La economía liberal puesta a debate
Esta es una historia tierna y cruel como la vida misma. La experiencia aterradora de un adolescente en periodo de formación que contempla como su padre arrasa una humilde aldea por intereses económicos. La lucha interna entre el amor paterno y la barbarie de las excavadoras que destrozan el cuerpo de un niño resulta ser causante de la aparente locura del protagonista de esta pieza de teatro. “El cas Gaspard Meyer” se representa hasta el 12 de enero en la sala Beckett y nos plantea el tema del capitalismo salvaje.
Opiniones para todos los gustos; algunas para echarse a llorar. Y es que en la ciencia económica se han instalado el caos y la frivolidad. Dispersas por todo el planeta, una serie de multinacionales están dispuestas a todo tipo de comportamientos salvajes con el medio natural, sobre todo en zonas de selva virgen, con el único fin de sacar tajada económica sin tener en cuenta el impacto sobre el medio o las personas que viven en él; sobrados ejemplos tenemos en Brasil, aunque en este caso se centra en una aldea de Madagascar. Uno de los asertos en que suelen coincidir los estudiosos de la economía es que el sistema necesita una renovación. La caída de los regímenes comunistas, lejos de favorecer a la economía liberal ejercida de forma racional, su gran antagonista, la ha expuesto a una realidad deficiente. Lo cierto es que no tenemos que mirar ni en Brasil, ni en Madagascar, basta con mirar las costas gallegas teñidas de negro para comprender la magnitud de la tragedia. Estamos hablando de armadores y traficantes que ponen encima de la mesa el capitalismo salvaje y se olvidan por completo de la ecología. “El cas Gaspard Meyer” es una espléndida metáfora de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Ante los acontecimientos podemos actuar como el protagonista y quedarnos mudos, en un estado catatónico y autista o rebelarnos y hacer alguna cosa.
El sistema capitalista no puede complacerse en el triunfo, sino aplicarse a encontrar las fórmulas que lo adecuen al tiempo presente, que por un lado recuperen su esencia (en los tres principios básicos de la ideología liberal: la legalidad, la libertad y la propiedad) y, por otro lado, lo doten de los recursos precisos para atender a las nuevas necesidades de la civilización.
Gaspard Mayer es la metáfora que el dramaturgo francés Jean-Yves Picq (1947) emplea para mostrar una fábula poética y mágica sobre el mundo material y descarnado de la economía. Fue estrenada en 1994 y ha sido traducida al catalán por el profesor Carles Batlle; la interpretación corre a cargo de Oscar Intente y Andreu Rifé, y la dirección la ha llevado a buen puerto Toni Casares. Se trata de un espectáculo producido por la propia Sala Beckett, a la cual desde aquí reclamamos que siga en esta línea de producir magníficos espectáculos, aunque implicándose un poco más y no apueste por montajes ya vistos en Francia o Alemania, sino que se atreva vía “L´Obrador” a fomentar la producción propia, tan huérfana de padrinos.
Sostenida con un realismo mágico, “El cas Gaspard Meyer” es un magnífico retrato de uno de esos tiburones de la economía que pese a triunfar en su vida profesional fracasa como padre y acaba siendo víctima de su dramática y desolada forma de vida. En definitiva un “tour de force” emocional, salvaje y compulsivo.
J. A. Aguado