Category Archives: Premi Literari

EL NUDO

el-nudo EL NUDO, de Montserrat del Amo,
Barcelona, Juventud, 1980.
Anabel Sáiz Ripoll

“El nudo” es una novela que va a ser reeditada, en una versión renovada y muy cuidada, el próximo octubre, afortunadamente para sus lectores, podríamos decir, ya que ha sido una obra con poca fortuna pese a los valores literarios y humanos que contiene.
Montserrat del Amo (Madrid, 1927), su autora, es conocida de todos, pero quizá podamos tratar de esbozar una breve semblanza. Estudió en la Escuela Superior de Comercio el grado de Perito Mercantil. Aprendió el oficio de cajista de imprenta. Al vivir los tiempos duros de la guerra civil y la posguerra, no pudo estudiar hasta ser mayor. Así, en 1976 obtuvo el título de Licenciada en Filosofía y Letras, especialidad de Literatura Hispánica, en la Universidad Complutense de Madrid. Durante unos cursos impartió clases de lengua y literatura españolas, hasta que en 1986 dejó la docencia y, desde entonces, se dedica plenamente a la creación literaria.
Esta autora, que lleva más de 50 años escribiendo, se mueve fuera de los engranajes de la moda y de “lo que se lleva” y sigue su propio camino. Su carrera literaria, por lo tanto, es propia y muy sugerente. Ha escrito y publicado más de 50 títulos y, por supuesto, ha ido evolucionando e incorporando nuevas realidades y nuevas maneras de sentir.
Fue la primera escritora española de posguerra que, en 1958, se reconocía fuera del ámbito nacional. Montserrat del Amo figuró en la Lista de Honor del Premio Internacional Andersen de ese año, al que fue nominada en una segunda ocasión. A partir de ahí, y aun antes, ha conseguido diversos premios que avalan su oficio; en 1956, el “Abril y Mayo” por Patio de Corredor (obra con la que figuró en la Lista de Honor); en 1960, el Lazarillo por Rastro de Dios; el Doncel, en 1968 por Zuecos y naranjas; el CCEI, en 1971 por Chitina y su gato; el Nuevo Futuro por La Torre y el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, en 1978, del Ministerio de Cultura por El Nudo, obra que estamos reseñando. También podríamos mencionar el Complutense 1993 de Literatura Infantil y Juvenil, el Premio CCEI por La casa pintada. Dos obras suyas han sido adaptadas para televisión: Patio de corredor, emitida por TVE en cinco capítulos en 1866 y Zuecos y naranjas en 1968. Su cuento poético La noche, con música de José de la Vega fue estrenado en concierto por la orquesta de RTE en 1994.
“El Nudo” es un relato precioso y muy emocionante. Se divide en dos partes, más una central, de la que ya hablaremos. La primera parte se centra en un pueblo prerromano, de la península, íbero, que trata de defenderse de la invasión romana y lo hace con medios muy sugestivos. Los guerreros que vigilan las montañas, empiezan a comunicarse tensando las cuerdas de sus arcos y ese sonido, repetido por el eco, causa miedo en los invasores que se retiran. Dos muchachos son los artífices de la hazaña, Ara y Gud. De alguna manera, han descubierto el poder de la música. A continuación encontramos una parte central en blanco, lo cual es un algo muy original. El lector puede pensar que es un error de imprenta, pero no, está hecho con toda la intención. Montserrat del Amo pretende que esas páginas formen nuestro propio nudo particular en las que anotemos lo que prefiramos. Termina la novela con la tercera parte centrada en un grupo de montañeros, una cordada, que hacen un descubrimiento muy interesante: encuentran a un ser extraño, de otro mundo, que reacciona al amor y se debilita ante el miedo. Ese ser viene a culminar la peripecia que se empezó con el pueblo íbero, porque, al fin y al cabo, todos formamos parte de lo mismo, del nudo que nos ata los unos a los otros. Para cerrar, se incluyen dos noticias de prensa que aluden a las historias relatadas en “El Nudo” y que nos hacen reflexionar.
“El Nudo” es un libro escrito en clave metafórica, muy lírico y que esperamos que, gracias a la nueva reedición, se revitalice su lectura porque lo merece.

