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Si puedo

Si puedo

cuando acabe de llegar
a mi verso
lo que ya está en él
desde siempre
porque una mañana te vi

si puedo
cuando tú estés aquí escrita
sin ropas desnuda
como en los amaneceres de verano
como en la humedad de mis sueños

si puedo
escribiré el punto final
que es siempre punto y seguido
cuando te pongo en papel
en la línea
y en la entrelínea

cuando sin rímeles
te pinto de mí
en tinta azul
o en carboncillo
o en grafito
o en pensamiento huidizo que
escapa para poder volver

si puedo…

Gonzalo Montesierra, 2008

Y qué más da que no me entiendas

Y qué más da que no me entiendas
lo que yo quiero es decir
no que me digas

que mi voz toque tu oído
roce tu piel
penetre tu pecho selénico
deja en silencio que te diga

hace tiempo que se me acumulan
tequieros en el esófago
caídos de la laringe
y necesito respirar diciéndotelos
mucho más que callándotelos
los entiendas o no.

Gonzalo Montesierra, 2018

El oficio del poeta

Contemplar las palabras
sobre el papel escritas,
medirlas, sopesar
su cuerpo en el conjunto
del poema, y después,
igual que un artesano,
separarse a mirar
cómo la luz emerge
de la sutil textura.

Así es el viejo oficio
del poeta, que comienza
en la idea, en el soplo
sobre el polvo infinito
de la memoria, sobre
la experiencia vivida,
la historia, los deseos,
las pasiones del hombre.

La materia del canto
nos lo ha ofrecido el pueblo
con su voz. Devolvamos
las palabras reunidas
a su auténtico dueño.

 José Agustín Goytisolo

Hagamos un trato

Compañera
usted sabe

que puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo
si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

………………..es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

 Mario Benedetti, 1974

Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios (selecc.)

Si tuviera que quedarme solo con una palabra, me quedaría «contigo». (Carlos Aymí)

Convencidos de que el amor es ciego, pactaron jamás volver a verse. (Lenin Pérez Pérez)

La conoció en un sueño y la perdió en un abrir y cerrar de ojos. (Víctor Pérez)

Si no suena el teléfono, soy yo. (Ana Luelmo)

Él le pidió la prueba de amor. Ella lo dejó libre. (Livia Hernández)

Las Siete y media de “Don Mendo”

Don Mendo

…Y el de Vedia
Dijo: “No os aburriréis;
os propongo, si queréis,
jugar a las siete y media”.

Magdalena

¿Y por qué marcó esa hora
tan rara? Pudo ser luego…

Don Mendo

Es que tu inocencia ignora
que, a más de una hora, señora,
las siete y media es un juego.

Magdalena

¿Un juego?…

Don Mendo

…Y un juego vil
que no hay que jugarlo a ciegas,
pues juegas cien veces, mil,
y de las mil, ves febril
Que o te pasas o no llegas.
Y el no llegar da dolor,
pues indica que mal tasas
y eres del otro deudor.
Mas ¡ay de ti si te pasas!
¡Si te pasas es peor!

Magdalena

¿Y tú…, don Mendo?

Don Mendo

¡Serena
escúchame, Magdalena,
porque no fui yo…no fui!
Fue el maldito Cariñena
que se apoderó de mí.
Entre un vaso y otro vaso
el Barón las cartas dio;
yo vi un cinco y dije “paso”,
el Marqués creyó otro el caso,
pidió carta…y se pasó.
El Barón dijo “plantado”;
el corazón me dio un brinco;
descubrió el naipe tapado,
y era un seis, el mío era un cinco;
el Barón había ganado.

Otra y otra vez jugué,
pero nada conseguí;
quince veces me pasé,
y una vez que me planté,
volví mi naipe…y perdí.
Ya mi peculio en un brete,
al fin me da Vedia un siete;
le pido naipe al de Vedia
y Vedia pone una media
sobre el mugriento tapete.
Mas otro siete él tenía
y también naipe pidió…,
y negra suerte la mía,
que siete y media cantó
y me ganó en la porfía…
Mil dineros se llevó,
“por vida de Satanás!
Y más tarde…¡qué se yo!,
de boquilla se jugó,
y me ganó diez mil más.

