Segundo monólogo de Segismundo

Segismundo encadenado

Julio Núñez interpreta a Segismundo en la versión que TVE emitió en Estudio 1.

Es verdad; pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive sueña
lo que es hasta despertar.

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!);
¡que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!

Sueña el rico en su riqueza
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende;
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

 Calderón de la Barca, 1635

Primer monólogo de Segismundo

Segismundo encadenado

Timaginas Teatro y Angelo Olivier: “La vida es Sueño”, estrenada el 17 de octubre de 2014 en el Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife.

¡Ay, mísero de mí! ¡Y, ay, infelice!

Apurar, cielos, pretendo
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido.
Bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor;
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.

Sólo quisiera saber,
para apurar mis desvelos
(dejando a una parte, cielos,
el delito de nacer),
qué más os pude ofender,
para castigarme más.
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
que yo no gocé jamás?

Nace el ave, y con las galas
que le dan belleza suma,
apenas es flor de pluma,
o ramillete con alas
cuando las etéreas salas
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que deja en calma:
¿y teniendo yo más alma,
tengo menos libertad?

Nace el bruto, y con la piel
que dibujan manchas bellas,
apenas signo es de estrellas,
gracias al docto pincel,
cuando, atrevido y crüel,
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto:
¿y yo con mejor distinto
tengo menos libertad?

Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas bajel de escamas
sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira,
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío:
¿y yo con más albedrío
tengo menos libertad?

Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata,
y apenas, sierpe de plata,
entre las flores se quiebra,
cuando músico celebra
de las flores la piedad
que le dan la majestad,
el campo abierto a su ida:
¿y teniendo yo más vida
tengo menos libertad?

En llegando a esta pasión
un volcán, un Etna hecho,
quisiera sacar del pecho
pedazos del corazón.
¿Qué ley, justicia o razón
negar a los hombres sabe
privilegio tan süave,
excepción tan principal,
que Dios le ha dado a un cristal,
a un pez, a un bruto y a un ave?

 Calderón de la Barca, 1635

Rima LII

Fotografía de Jnj en Flickr.

Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán, que arrebatáis
de alto bosque las marchitas hojas,
arrastrando en el cielo torbellino,
¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre la niebla obscura,
¡llevadme con vosotras!

Llevadme, por piedad, adonde el vértigo
con la razón me arranque la memoria…
¡Por piedad!… ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!

 G. A. Bécquer, 1868

Rima XXX

Imagen de Pexels en Pixabay

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: «¿Por qué callé aquel día?»
Y ella dirá: «¿Por qué no lloré yo?»

 G. A. Bécquer, 1868

Rima LVIII

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquéllas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquéllas que aprendieron nuestros nombres…
ésas… ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…
ésas… ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido… desengáñate,
nadie así te amará.

G. A. Bécquer, 1868

Cuando me vaya

Imagen de Basil Smith en Pixabay

Cuando me vaya…
no quiero ser estatua, ni cuadro, ni vitrina,
sólo si acaso de saco una cortina
que te entorne la luz para que duermas.
Quisiera convertirme en tu linterna
y serte útil cuando no ves claro,
eso y sólo dormirme en tu costado
y amanecer rezando en tu cadera.
Quisiera ser la lluvia en tu pradera
o tú mi lluvia o yo tu mar y tú mi barco
o al revés, jugar,
ser siempre un niño que en el amor me crezco,
quisiera ser,
todo lo que ya soy y aún no merezco.

 Gloria Fuertes, 1980

Mis mejores poemas

Imagen de Monika Robak en Pixabay

Mis mejores poemas,
solo los lee una persona;
son unas cartas tontas
con mucho amor por dentro
faltas de ortografía
y agonía precoz.

Mis mejores poemas
no son tales, son cartas,
que escribo porque eso,
porque no puedo hablar,
porque siempre está lejos…
como todo lo bueno
—que todo lo que vale nunca está—
como Dios
como el mar.
Soy de Castilla y tengo
un cardo por el alma,
pero quiero tener un olivo en lavoz;
soy de Castilla seca,
soy tierra castellana,
pero quiero tener a mi amor en mi amor.
Da risa decir eso, AMOR, a estas horas,
AMOR a estas alturas de inmobiliaria y comité,
pero yo digo AMOR AMOR: sé lo que digo.

—Mis mejores poemas son cartas que lloré—.
Un poema se escribe,
una carta se llora,
una noche se puede parir o desnacer.
Yo parí y he robado
—he hecho de todo un poco—
pero mi mejor verso…
——————————— un Telegrama es.

