La niña fea

niña feaLa niña tenía la cara oscura y los ojos como endrinas. La niña llevaba el cabello partido en dos mechones, trenzados a cada lado de la cara. Todos los días iba a la escuela, con su cuaderno lleno de letras y la manzana brillante de la merienda. Pero las niñas de la escuela le decían: “Niña fea”; y no le daban la mano, ni se querían poner a su lado, ni en la rueda ni en la comba: “Tú vete, niña fea”. La niña fea se comía la manzana, mirándolas desde lejos, desde las acacias, junto a los rosales silvestres, las abejas de oro, las hormigas malignas y la tierra caliente de sol. Allí nadie le decía: “Vete”. Un día, la tierra le dijo: “Tú tienes mi color”. A la niña le pusieron flores de espino en la cabeza, flores de trapo y de papel rizado en la boca, cintas azules y moradas en las muñecas. Era muy tarde, y todos dijeron: “Qué bonita es”. Pero ella se fue a su color caliente, al aroma escondido, al dulce escondite donde se juega con las sombras alargadas de los árboles, flores no nacidas y semillas de girasol.

 ana-marc3ada-matute Ana María Matute, 1956

One thought on “La niña fea

  1. Jnj Post author

    Este breve y hermoso cuento, auténtico poema en prosa, nos hace testigos, sin embargo, de una realidad fea de la que todos nosotros, miembros de la comunidad educativa, hemos oído hablar en más de una ocasión: el acoso escolar, es decir, eso que modernamente hemos dado en llamar mediante un xenismo: “bullying”. En el cuento esta fea realidad, sirve de contraste a la belleza de la muerte. Como en la mayoría de los cuentos recogidos en el volumen Los niños tontos, de Ana M.ª Matute, la muerte prematura, decididamente temprana, y silenciosa (nunca se la nombra) llega sin dolor, casi como un juego, para conceder a la niña sus más puros anhelos: ya no será la niña fea (“Qué bonita es”) ni aburrida (“Se fue […] al dulce escondite donde se juega”).

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