Carmencita

CarmencitaCarmencita olía a canela cuando yo ni siquiera sabía aún qué era la canela. Carmencita fue la primera emoción de mi vida; me fascinaba sin saber bien por qué. Carmencita es también el primer recuerdo de que soy capaz. Teníamos tan solo tres o cuatro años y nos colábamos uno en el piso contiguo del otro cada vez que nuestras respectivas madres coincidían puerta con puerta. Corríamos pasillo adentro y nos escondíamos bajo cualquier cama para no ser vistos y, sobre todo, para no ser separados. Nos mirábamos a oscuras y lográbamos vernos como hay que verse, con el corazón de los principitos. Yo enseguida empezaba a toser. Cuando uno se esconde bajo las camas, la alergia severa al polvo juega malas pasadas.

En más de una ocasión, estuve a punto de morir de amor por Carmencita.

perfil poemas  Jnj, 2015

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