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Tu risa

Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me refiero a la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que pronto
está en tu alegría,
la arrepentimiento o la
plata que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos Cansados
A Veces de Haber visto
la Tierra Que No Cambia,
Pero al entrar tu risa
sube al cielo buscandome
y abre Para Mí
Todas Las Puertas de la vida.

Amor mío, en La Hora
Más Oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves Que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
Rie Porque Tu risa
mal Será párr manos
Como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
tu cascada de espuma,
y la primavera, el amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
Ríete de las calles
torcidas de la isla,
Ríete of this torpe
muchacho Que te quiere,
Pero Cuando yo abro
los ojos y los cierro,
mal CUANDO Pasos furgoneta,
CUANDO Vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría. 

  Pablo neruda, 1952

Poema XX

Poema XX 2

Puedo escribir los versos más tristes está noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y estos sean los últimos versos que yo le escribo.

  Pablo Neruda, 1924