La octava

La octava

Ahora que es el fin
y ya todos las vieron
de perfil y de frente
in pectore y al dorso
en tules y de largo
no pueden caber dudas
la reina es la más linda

ah sí / pero la octava
la octava de la izquierda
tampoco caben dudas
ésa es la cautivante
sus dos centímetros de menos
sus seis centímetros de más
como decía el viejo nietzsche
la hacen humana
demasiado humana

la reina es la más linda
pero la octava de la izquierda
es la más seductora
quién podrá resistirse
a sus labios en pena
a sus ojos de vencida
su tristeza en bikini.

Icono Mario Benedetti Mario Benedetti, 1995

2 thoughts on “La octava

  1. jnj Post author

    Pepelu me ha recomendado la lectura del Herido diario de Rayden. He estado curioseando por los rincones de versos perdidos de Google y he encontrado algunos. Aquí traigo, ad hoc diría yo, este que inicia cierto poema y, acaso, lo intitula: “No te quiero perfecta”.

  2. Jnj Post author

    Hace un tiempo, durante la lectura de El temor de un hombre sabio, la segunda entrega de la aún inconclusa trilogía escrita por Patrick Rothfuss, asistí a la descripción amorosa que el protagonista de la novela realizaba de su instrumento musical. Y, al llegar a cierto fragmento, recordé al pronto a la “octava” mujer de este poema de Benedetti, tan imperfecta, tan perfecta. El fragmento en cuestión rezaba así:
    «Sí, mi laúd tenía defectos, pero ¿qué importa eso cuando se trata de asuntos del corazón? Amamos lo que amamos. La razón no entra en juego […] Cualquiera puede amar algo por algún motivo. […] Pero amar algo a pesar de algo es otra cosa. Conocer los defectos y amarlos también. Eso es inusual, puro y perfecto».
    Efectivamente, la belleza perfecta es ideal, esto es, se aleja de la realidad para convertirse en idea. La imperfección evita ese vuelo y favorece que la belleza sea terrenal, sensual, es decir, que atrape los sentidos. Y es que, acaso, tanto en la belleza como en todo lo demás, la perfección deba de ser a lo que tendamos; no lo que alcancemos. Al ser del cual nos enamoramos, lo consideramos, necesariamente, hermoso; aunque los demás puedan no estar de acuerdo con tal valoración. El enamorado, atraído sensualmente, tiende a borrar las imperfecciones del ser amado, es decir, tiende a idealizarlo; no así los demás.

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