Todos los monos del mundo [Roger Wolfe]

Uno de los sofismas más extendidos entre las legiones de capullos televisivos que últimamente nos asedian, y que se afanan por ocultar su mediocridad bajo el denominador común del «comportamiento democrático», es aquello de que «Mi libertad termina donde comienza la libertad de los demás». Los cojones, va a terminar. Lo que no termina nunca es la gilipollez de la gente, que suele ser geométricamente proporcional a su celebridad. ¿Cómo que mi libertad termina donde empieza la de los demás? ¿Y cuando la mía termina a dos palmos de mis narices y la del otro a dos kilómetros de la valla electrificada de la última mansión de lujo que se acaba de construir? ¿Entonces qué pasa? ¿Que yo me callo y habla él? [..]