Daily Archives: 21 agost 2010

¿Tú no sabes qué es la morcilla?

morcilla

A mediodía soltaron a Miguel, y cuando entró en la cocina, Ida corrió hacia él.

-Tenemos morcilla para comer –le anunció, radiante de alegría.

¿Tú no sabes qué es la morcilla? Son grandes bolas negras con grasa de tocino dentro. Sabe como el budín de sangre, pero diferente y mucho mejor. La morcilla se hace de sangre, exactamente como se hace el budín de sangre, y como estaban de matanza en Katthult, era natural que la mamá de Miguel hiciera morcillas.

Había preparado la masa de la morcilla en una gran fuente de barro que estaba en la mesa, y en  la lumbre ya hervía el agua en la enorme olla de hierro. Em seguida habría morcillas, y por eso reinaba gran alegría.

-Yo voy a comerme dieciocho –dijo Ida de repente, aunque era muy pequeña y por su estatura sólo podría engullir media morcilla.

 

LINDGREN, Astrid (2010): Las aventuras de Miguel el travieso, Barcelona, Juventud, p. 100.

¿Y la salchicha?

 

 

salchichas

 

La mamá de Miguel empezó enseguida a poner la mesa. Le cayeron algunas lágrimas sobre la ensalada de arenques cuando la llevaba en las manos, pero la puso en la mesa juntamente con los rollos de carne, las chuletas de cerdo y las tartas de queso y todo lo demás. La señora Petrell se relamía. Aquello parecía prometedor. Pero todavía no había visto la salchicha y eso la inquietó.

De pronto, la mamá de Miguel dijo:

-Lina, se nos ha olvidado la salchicha. ¡Corre enseguida a buscarla!

Lina salió corriendo. Todos estaban esperando con ansiedad, y la señora Petrell asentía:

-Sí la salchicha. Nos sabrá riquísima en medio de esta pesadumbre.

 

LINDGREN, Astrid (2010): Las aventuras de Miguel el travieso, Barcelona, Juventud, p. 55.

 

La vida de Lázaro con el escudero

lazarilloedebe

Eran ya las dos, y mi amo no venía.

Como mi hambre era cada vez mayor, cerré la puerta y puse la llave donde me dijo.

Acto seguido me dediqué a pedir pan por las casas, con voz baja y enferma.

Y lo hice tan bien que, antes de que el reloj diese las cuatro, ya tenía otras tantas libras de pan en el estómago, y más de otras dos ocultas en las mangas y en el seno.

De regreso a casa, pasé por la tripería, y pedí limosna a las mujeres que allí vendían. Una mujer, compadecida de mí, me dio un pedazo de uña de vaca y unas pocas tripas cocidas.

Cuando llegué a casa, ya estaba en ella el bueno de mi amo. Había doblado su capa, la había puesto encima del poyo de piedra y él se estaba paseando por el patio.

Creí que me iba a reñir por haber tardado tanto, así que me excusé:

-Señor, hasta que dieron las dos estuve aquí. Y como vi que no volvía, fui a pedir por las casas, y me han dado esto.

Y le enseñé el pan y las tripas.

Al verlo, se le animó la cara y me dijo:

-Pues yo te he esperado para comer, pero al ver que no venías, he comido sin ti. Tú has hecho muy bien, porque más vale pedir que no robar. Sólo te ruego que no le digas a la gente que eres mi criado, aunque la verdad es que aquí nadie me conoce. ¡No tenía que haber venido nunca a esta ciudad! Come, pues, come.

 

NAVARRO DURÁN, Rosa (2006): El Lazarillo contado a los niños, Barcelona, Edebé, pp. 93-94. Il. Francesc Rovira

 

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