Lo único que queda es el amor

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LO ÚNICO QUE QUEDA ES EL AMOR,
DE AGUSTÍN FERNÁNDEZ PAZ,
ANAYA, 2008

Anabel Sáiz Ripoll

Agustín Fernández Paz se define a sí mismo como: “… una persona que encuentra placer en inventar historias y contarlas por medio de la escritura. Un contador de historias, aunque esto siempre debería colocarlo en segundo lugar, porque lo que a mí de verdad me gusta es leer lo que escriben otras personas. Leer . Y leer y escribir, ya se sabe, son como las dos caras de una misma moneda”.
“Lo único que queda es el amor” ha sido Premio Nacional de Literatura Juvenil 2008 y bien merece que le dediquemos unas líneas ya que se trata de un libro bellísimo integrado por diez historias –algunas ya publicadas, pero que aquí adquieren una nueva dimensión- que tienen como hilo conductor el amor. Los personajes que nos dibuja Agustín Fernández Paz se hallan unidos por la fuerza poderosa de este sentimiento, aunque no todos lo viven igual. Encontramos el amor más allá de la muerte, pero también el desamor, el primer amor, la fuerza con que la memoria recuerda los amores perdidos, el amor platónico o el amor frustrado.
Son historias melancólicas, revestidas por un halo de misterio que las hace especiales, conmovedoras, únicas. Agustín Fernández Paz se llena de sensibilidad y maneja los hilos del destino de sus criaturas con respeto y con afecto. No nos dejan indiferentes las quimeras de Diana, Sara, Laura, Adrián y de tantos otros, no nos dejan indiferentes porque están viviendo aquello que, desde que el mundo es mundo, han vivido millones de personas: la arrolladora fuerza del amor que es, al fin y al cabo, lo único por lo que merece la pena vivir, viene a decirnos el autor.
En Un radiante silencio, por comentar un ejemplo de un relato ya publicado con anterioridad, Sara está a punto de hallar el amor en Pablo, un librero que le desliza notas entre las páginas de los libros que ella compra, pero no acaba de aceptarlo y tiene miedo. Ninguno de los dos se ha atrevido a declararse su amor y eso los ha separado antes de unirlos. Es una historia muy triste, pero bellísima, de las más hermosas del autor. Como él mismo dijo en su día, en Un radiante silencio: “está mi homenaje explícito a la literatura, en especial a la poesía, y a los libros y autores que fueron muy importantes para mí. Y está también mi mirada sobre el amor, esa fuerza poderosa capaz de transformarnos por entero y hacernos ver la vida de otra forma”.
A Agustín Fernández Paz le gusta la poesía de José Ángel Valente en la que encuentra inspiración para muchos de sus libros y relatos. “Una historia de fantasmas”, que ya leímos en Muchachas, por ejemplo, tiene mucho que ver con uno de los poemas póstumos del autor, incluido en Punto Cero. Acude de nuevo al poeta Valente y a un verso suyo, que gusta especialmente a uno de los personajes del libro y que da título al mismo: “La memoria nos abre luminosos corredores de sombras”.
Los libros son un motivo recurrente en “Lo único que queda es el amor” y en toda la obra de Agustín Fernández Paz, como vemos en varios de sus relatos, sobre todo en “Un río de palabras”, aunque no es difícil encontrarlos en otras historias, como en “Después de tantos años”, en donde la protagonista recuerda al amor de su vida gracias a un libro que le regaló, las “Rimas” de Bécquer. Así, en “Una historia de fantasmas” podemos leer: “…los libros que amamos llevan también nuestra memoria y nuestros sueños entre sus páginas”.
“Lo único que queda es el amor” está narrado en primera o en tercera persona, con pocos diálogos y una gran introspección que hace que conozcamos los vericuetos del alma de los personajes que Agustín Fernández Paz ha escogido como protagonistas. No se trata de adolescentes, no, en absoluto, son seres rasgados, ya mayores, algunos ancianos, otros escindidos, otros en busca del amor que, a veces, eso sí, recuerdan, como un destello entre la tormenta, el que pudo haber sido el amor de su vida y que se convirtió en recuerdo, porque la memoria es también una de las armas narrativas, al lado de los libros y las fotografías antiguas, que usa el autor en sus relatos. La nostalgia suele impregnar las páginas del libro o el recuerdo o las ansias de volver a lo que ya pasó. Al fin y al cabo, como reza el título, “Lo único que queda es el amor”. Sí, detrás de los pequeños naufragios de las vidas de estos personajes se esconde el empuje poderoso del amor. Lo único que les acompaña y lo único por lo que vale la pena vivir, como bien ocurre en “Esta extraña lucidez”, cuyo narrador no es otro que un perro fallecido que vaga, como alma en pena, con su amo, sombra doliente y amorosa del más allá.
El libro, bien es verdad, está finamente arropado por las ilustraciones de Pablo Auladell que son realmente soberbias, sorprendentes, llenas de magia y de misterio y que cautivaron desde el primer momento a Agustín Fernández Paz, quien con finísima modestia, ya que sus relatos son magníficos, dice que, “aunque el texto fuese sacado directamente del BOE o similar, el libro seguiría valiendo la pena”, gracias a las ilustraciones. Por fortuna, “Lo único que queda es el amor” nada tiene que ver con el BOE y sí con el tejido de los sueños, con la vida y el alma humanas.

