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Espantapájaros 7

¡Todo era amor… amor! No había nada más que amor. En todas partes se encontraba amor. No se podía hablar más que de amor.

Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos. Amor analizable, analizado. Amor ultramarino. Amor ecuestre.

Amor de cartón piedra, amor con leche… lleno de prevenciones, de preventivos; lleno de cortocircuitos, de cortapisas.

Amor con una gran M, con una M mayúscula, chorreado de merengue, cubierto de flores blancas…

Amor espermatozoico, esperantista. Amor desinfectado, amor untuoso…

Amor con sus accesorios, con sus repuestos; con sus faltas de puntualidad, de ortografía; con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.

Amor que incendia el corazón de los orangutanes, de los bomberos. Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas, que arranca los botones de los botines, que se alimenta de encelo y de ensalada.

Amor impostergable y amor impuesto. Amor, incandescente —y amor incauto.

Amor indeformable. Amor desnudo. Amor—amor que es, simplemente, amor.

Amor y amor… ¡y nada más que amor!

 Oliverio Girondo, 1932

Tu risa

Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me refiero a la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que pronto
está en tu alegría,
la arrepentimiento o la
plata que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos Cansados
A Veces de Haber visto
la Tierra Que No Cambia,
Pero al entrar tu risa
sube al cielo buscandome
y abre Para Mí
Todas Las Puertas de la vida.

Amor mío, en La Hora
Más Oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves Que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
Rie Porque Tu risa
mal Será párr manos
Como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
tu cascada de espuma,
y la primavera, el amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
Ríete de las calles
torcidas de la isla,
Ríete of this torpe
muchacho Que te quiere,
Pero Cuando yo abro
los ojos y los cierro,
mal CUANDO Pasos furgoneta,
CUANDO Vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría. 

  Pablo neruda, 1952

Artritis metafísica

Siempre alguna mujer me llevó de la nariz
(para no hacer mención de otros apéndices)

Anillado
como un mono doméstico,
salté de cama en cama.

¡Cuánta zalema alegre,
qué equilibrios tan altos y difíciles,
qué acrobacias tan ágiles,
qué risa!

Aunque era un espectáculo hilarante,
hubo quien se dolió de mis piruetas,
lo cual no es nada extraño:
en semejante trance
yo mismo
me rompí el alma en más de una ocasión.

Es una pena que esos golpes
que, entregados al júbilo del vuelo,
entonces casi no sentimos,
algunas tardes ahora,
en el otoño,
cuando amenaza lluvia
y viene el frío,
nos vuelvan a doler tanto en el alma;
renovado dolor que no permite
reconciliar el sueño interrumpido.

En esas condiciones no hay alivio posible:
ni el bálsamo falaz de la nostalgia,
ni el más firme consuelo del olvido. 

 Ángel González

Primavera

Soy un no muerto de momento,
un no muerto que aún no se despide
de una caja de música con medias,
de todos los recuerdos que dejaste.
Un no muerto feliz porque hizo suya
la fatiga de carne de tus ojos,
el dulce atormentar de tu rutina,
aquella mancha oscura de tu cuerpo.
Un no muerto que quiere no morir
para seguir echándote de menos.

Francisco Díaz de Castro, 1995