Category Archives: Poesía

No me pidas

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Si pudiera atrapar
nuestro último adiós,
lo metería en una botella
y lo lanzaría al mar
para que se convirtiera
en mariposas con la ilusión de ser gaviotas,
ángeles de los marineros,
vuelo azul de las olas.
Si pudiera
lo haría.
Créeme.

Si supiera escribir nuestro final
para que entendieras
que siempre fuiste el principio,
no mentiría
a pesar de la verdad.
Y lo haría
sin dudar.
Lo haría.

Si quisiera volver a ti,
acunaría nuestra historia
y le concedería una duda
sin márgenes ni puntos aparte.
Le daría a nuestra vergüenza
su sitio
y a nuestro pudor
un largo beso.

Si me dejaras
de nuevo conquistar con la boca
cada parte de ti,
sabiéndola explorada
pero no vencida,
hondearía nuestra victoria
con los dientes
y arañaría todos los sueños
para que volvieran nuevos,
en silencio,
a nuestras sábanas,
con una guirnalda de luces.

Y si nos pidiéramos perdón,
te diría que es lo único
que debimos hacer por los dos.

Pero no puedo ganarle más al tiempo
para perderme a mí
ni quiero
volcar mi beso
y lamer heridas
que no son mías.
Ser una lengua muerta,
sin una queja,
cuando no escuchas.

Y ya no sé traer de vuelta
el polvo,
las grietas,
la piel de gallina,
el precipicio.

Sin embargo,
tendrás un lugar en mis pulmones,
en el hueco que vive justo
entre tu pie izquierdo y mi escalera.

Pero no me pidas
que te quiera como ayer.

No me pidas
ni una sola respuesta,
ni una sola coartada,
que vuelva a ser yo
junto a ti, pero no contigo.

Porque te he tendido
todos los brazos del mundo
y me he quedado sola,
abrazada a la nada,
y cuando creo que me mantengo viva
me sigues doliendo.

Idoia Montero, 2019

Hemos de procurar no mentir

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Hemos de procurar no mentir mucho.
Sé que a veces mentimos para no hacer un muerto,
para no hacer un hijo o evitar una guerra.

De pequeña mentía con mentiras de azúcar,
decía a las amigas: —Tengo cuarto de baño—,
mi casa era pobre, con el retrete fuera.
—Mi padre es ingeniero— y era solo fumista,
¡pero yo le veía ingeniero ingenioso!

Me costó la costumbre de arrancar la mentira,
me tejí un vestido de verdad que me cubre,
a veces voy desnuda.

 Gloria Fuertes, 1962

Desde entonces me quedo sin hablar muchos días.

Poema V

Imagen de StockSnap en Pixabay

Para que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.

Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.

Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.

Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.

Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.

Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.

El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.

Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.

Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.

Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.

  Pablo Neruda, 1924

Te quiero

Imagen de Jnj (colec. personal)

Te quiero.

Te lo he dicho con el viento
jugueteando tal un animalillo en la arena
o iracundo como órgano tempestuoso;

te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

te lo he dicho con las plantas,
leves caricias transparentes
que se cubren de rubor repentino;

te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,

te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta;
más allá de la vida
quiero decírtelo con la muerte,
más allá del amor
quiero decírtelo con el olvido.

 Luis Cernuda, 1933

Como siempre quise odiarte

Imagen de Rudy and Peter Skitterians en Pixabay con corazón inserto de ElisaRiva en Pixabay

Te odio de una forma un poco extraña,
con ganas de besarte aunque me muera,
te encanta ser mi muerte sin guadaña,
y yo tan masoquista a mi manera.

Quererte es decorar una montaña,
dejarte alguna estrella en la nevera,
rozar la luna usando una pestaña,
lanzar el corazón en la bolera.

Tu nombre es un cañón que nunca falla,
decirlo siete veces me hace amarte
—si cuentas ocho llega la metralla—.

Si tú me olvidas juro no olvidarte.
Recuerda que esta frase es mi muralla:
Te quiero como siempre quise odiarte.

 Luis Ramiro, 2019

Para vivir no quiero

Imagen original de Jnj en Flickr

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».

 Pedro Salinas, 1933