A lo lejos, Menkaura

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O`CALLAGHAN I DUCH, Elena
A lo lejos, Menkaura
Zaragoza, Edelvives, 2008 (Alandar, 104), 172 págs. ISBN 978-84-263-6835-5

Anabel Sáiz Ripoll

“A lo lejos, Menkaura” ha obtenido el VIII Premio Alandar y lo firma una escritora ya consolidada en el panorama de la literatura infantil y juvenil. Para Elena O`Callaghan, la literatura, escribir, es una forma de ejercer la libertad y lo demuestra en esta novela llena de vida, de amor y de solidaridad.
“A lo lejos, Menkaura” denuncia una realidad actual: la de los niños invisibles en pleno S. XXI, como dice la autora en la explicación final. Gamal es muchacho que malvive en El Cairo, a la sombra de la pirámide de Menkaura, a quien confía sus cuitas y anhelos. El pequeño vende souvenirs a los turistas, pero desea poder ir al colegio, como sí hace su hermano mayor. La historia es hermosa porque tiene un trasfondo de esperanza, pero, de la mano de Gamal, un muchacho de natural alegre, somos testigos de la miseria a la que están condenados los que nada tienen y lo poco que tienen les es arrebatado. Gamal ha sufrido mucho, aunque su mayor dolor es haber perdido a su madre que era su mayor valedora. Su padre trata de organizar la vida familiar y decide que sea el pequeño quien se ponga a trabajar, aunque eso Gamal no acaba de entenderlo. El niño tiene los ojos puestos en el futuro y, al final, gracias a una arqueóloga y a un encuentro fortuito, el lector quiere suponer –y así lo desea- que el destino está empezando a cambiar para Gamal.
La novela se estructura capítulos breves que desgranan la difícil infancia de este chico. Está escrita en tercera persona, aunque son frecuentes los diálogos y los pasajes introspectivos que hacen que conozcamos mejor a los personajes y su ambiente

