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Rima LII

Fotografía de Jnj en Flickr.

Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán, que arrebatáis
de alto bosque las marchitas hojas,
arrastrando en el cielo torbellino,
¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre la niebla obscura,
¡llevadme con vosotras!

Llevadme, por piedad, adonde el vértigo
con la razón me arranque la memoria…
¡Por piedad!… ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!

 G. A. Bécquer, 1868

Rima XXX

Imagen de Pexels en Pixabay

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: «¿Por qué callé aquel día?»
Y ella dirá: «¿Por qué no lloré yo?»

 G. A. Bécquer, 1868

Donde habite el olvido

Imagen de Republica en Pixabay

Donde habite el olvido,
en los vastos jardines sin aurora;
donde yo sólo sea
memoria de una piedra sepultada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
no esconda como acero
en mi pecho su ala,
sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
sometiendo a otra vida su vida,
sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia,
ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
donde habite el olvido.

 Luis Cernuda, 1933

Inflamable selección indomable

No me cojas cariño
que casi no me queda.

♦ ♦ ♦

Nada me hará
lo suficientemente
dulce como para que
me acaben comiendo.

♦ ♦ ♦

Existe un instante, quizá
más definitivo que aquel
que transcurre cuando alguien
escupe en la dignidad de otro.
Es el instante en el que
el escupido se levanta
para demostrar que aún
puede hacer uso de ella.

♦ ♦ ♦

Me dijiste
«Nadie te hará daño».
Por favor,
vuelve a ser alguien.

♦ ♦ ♦

Mi talón de Aquiles
es el momento en el que dejé
de ser el tuyo.

♦ ♦ ♦

Tengo la certeza
de que nos dejaremos
llenos de dudas.

♦ ♦ ♦

Carta breve al amor de mi vida

Querido:

Hoy empiezo una nueva.

 @srtabebi, 2017

Don’t explain (Billie Holliday)

Canción imaginada, tú
sí sabes ocultar las evidencias
del hálito quemado de un suspiro,
el reverbero hiriente de una voz
a solas en el cuarto de un hotel.
Tú callas la certeza innecesaria,
sólo tú arrebatas el rencor,
la vergüenza y el asco de recordar la usura
—esa usura feroz del sentimiento—
ejercida a conciencia ante unos ojos
entrecortadamente incrédulos
y con amor aún.

Sigue sonando,
que dure un poco más mi ensueño,
mientras impartes tu caricia
como brisa de octubre entre las hojas.

. Icono Fco.Díaz de Castro Francisco Díaz de Castro, 1995

Hiberno

Siempre que dormíamos era invierno,                    
     y en el frío me enseñabas a volar                     
y yo te echaba de menos.                    
Entonces despertaba.                    
Y te echaba                    
de menos.                    

La primavera no quiere
que los amores de invierno terminen,

                                  pero el verano ha llegado

                                  y ha arrasado con todo.

Ahora tú solo sabes hablar del sol,
te haces un moño despeinado mientras bostezas,
te pintas las uñas de los pies,
te ríes mucho más que antes,
y, mientras,
me dejas de querer.

Ahora yo me vuelvo a refugiar en los poemas
y escribo sobre febrero,
echo de menos la lluvia
y el sabor de tu jersey,

                                                        y, mientras,

                                   te quiero más que ayer.

 Elvira Sastre, 2014

La pregunta que termina con todo

Me dijiste que debía
olvidar todo lo que me habías hecho
para que esto pudiera funcionar.

Y lo hice, amor, lo hice,
Y olvidé también y sin querer
Tu manera de acariciarme,
Tu facilidad de hacerme reír,
Tu esmero al limpiarme,
El amor al cuidarme,
Y te olvidé a ti entre un daño
Y otro,
Olvidé sin querer.

Esa pregunta que termina
con todo:
¿puedes seguir enamorada de alguien que has dejado de querer?

icono-sastre Elvira Sastre, 2016

Amarrada

No es el frío,
ni la lluvia,
ni el invierno colándose por la ventana,
ni las calles desiertas,
ni el viento barriendo lo que queda de mí
una madrugada cualquiera.

No es esta ciudad descolocada,
ni un grito a destiempo,
no es que la soledad me obligue a extrañarme
y no sepa qué hacer con estas manos vacías,
con esta nube que amenaza mi puerta.

No es que tema estar perdiendo mi horizonte,
reducirme en otro cuerpo
incapaz de ser mi océano,
desconocerte por momentos
y reconocerme en ellos.

Es, simplemente,
el espejo,
el silencio,
la cama vacía.

La
pregunta
que
solo
es
pregunta.

icono-sastre Elvira Sastre, 2016

No te acabes nunca (selec. II)

Fragmento encuadrado de una ilustración de Paula Bonet.

LOS TRES PRIMEROS DÍAS
Te has ido de viaje

Y no se me hace raro
ver tu teléfono, tus gafas,
la ropa y el neceser.

 

LA PASTA DE DIENTES
La pasta de dientes,
el jamón,
la ropa sucia.

El recibo de la luz,
los cereales,
tus cartas,
nuestro champú.

Todo
cuanto dejaste
a medias
se acaba.

Y, como la vida,
que sigue su curso
y nos separa,
yo también
contribuyo
a tu erosión.

Uno o dos jerséis,
un par de zapatos,
gafas de sol,
camisetas,
un reloj.

Cada noche,
con guante blanco,
robo un poco de ti.

Sin dejar
pruebas
evidentes
que permitan
darse cuenta
que cada vez
estás menos aquí.

 María Leach