El Ruyra mejor remozado
Tal vez me equivoque, pero tengo la impresión de que si ahora recuerdo con especial agrado a los autores clásicos catalanes, sirva de ejemplo Joaquim Ruyra, es porque los leí siendo yo un adolescente, en este sentido quiero rendir homenaje a tantos y tantos profesores de enseñanza secundaria que se dejan las cejas por el fomento de la lectura, en mi caso fue mi muy admirado profesor de Lengua y Literatura Catalana Llorenç Soldevilla. No quiero decir ni mucho menos que los textos de Joaquim Ruyra sean una lectura especialmente recomendada a los jóvenes, pero tampoco me parece desdeñable esa atribución. Quiero recordar que, en mi caso, la lectura de “Marines i boscatges” me dejó una marca bastante curiosa: aun sin que yo me sintiera muy cómodo en la órbita modernista activada principalmente por Santiago Rusiñol, me atraía y mucho el carácter luminoso, vivificante de una escritura entre arcaica y como recién estrenada. Su delicada veta popular, su exquisita rehabilitación de la tradición lírica de corte tradicional, orientó de modo efusivo un gusto poético general.
Animados por la celebración del centenario de “Marines i boscatges” el Teatre Nacional de Catalunya ha querido contribuir a la fiesta con la puesta en escena de “Un ram de mar” de la mano de Carles Batlle y Pep Paré y una puesta en escena de Paco Azorín excelente, como ya es habitual en este escenógrafo que se está convirtiendo poco a poco en un clásico, pese a su juventud.
Pienso que la llamativa condición oral de esas narraciones las hacía también muy aptas para ser retenidas musicalmente en la memoria. Ya se sabe además que recordar un relato ajeno -incluida su música- equivale a asimilarlo como propio.
Joaquim Ruyra fue un fértil, un habilísimo recreador de formas poéticas clásicas, un creador de lenguaje. No inventó nada, pero buscó como nadie rumbos ya explorados para remozarlos con admirables destreza y sensibilidad.
Los textos de Joaquim Ruyra son, a no dudarlo, un ejemplo de sabiduría expresiva y perseverante dinamismo creador. Su obra responde siempre a una idéntica alianza entre la pasión y el conocimiento; en toda ella comparece el trasunto exultante y fervoroso del espacio marinero y el tiempo de la vida.
El protagonista de “Un ram de mar” es la puesta en escena y la palabra. Una de las labores que se le pueden exigir a un teatro público, pagado por todos los contribuyentes, es que rescate a sus autores clásicos y que los reinterprete, haciendo de su obra un diamante de múltiples caras. No sé si la versión teatral de varios fragmentos dispersos de Joaquim Ruyra atraerá nuevos lectores a su obra, pero de lo que estamos seguros es que autores como Salvador Espriu bebieron de sus fuentes y supieron reinterpretar a un maestro. Nosotros queremos sumarnos a la fiesta del centenario con este artículo sobre un autor de prosa de joyería. Precisamente por la belleza del lenguaje resulta muy complejo fragmentarlo y presentarlo en escena como una macedonia, porque las narraciones de Joaquim Ruyra apelan a las emociones, a la inteligencia, a la imaginación y su elegancia es tan duradera como el arte griego.
J. A. Aguado