MENSAJE CIFRADO

mensaje-cifradoMENSAJE CIFRADO,
DE MARTA ZAFRILLA,
SM, 2007

Anabel Sáiz Ripoll
Doctora en Filología

“Mensaje cifrado” fue Premio Gran Angular 2007. El premio, dotado con 100.000 euros, ha llegado a las 30ª edición y, en 2007, se presentaron 154 ejemplares. Marta Zafrilla (Murcia, 1982) es una jovencísima escritora que mantiene que “Al escribir no conviene perder de vista un detalle importante: que siempre hay alguien al otro lado, personas que están más allá de las páginas, pero que sienten tu voz y escuchan tu historia”.
“Mensaje cifrado” es una novela de intriga y de emoción protagonizada por un adolescente, Santiago, que es quien escribe la historia o recuerda los hechos que sucedieron y que aún no están cerrados del todo, porque pertenecen a un pasado muy cercano. “Mensaje cifrado” es, pues, una novela abierta que invita a que el lector supongo distintos finales.
A la muerte, de su abuelo, que se llama como él, Santiago recibe un legado extraño, el tablero de la oca del abuelo, un viejo tablero que ha pasado por mil batallas y del que el abuelo no quiso desprenderse jamás. Juntos pasaron tardes gloriosas jugando, tanto que Santiago, por su cumpleaños, decide hacerle un regalo especial: recoge toda la información sobre la Oca y, perplejo, comprueba, que entronca con el misterio de los Templarios y con el Camino de Santiago. Lo malo es que nunca se lo pudo leer al abuelo porque murió antes.
Junto al tablero de la oca hay un jeroglífico que Santiago interpreta poco a poco y le lleva a recorrer algunos de los escenarios del abuelo, que estuvo encarcelado durante la Guerra Civil en un pueblo del que ni quiere acordarse, pero al que su nieto vuelve buscando alguna explicación al enigma que le plantea su abuelo.
Santiago, cada vez más inquieto, no sabe con quién compartir sus pesquisas y lo hace con su amigo Ernesto, con el que lleva a cabo la aventura de su vida. En el cementerio de Canila, el pueblo de su padre, un panteón guarda un secreto asombroso del abuelo. Un secreto que no desvelamos, pero que conmociona a su nieto porque, empieza la novela, confesando que lo tiene debajo de su cama y acaba la historia volviendo a preguntarse qué hará con esos petates que esconden algo inquietante.
La novela se lee con creciente interés porque Santiago sabe motivar al lector e implicarlo en su propia peripecia. Destaca el cariño que este chico profesa a su abuelo y los deseos que tiene de respetar su memoria y su recuerdo, aparte de la frescura de sus comentarios e impresiones.
Su autora se siente muy feliz al haber ganado el Gran Angular y desea que sus lectores disfruten “con los enigmas, el misterio y los finales con sorpresa”.

Kafka y la muñeca viajera

KAFKA Y LA MUÑECA VIAJERA,
DE JORDI SIERRA I FABRA,
SIRUELA, 2006, (LAS TRES EDADES)

Anabel Sáiz Ripoll

“Kafka y la muñeca viajera” es una novela sin edad que constituye un texto delicioso, lleno, como hemos dicho, de duende y de magia. Uno de esos libros que el lector no se cansa de leer. Además, las ilustraciones de Pep Montserrat contribuyen a embellecer el texto.
Sierra i Fabra se inspira en un hecho probado que es el siguiente. Un año antes de morir, el escritor checo, Franz Kafka, autor, entre otros libros de “La metamorfosis”, vivió una experiencia distinta en su vida. Solía acudir al parque Steglitz, en Berlín, para tratar de recuperar su salud, ya más que perdida. Allí, un buen día, encontró a una niña que lloraba con total desconsuelo porque había perdido su muñeca. Kafka, que no había tenido nunca experiencias con niños, empezó una aventura literaria insólita ya que se inventó, para que la niña fuera feliz, que la muñeca no se había perdido, sino que había partido de viaje y él, un cartero de muñecas, tenía una carta para la niña, escrita por la “muñeca viajera”. A partir de aquí, y durante tres semanas, según cuenta su compañera Dora Dymant, Kafka empezó a escribir con una urgencia desmedida los viajes de esta muñeca que había estado por lugares diversos e insospechados. Estas cartas se han perdido, lo cual es una pena porque conoceríamos otra faceta del escritor.
Jordi Sierra i Fabra se inventa es experiencia y escribe, con ternura, con magia, con lirismo y con amor un epistolario para esa niña que, día tras día, acudía al parque para encontrarse con las novedades de su muñeca. Una muñeca, que a la manera de los seres vivos, evoluciona y siente; es más, vive sus propias experiencias y acaba casándose y despidiéndose de la niña. Elsi, la pequeña, encaja esta despedida, pero el supuesto Kafka le trae, al día siguiente, un regalo de Brígida, otra muñeca, Dora, con la que la niña podrá vivir de nuevo fascinantes historias. “Kafka y la muñeca viajera” no sólo contiene las supuestas cartas de Brígida, sino el pensamiento de Kafka, la relación tierna con la niña, las conversaciones son su pareja y todo el mundo que debió envolverlo en los días previos a su muerte.

