La vigilancia contiene a los ladrones del metro pero no frena los hurtos en la calle Grupos organizados atacan desde coches y se disfrazan de repartidores de folletos.

En la comisaría de los Mossos d’Esquadra de la plaza de Catalunya, adonde van la mayoría de los turistas a denunciar robos en el metro, había ayer una menor cantidad de denunciantes de lo habitual, tanto que hasta las víctimas tenían sillas vacías para sentarse, algo no muy común dada la gran cantidad de víctimas que acuden allí cada día. Algunos empleados de seguridad privada que custodian el metro aseguran que la mayor presencia policial anunciada por el alcalde, Xavier Trias, hace pocas semanas está dando algunos resultados. «No hay ninguna respuesta milagrosa, pero mientras hay más policías en el metro, hay menos robos», explica un trabajador de una empresa de seguridad privada. Pero la presión en el subsuelo no se traduce en un menor índice de delincuencia en las calles y plazas, donde proliferan las nuevas técnicas delictivas.

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La comisaría de los Mossos d’Esquadra de la calle de Nou de la Rambla sigue siendo el lugar de encuentro tradicional de los turistas que han sufrido un robo en los principales lugares turísticos de la ciudad, sobre todo en los de Ciutat Vella. Allí, unas 15 personas hacían cola ayer a las 15.30 horas para denunciar robos. Durante la tarde, muchos turistas desvelaron las argucias con las que les engañaron los carteristas.

Vendedores de flyers (folletos promocionales de discotecas y bares) que terminan derribando a quienes aceptan la publicidad para robarles, falsas clientas de las terrazas de la Rambla y hasta proliferan tirones desde coches en marcha en Montjuïc. Las nuevas técnicas en la calle se sofistican en la medida en que la Guardia Urbana y los Mossos d’Esquadra anuncian una mayor presión en la calle. La variedad de trucos y artimañas aumenta y las propias víctimas no dejan de sorprenderse de la profesionalidad de los carteristas. A excepción de los actos evidentes, casi nadie se da cuenta del asalto.

LOS SIGILOSOS / Aunque este verano han surgido nuevas artimañas, las clásicas nunca pasan de moda. En la comisaría de los Mossos d’Esquadra de la plaza de Catalunya, una pareja de amigos denunció ser víctima de los grupos organizados en Universitat. «Íbamos bajando las escaleras del metro y me di cuenta de que había dos mujeres latinoamericanas detrás de mi amigo. Una iba hablando por el móvil y la otra se acercó a él. Cuando fue a sacar su billetera, ya no estaba», explica Eric, un ecuatoriano de 32 años. Fabianne Tours, una francesa de 56 años, tampoco se percató del momento en el que su monedero desapareció. «Estaba junto a un grupo muy grande de jóvenes que venían por la visita del Papa. Había mucha gente en el vagón y entró otro grupo que se aglomeró en un lugar. Supongo que me robaron en ese momento, pero no vi ni sentí nada», agrega la turista, que perdió 400 euros en efectivo.

A esta misma comisaría también se acercaron un grupo de adolescentes alemanas a las que robaron en el Burger King ubicado cerca de Canaletes. «Todas pusimos los bolsos en nuestras piernas. Incluso algunas estábamos contra la pared. Nadie vio nada, pero el hecho es que hemos perdido dos de nuestros bolsos, con el dinero, los pasaportes y la cámara de fotos que trajimos para ver al Papa», explicó Charlotte, de 16 años.

Casi todas las víctimas aseguran haber sido advertidas por amigos y conocidos (incluso recuerdan mensajes de precaución en internet) del peligro al que se enfrentan los turistas en las zonas más concurridas de Barcelona. Pero casi nadie esperaba que en ese momento, en ese lugar que creían seguro, pudieran ser burlados. Incluso los turistas que daban billetes a los trileros de la Rambla (conocidos por todos menos por los visitantes) parecían sentirse seguros y se sorprendían cuando los ladrones del espectáculo hurgaban en sus carteras e intentaban robarlos.

Font: El periodico,  David Placer,  Domingo 14 de agosto 2011