EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS

EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS,
De John Boyne, Salamandra, (13 2006)

Anabel Sáiz Ripoll

“El niño con el pijama de rayas” es uno de esos libros especiales y, me atrevería a decir, esenciales porque, con una sensibilidad extrema y una gran habilidad literaria, consigue que el lector se adentre en el universo infantil de Bruno, un niño de 9 años y, con él de la mano, atraviese uno de los episodios históricos más penosos que se vivieron en el S. XX: la deportación y el exterminio de miles y miles de judíos a cargo del régimen nazista.
John Boyne escribe una historia cotidiana que, en principio, parece plácida, ya que nos habla de la vida de Bruno en Berlín, de su familia, de sus intereses personales, de sus gustos y de su mentalidad infantil que no entiende bien las cosas, pero sí las intuye en toda su dimensión. El padre de Bruno es un hombre severo y muy importante, que hace un trabajo difícil de describir, tanto que lo descubrimos ya casi a la mitad del libro, con horror y estupor. Es uno de los brazos ejecutores de Hitler, a quien Bruno llama Furias porque no sabe pronunciar su tratamiento correctamente y el encargado de poner “orden” en el campo de exterminio de Auchviz; pero eso Bruno lo ignora y él sólo se sorprende porque debe cambiarse de casa y dejar su hogar plácido en Berlín y mudarse a otro lóbrego, que está lejos de todas partes. Para Bruno es una incógnita ver, desde su ventana, a tantas personas con pijama de rayas e, incluso, llega a sentir cierta envidia porque él ha de vestir siempre con corrección y de manera muy incómoda.
Vemos, pues, que “El niño con el pijama de rayas” capta la otra visión de los campos de exterminio, la visión de los familiares de los jefes que, a menudo, nada sabían del proceso y trataban de ponerle orden a tanto despropósito. Es lo que hace Bruno, quien conoce a uno de esos niños judíos y entabla con él una relación de amistad que lo llevará más allá de la propia vida.
Bruno observa a su nuevo amigo y lo ve flaco y delgado, pero es incapaz de darle un nombre a su estado y cree, en su mente infantil, que más allá de su casa, esas gentes viven con normalidad. Y ésa es la magia del relato, que el lector sepa muy bien qué está viendo Bruno, pero que no pueda ayudarlo, porque es una experiencia que ha de vivir él solo.
El relato va dirigido al público adulto, pero consideramos que los adolescentes podrán leerlo y entenderlo muy bien porque el mensaje no deja lugar a dudas. Es un alegato a favor de la amistad y de la igualdad, como muy bien demuestra Bruno.
“El niño con el pijama de rayas” se lee de manera muy fluida y rápida y se introduce, con absoluto dominio, en la mente de un niño de 9 años a quien acompaña en todo momento. El final del relato es estremecedor y el lector averiguará por sí solo a qué nos estamos refiriendo. No obstante, la ternura nunca abandona las páginas de la novela.
Se trata, en definitiva, de un texto conmovedor y cautivador que hechizará a cualquier lector con un mínimo de sensibilidad. Estamos seguros.

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