Muerte a seis veinticinco

muerte-a-seis-veinticinco2Muerte a seis veinticinco,
Jordi Cervera, Edebé, 2009

Anabel Sáiz Ripoll

“Muerte a seis veinticinco” es el último Premio Edebé de Literatura Juvenil. Jordi Cervera (Reus, 1959) hasta ahora se había dedicado a la literatura juvenil, aunque sí es un hombre con una buena obra, de poesía y novela, y con un buen bagaje cultural. No nos extraña, pues, que su novela haya ganado el Premio, puesto que es un texto bien escrito, cuidado y con una serie de ingredientes propios del carácter y las aficiones de su autor, como puede ser el suspense y las referencias a Barcelona.
La novela se estructura en 41 capítulos breves, que no llevan ningún título, sobre el número, ya que no quieren estorbar al lector en su apasionante lectura, porque apasionante es el relato que nos cuenta Jordi Cervera, bien graduado y bien presentado, tanto que, al final, poco a poco, nos va dejando pasmados, literalmente asombrados por el giro que dan los hechos.
El primer capítulo ya marca cómo va a ser la novela puesto que nos presenta, a la manera de un clímax ascendente, los últimos momentos de un partido de baloncesto decisivo, que significa una gran victoria para el Badalona. Uno de sus jugadores estrella, Ray Barbosa, es quien vive esa apoteosis en el campo. Nada hace presagiar la desgracia, aunque algo intuimos. En su casa, su mujer y su hijo son brutalmente asesinados. Y comienza la acción. Joan Pons, el sargento de los Mossos d`Esquadra, es el encargado de resolver los hechos y la presión que sufre por parte de los políticos es inmensa. Ahí el autor no duda en emplear a fondo su ironía, su fina ironía de la que hace gala en todo momento. Pieza indiscutible del relato es Carla, la hija del sargento y aspirante a mosso también quien, de alguna manera, descubre al asesino o ayuda a ir atando cabos. Nos recuerda, salvando las distancias, a la Wendy de Andreu Martín.
Varios son los personajes de esta novela que viven los hechos de manera distinta, según el papel que les haya tocado. La policía autonómica catalana aparece retratada desde un punto de vista muy positivo, ya que, en esta novela, son los que han de descubrir el porqué y el quién. Sin embargo, no es desdeñable la figura del asesino, un matón a sueldo que esconde una fría venganza en el asesinato y que se complace en escribir, paralelamente a los hechos que narra el autor, su propia historia, a manera de diario y, por supuesto, en primera persona. Así, el relato conjuga la tercera persona y la primera que acaban confluyendo en un final de lo más excitante.
La trama va también ajustándose al tiempo, al poco tiempo que tiene el sargento Pons y, de alguna manera, la rapidez con que se resuelven los capítulos va marcando ese tiempo angustioso para unos y agobiante, para otros.
“Muerte a seis veinticinco” va destinada al público juvenil, pero no es una novela juvenil, sin más, puesto que la historia que contiene va a interesar a todo aquel que guste de la novela negra, del suspense y de la acción. Aparte, hay otras muchas connotaciones en la novela, como la perfecta ubicación en Badalona y Barcelona e, incluso, en Arenys, en donde se refugia el asesino con personalidad falsa. En algún momento el relato se remansa y da paso a la poesía de Espriu, tan relacionada con Sinera, con el Cementerio de Arenys. Jordi Cervera, pues, emplea distintos registros, desde el sarcástico hasta el irónico, pasando por el pedante (de los políticos) o el coloquial. Hay incluso episodios que nos hablan de la violencia gratuita de los skinhead, otros que recrean el manejo de armas. En suma, una buena documentación por parte de Cervera.
Es una buena novela, que se lee con rapidez y que nos permite pensar en cómo, por un error de juventud, toda una vida se puede venir abajo, como le ocurre al gran Barbosa.