De la deriva del territorio …. al territorio a la deriva

Joan Nogué 

Quién iba a decir que algunas de las aportaciones más interesantes sobre la realidad presente y las perspectivas de futuro de este país que llamamos España procederían de la periferia del Estado. Quizá ello se deba al hecho de que, desde y en los márgenes, las cosas se ven de otra manera y con unas lentes menos deformadas. Sea como fuere, lo cierto es que ahí está, por ejemplo, el ensayo Geopolítica y gobierno del territorio en España (Tirant lo Blanch, 2009), del geógrafo valenciano Joan Romero. Se trata de un complemento perfecto a la lúcida reflexión – ahora desde Catalunya-que el periodista y politicólogo Enric Juliana nos ofrece en su último libro La deriva de España. Geografía de un país vigoroso y desorientado (RBA, 2009), ensayo que ha dado pie a las reflexiones que siguen a continuación.

Como si de un verdadero geógrafo se tratara, la obra de Juliana está plagada de referencias a algo tan fundamental y, a su vez, no siempre considerado por los analistas de turno, como es la geografía, el territorio. Es sabido – ymás que sabido-que la geografía y la política están estrechamente unidas o, si se quiere, que toda decisión política tiene una implicación geográfica y, por tanto, unas consecuencias geopolíticas. Pensar que la geopolítica tiene sólo una dimensión internacional es una tremenda equivocación, como ya nos enseñó en su día el geógrafo francés Yves Lacoste, citado, por cierto, en el excelente prólogo al libro. Existen geopolíticas nacionales, regionales y locales, es decir, usos – y a veces abusos-del territorio por parte del poder político a todas las escalas. A Enric Juliana, a diferencia de otros politicólogos, no le ha pasado por alto esta verdad (incómoda) como un templo.

La deriva de España traza una aguda radiografía de las dinámicas geopolíticas regionales del Estado de las autonomías después de treinta años de funcionamiento y justo en el inicio de una crisis económica sin precedentes. Alo largo de estos tres decenios muchas cosas han cambiado en términos geográficos: se han generado nuevas territorialidades, se han transformado los usos del suelo y el trazado de potentes ejes de comunicación ha escenificado de manera diáfana opciones geopolíticas poco explicitadas, pero evidentes. Por encima de todo, sin embargo, se ha puesto de manifiesto lo que para mí es lo más preocupante: la exigua cultura territorial de este país, fruto, en el fondo, de una escasa cultura general y de un parco aprecio por la res publica, quizá la herencia más fatídica que nos dejó el franquismo y que creíamos superada. La degradación del territorio, la dispersión descontrolada del espacio construido, el diseño de infraestructuras megalómanas muy propias de un Estado de nuevos ricos, la insensibilidad hacia los valores del paisaje, todo ello – ymás-no es sólo responsabilidad exclusiva de desalmados especuladores y corruptos cargos públicos, sino también de un cierto laissez faire social, cómplice en buena medida de estos desaguisados. Apostar por el sector de la construcción como motor principal de la economía de un país, considerando al territorio como una simple mercancía, no es sólo el reflejo de una pésima y trasnochada política económica, sino que es una clara muestra de irresponsabilidad política. Se ha demostrado que el crecimiento económico no conlleva, per se, una mejora notable del nivel cultural de un país y de sus gobernantes, a diferencia de lo que algunos preconizaban. Tanto despropósito consentido, tanto menosprecio hacia el espacio público, tanta insensibilidad hacia los valores del entorno y del paisaje sólo son posibles en tiempos de penuria mental yde laminado cultural. “Los dioses han huido”, como escribía hace poco con un punto de desesperación Eduardo Martínez de Pisón. Habrá que llamarlos de nuevo para que nos ayuden a crear territorios con cultura, con discurso, con futuro, para evitar que la deriva de España se convierta en una España a la deriva con un territorio a la deriva.

Article publicat a La Vanguardia el 25 de març de 2009 (pàg. 4, suplement Culturas)

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