 Pedro Muñoz Seca, 1918

Espantapájaros 7

¡Todo era amor… amor! No había nada más que amor. En todas partes se encontraba amor. No se podía hablar más que de amor.

Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos. Amor analizable, analizado. Amor ultramarino. Amor ecuestre.

Amor de cartón piedra, amor con leche… lleno de prevenciones, de preventivos; lleno de cortocircuitos, de cortapisas.

Amor con una gran M, con una M mayúscula, chorreado de merengue, cubierto de flores blancas…

Amor espermatozoico, esperantista. Amor desinfectado, amor untuoso…

Amor con sus accesorios, con sus repuestos; con sus faltas de puntualidad, de ortografía; con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.

Amor que incendia el corazón de los orangutanes, de los bomberos. Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas, que arranca los botones de los botines, que se alimenta de encelo y de ensalada.

Amor impostergable y amor impuesto. Amor, incandescente —y amor incauto.

Amor indeformable. Amor desnudo. Amor—amor que es, simplemente, amor.

Amor y amor… ¡y nada más que amor!

 Oliverio Girondo, 1932

Desmayarse, atreverse, estar furioso

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

 Lope de Vega

Hora punta

Y allí dentro vi miradas de opresión,
miradas de desconcierto,
de desorientación,
miradas serias,
de preocupación.
Vi ojos atentos a la nada,
ansiedad,
parsimonia,
amor,
complicidad entre dos
y entre tres.
Vi ceños fruncidos enmarcando
miradas de confusión,
de molestia,
de impaciencia,
de sueño,
de sueños.
Vislumbré ilusión y simpleza.
Seguridad, temor, compasión.
Éramos muchos en hora punta.

Yo, como es habitual,
expectante en mi asiento de siempre:
al fondo a la izquierda
junto a la ventana;
y restos de soledad en las pestañas,
dueña de una de esas miradas que incomodan.

Esa mañana almacené todas las miradas que,+
un día,
serían para ti.

 Sara Búho, 2016

Podría escribir

Podría escribir sobre las heridas,
el amor a amarte,
de las despedidas,
del sabor de tu corazón en mi boca,
de las faldas al vuelo,
de los tupidos velos,
de lo que se tarda en olvidar
cuando no se quiere olvidar.
Sobre la primavera y su polen,
del invierno y su infiel frío,
del calor y su infiel verano,
de ser estar parecer y resultar no ser,
ni estar,
ni parecer
y resultar no ser,
ni estar,
ni parecer.
Podría escribir sobre mí,
hilar otro poema
donde echarme a dormir
y que veáis qué o con quién sueño,
donde volver a destriparme
y que sepáis lo que fui,
lo que sentí,
donde formule que quitarle las alas a las moscas
es cosa de adultos,
y las mariposas se van por el retrete
cuando tiras de las cadenas.
Podría escribir eso de que la vida no es fácil,
jugar con las palabras,
jugar con el olvido para recordar
cuánto he querido
cuánto habéis querido.
Sobre cuánto me duelo,
sobre piedras del camino,
sobre besarlas,
apilarlas,
tirarlas y esconder la mano
para volver a recogerlas,
besarlas,
besarnos.
Besos.
Puedo escribir sobre besos,
sobre sexo,
sudor,
magia,
hormonas,
sábanas vacías,
lados de la cama,
desayunos fríos,
la vida en el roce,
en las rozaduras de las rodillas,
morder,
acariciar.
Desamor, amor, recuerdos,
más recuerdos,
noches,
más y más recuerdos,
más y más noches;
soñar,
sueños,
pesadillas,
unir palabras porque sí,
porque nos da por ahí.
Te vas,
vuelve,
vete,
fu bonito mientras inspiró,
mientras suspiró,
mientras expiró.

Sobre lo que sabemos del amor
otra vez,
y otra,
poetas, poesía,
paso.

Podría escribir versos manidos esta noche,
me dejé la caja abierta al tiempo.

Y la vida pasa pero…

pero disculpa,
me estás tapando el sol.

 Sara Búho, 2016