 Glòria Fuertes, 1969

La visita

Fragmento de una ilustración de la propia poetisa.

Hoy me he hecho una visita
y no he llegado tarde.

Lo primero,
frente a la puerta,
ha sido limpiarme de sangre
los talones
para no ensuciar el suelo
que me acabo de ganar.
y me he recibido bien.

Después,
he dejado mi cruz
de nuevo clavada
donde le corresponde
y he estado un buen tiempo mirándola
para que se haga con la nueva casa.

Las derrotas las he puesto
en hilera y por colores
para que no se mezclen,
que sepan que están ahí
como un trofeo,
que eso es lo que son:
mi mayor éxito.

A los miedos, a esos,
ya les negué el paso
y saben que no pueden entrar
porque no me interesa por ahora
conocer mi futuro.

He decidido que la memoria
se quede en la cocina,
porque siempre tengo ganas
de correr hacia ella;
me gusta mucho cocinar,
no tanto comer;
por eso los recuerdos
están…
ya no me acuerdo.

La verdad es que solo
me sirven en los momentos importantes.

Y el amor
está por todas partes,
enchufado a las paredes
como un ambientador,
así que, si un día eres mi invitado,
vas a salir enamorado como no imaginas.

Lo demás
—los cuadros, el mar, los libros—
ocupa el lugar de siempre,
son parte de mi cielo
y gracias a ellos aún
no sufro de mirada cansada.

¿Seguro del hogar?
No es necesario.
No tengo intención
de detener mis sueños.

Pero la joya de la casa
es el sofá.
Ni demasiado cómodo
ni demasiado solemne;
lo encontré antes,
cuando era otra.
En él me dejo ir
de igual a igual
y le digo:

—Soy invencible, he olvidado.

 Idoia Montero, 2019

No me pidas

Imagen de 024-657-834 en Pixabay

Si pudiera atrapar
nuestro último adiós,
lo metería en una botella
y lo lanzaría al mar
para que se convirtiera
en mariposas con la ilusión de ser gaviotas,
ángeles de los marineros,
vuelo azul de las olas.
Si pudiera
lo haría.
Créeme.

Si supiera escribir nuestro final
para que entendieras
que siempre fuiste el principio,
no mentiría
a pesar de la verdad.
Y lo haría
sin dudar.
Lo haría.

Si quisiera volver a ti,
acunaría nuestra historia
y le concedería una duda
sin márgenes ni puntos aparte.
Le daría a nuestra vergüenza
su sitio
y a nuestro pudor
un largo beso.

Si me dejaras
de nuevo conquistar con la boca
cada parte de ti,
sabiéndola explorada
pero no vencida,
hondearía nuestra victoria
con los dientes
y arañaría todos los sueños
para que volvieran nuevos,
en silencio,
a nuestras sábanas,
con una guirnalda de luces.

Y si nos pidiéramos perdón,
te diría que es lo único
que debimos hacer por los dos.

Pero no puedo ganarle más al tiempo
para perderme a mí
ni quiero
volcar mi beso
y lamer heridas
que no son mías.
Ser una lengua muerta,
sin una queja,
cuando no escuchas.

Y ya no sé traer de vuelta
el polvo,
las grietas,
la piel de gallina,
el precipicio.

Sin embargo,
tendrás un lugar en mis pulmones,
en el hueco que vive justo
entre tu pie izquierdo y mi escalera.

Pero no me pidas
que te quiera como ayer.

No me pidas
ni una sola respuesta,
ni una sola coartada,
que vuelva a ser yo
junto a ti, pero no contigo.

Porque te he tendido
todos los brazos del mundo
y me he quedado sola,
abrazada a la nada,
y cuando creo que me mantengo viva
me sigues doliendo.

Idoia Montero, 2019

Hemos de procurar no mentir

Imagen de David Mark en Pixabay

Hemos de procurar no mentir mucho.
Sé que a veces mentimos para no hacer un muerto,
para no hacer un hijo o evitar una guerra.

De pequeña mentía con mentiras de azúcar,
decía a las amigas: —Tengo cuarto de baño—,
mi casa era pobre, con el retrete fuera.
—Mi padre es ingeniero— y era solo fumista,
¡pero yo le veía ingeniero ingenioso!

Me costó la costumbre de arrancar la mentira,
me tejí un vestido de verdad que me cubre,
a veces voy desnuda.

 Gloria Fuertes, 1962

Desde entonces me quedo sin hablar muchos días.