Alfredo Sanzol

 

De la dictadura a la democracia

 

Una serie de escenas del pasado reciente se nos presentan estos días en el Teatre Lliure del barrio barcelonés de Gracia, con el barniz del pasado, para pasar cuentas sin irá, pero sí con mucho humor, humor negro, sarcasmo e ironía. Alfredo Sanzol (1972) ha escrito unas pequeñas piezas teatrales con unos diálogos intensos y coherentes desde el punto de vista de la intensidad emocional, dos horas de espectáculo de un hombre que nació cuando murió Franco por lo que su infancia se nutre de los fantasmas de la transición. Estas miniaturas teatrales o micropiezas están escritas con una lengua ligeras y legante, con unos diálogos entre personajes intensos y coherentes desde el punto de vista de la Historia de este país. “En la Luna” con el miedo, la incomunicación, el rencor, el sarcasmo y las ganas de hacer reír.

Si “Días estupendos” nos gustó cuando estuvo en la Villaroel y “Delicades” en el Poliorama eran buenas histoiras “En la luna” es aún mejor. El espectador encontrará humor, ternura, ironía y reflexión sobre la realidad de forma directa porque el dramaturgo como Cervantes tiene oído para el lenguaje de la calle. Sanzol ha realizado varias instantáneas, como películas cortas o relatos breves con la intensidad de una Julio Cortázar, un Truman Capote o un Pere Calders, con sólo unos breves diálogos el espectador entrar de lleno porque lo que ve de alguna manera lo ha vivido o sentido en sus propias carnes.

Raro y gratificante a la vez es ver actores tan versátiles, se lanzan diálogo tras diálogo, historia breve tras historias breve a interpretar a otro personaje a tumba abierta desdoblándose continuamente en mil caras con un objetivo común hacer reír al espectador.

Los actores interpretan a multitud de personajes mezcla intriga, cinismo, sarcasmo, melancolía, tristeza y humor, pero mucho humor, y todo ello desde la emoción, sus nombres son Juan Codina, Palmira Ferrer, Nuria Mencía, Luis Moreno, Jesús Noguero y Lucía Quintana. Hay en este viaje al pasado un deseo de recuperar la memoria histórica, de no olvidar, de pasar cuentas sobre temas que se quieren enterrar en las cunetas de las carreteras.

“En la luna” no muestra un tipo de teatro interior preocupado por el análisis psicológico del individuo, sino que se proyecta hacia la sociedad, aunque a veces en clave poética o metafórica un tanto kafkiana. El espectador sólo debe ir descubriendo historia a historia las pequeñas mentiras con las que vivimos. El resultado de todas estas tramas argumentales, talento interpretativo y trabajo sobre la realidad es una obra con un humor perverso y una fe política tonificante. Ideal para los que no queremos dejar de tener memoria histórica.

J. A. Aguado

 

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