inolvidable y la sensación que me produjo aquel lugar también. Parecía que el tiempo se hubiera detenido para siempre y yo con él.

Noelia

Aquest article ha estat publicat en Excursió, Natura, Noelia Acosta. Afegeix a les adreces d'interès l'enllaç permanent.

Una resposta a Escapadas

  1. Josep M. Altés Riera diu:

    Noelia, és un escrit ben elaborat i molt agradable de llegir. Potser una objecció: li falta concreció. És com si parlessis d’un lloc o d’un temps merament imaginaris. Segurament milloraria si el teu lector pogués saber de quin lloc o de quin moment estàs parlant, etc
    No paris d’escriure!
    Josep Maria

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà Els camps necessaris estan marcats amb *