Jordi Galceran y Sergi Belbel.

El contrapoder

 

Borges dijo en una ocasión que el periodismo se basa en el falso prejuicio de que todos los días sucede algo nuevo en el mundo. En cualquier caso, la prisa, la saturación informativa y el predominio de lo urgente sobre lo importante hacen del periodismo una actividad que no favorece el hallazgo de lo esencial. Ben Hecht y Charles Macarthur escribieron “The front page” para satirizar al periodismo y denunciar el poder de la prensa. Estos días en la sala grande del Teatro Nacional de Catalunya podemos ver una sobresaliente versión de la mano de Jordi Galceran y Sergi Belbel. El texto es la mejor parodia del mundo del periodismo bajo la forma de una comedia en la que unos periodistas se lanzan a la caza de la mejor portada a costa de la vida de un hombre que se encuentra en el corredor de la muerte. De la obra se han hecho cuatro adaptaciones cinematográficas, de las cuatro nosotros nos quedamos con la de Willy Wilder.

La pluma de Jordi Galceran es sinónimo de éxito de taquilla. Sergi Belbel se hace un traje a su medida, para poner patas arriba la disposición a la italiana de la sala grande y convertirla en la sala de prensa de la cárcel del estado, donde los reporteros esperan como cuervos el último ahorcamiento. Los representantes del poder están exagerados hasta la caricatura y del contraste con los demás nace la genialidad, la carcajada. Las simpatías del público pasan del dúo Jordi Bosch / Jordi Buixaderas a personajes como el que interpreta Miquel Bonet o Quimet Pla, que llegan hasta la categoría de esperpento. Hay también en la obra un retrato humano de la persona que decide hacerse periodista, aquel que nos muestra las desventajas de la profesión: horario laboral, sueldo y relaciones familiares.

La prensa se ha convertido en las sociedades democráticas en un contrapoder que instaura el discurso de la calle contra el discurso de todos los poderes, que son fríos, impasibles, monótonos. El poder, como comunicador, de esta frialdad hace solvencia, seriedad, imparcialidad, gravedad, cuando sólo se trata de la farsa de la dignidad, socapa de todas las indignidades. La mayor de ellas es especular con la pena de muerte en función de unas elecciones o lo que es lo mismo la vida de un ser humano a cambio de un puñado de votos. La realidad que nos presenta la obra se sitúa en los años veinte del siglo pasado, parece ya cosa del pasado, pero sería muy útil hacer una lectura política en estos tiempos en los que asistimos a una cadena de elecciones.

El periodismo escrito es un medio caliente, inmediato, urgente, y en esto no ha sido sustituido por la radio ni la televisión, porque una imagen no vale más que mil palabras, lo que ganan la televisión en velocidad lo pierden en banalidad. La televisión o Internet creíamos que iba a acabar con la prensa, pero hoy la televisión o Internet sólo son basura rosa y entretenimiento amarillo, mientras que la prensa sigue tan prestigiosa y eficaz como cuando los periodistas no trabajaban con ordenadores sobre sus mesas. Cuando todo el ruido visual de moda se haya desvanecido, el periodismo de fondo perdurará como retrato de una época.

J. A. Aguado

 

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