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Mensaje en una botella (sin eses)

Querido océano:

La verdad, no tengo mucho que contar. En un trozo de tierra rodeado de mar, no puedo divertirme. Me encantaría averiguar quién leerá la carta por primera vez. A mi alrededor puedo ver comida (ya caducada), un botiquín que llevaba encima para curar alguna herida, un marco en el que todavía puedo apreciar la cara de mi hija y mi mujer y una barca totalmente dañada, que trato de arreglar para poder abandonar el lugar donde me encuentro. El objetivo del viaje era llegar a California para ver a mi familia, ya que hace un año que no la veo. Pero al parecer nada ha ocurrido como había planeado. Ahora me doy cuenta y extraño la felicidad del momento en el que hubiera entrado por la puerta y me hubiera encontrado aquello que yo realmente me llevaría a cualquier parte del mundo, mi familia.


Sandra Rojas Bricio, 4t B


Seis historias a “cuatro manos”

1.

Era una mañana soleada, y nada más abrir los ojos decidí salir a la calle. Inesperadamente me choqué con la ambulancia que venía a buscar a la niña pequeña del ático. Aquella preciosa niña graciosa y cariñosa que sufría leucemia. El choque me provocó un dolor agudo en la pierna izquierda, pero en mi cabeza sólo se reflejaba el rostro pálido de la niña mientras la subían a la ambulancia. Aquella niña no se merecía padecer una enfermedad tan grave, era demasiado joven para abandonar el mundo o para mal vivir en él rodeada constantemente de tratamientos y hombres con bata blanca.

A veces pienso que la vida es como un soplo de aire, se puede esfumar en un simple suspiro; da igual la edad que tengas o los momentos que hayas vivido, el final siempre es el mismo: el vacío.

Empezada y terminada por Carla Torner, 4t C

2.

Un pequeño de talle puede llegar a estropear los grandes momentos. Una simple palabra fuera de contexto o algo tan perfecto como una sonrisa cuando no conviene puede hacer que el corazón te dé un vuelco. Sí, aquella respuesta que me dio cabizbajo y con un hilo de voz me hizo comprender que durante todo aquel tiempo me había mentido y yo, como una ingenua, había creído todos sus engaños. Algunas personas me lo habían dicho, que él no era nada sincero, que a la mínima me aprovechaba y me usaba a su favor. Pero nunca me importaron las palabras de la gente, era algo que sólo nos incumbía a nosotros dos y cuando me miraba con esos ojos… No podía ni imaginar que me estuviera utilizando. Tendría que haber hecho caso a la gente y no me hubiera sentido tan estúpida. Pero ahora ya es tarde para arrepentirme, lo mejor será quitarse las lágrimas del rostro y sonreír de nuevo.

Empezada y terminada por Mireia Merideño, 4t C

3.

Sentada en la arena observaba el ir y venir de las olas, el sol brillando en el horizonte y los niños jugando con la pelota. Sabía que se acercaba el final de este maravilloso verano, y tendría que volver a la rutina de siempre, a esa horrible rutina que absorbía mi tiempo por completo y me privaba de vida social fuera del trabajo. Así es la vida… unos minutos en aquella playa y sólo quedaron en el recuerdo junto a muchos más momentos como éste. Recuerdos de un verano que para muchos caería en el olvido pero no para mí.

Empezada y terminada por Júlia Rivas, 4t C

4.

Estaba tumbada en la cama, pensando en aquella llamada que había terminado hace 10 minutos. Pensando en su voz al otro lado del teléfono, mientras la mía se quebraba y me impedía decirle aquellas palabras que había ensayado durante meses. Esta ocasión puede que no se me vuelva a presentar, pero aún así no me rendiré. Estaba deseando gritarle que le quiero desde el mismo día en el que le conocí, y que aunque siempre hayamos sido amigos siento que algo dentro de mí ha cambiado. Pero ya llegaba el momento adecuado. Ese momento en el que su boca se acerque a la mía y nos podamos besar intensamente. No sé si él siente lo mismo que yo, pero lo que sí sé es lo que de verdad yo siento.

Empezada y terminada por Carla López, 4t C

5.

Me encontraba encerrada en una habitación apacible, rodeada de oscuridad, pero no era capaz de conciliar el sueño. Entonces me puse a pensar sobre lo que haría mañana, en que tal vez lo que me había quitado el sueño no merecía la pena. Cada vez que intentaba dormir y cerraba los ojos, me venía a la mente aquella imagen. La imagen de él y ella, traicionándome, dejando de lado mis sentimientos. Abandonándome a mi suerte sin ningún recurso para salir de aquel sufrimiento. Al fin y al cabo, aunque fuera la persona a la que más he querido en este mundo, era un chico más. Pero ella… sangre de mi sangre, mi propia hermana! No sé si algún día lo superaré, mientras tanto me adaptaré a lo de siempre.

Me levanté con paso tambaleante, agarré el frasco de pastillas del cajón de la cómoda y otra noche más concilié el sueño a base de tranquilizantes.

Empezada y terminada por Maria Llauradó, 4t C

6.

Últimamente sueño cosas extrañas, no sé si todo esto será realidad o no. Creo que es culpa del estrés al que estoy sometida estos días. Tanto trabajo no puede ser, tanto agobio no puede ser… Así no se puede vivir, esto no es sano. Tendré que pensar en hacer un cambio de vida. Quizás un piso nuevo, en un país nuevo, tal vez Grecia o Turquía; un lugar con aires diferentes a los de aquí. Con costumbres diferentes y gente nueva a la que conocer, y así poder olvidar todo lo que tuve que pasar.

Empezada y terminada por Andrea López, 4t C

Parecía un día más

Por aquel entonces, yo trabajaba en una pequeña sucursal financiera de un barrio céntrico de Barcelona. Una tarde, mientras me encontraba encerrada entre las cuatro paredes de mi despacho con el papeleo rutinario, alcé la vista por encima de mis anteojos y pude ver entrar a un hombre alto, apuesto y bien vestido. Tenía un cierto aire hostil y parecía estar buscando a alguien con la mirada así que decidida me levanté de mi silla y me acerqué a él con mirada severa, contoneándome cual pantera sigilosa, para poder verle de cerca. Parecía que aquel desconocido surgido de la nada tenía clase y llevaba a las vecinas locas, las pude escuchar cuchicheando a cerca de él mientras yo seguía avanzando con paso firme.

En cuato me vio aparecer se puso bastante nervioso y cuando le pregunté qué es lo que deseaba sacó un pañuelo del bolsillo para secarse las gotas de sudor que corrían libremente por su frente desde hacía ya un buen rato. No me supo responder con claridad, se le mezclaban las ideas en los labios y no pudo salir de su enjambre de explicaciones, así que le pedí de buenas maneras que, por favor, fuese tan amable de abandonar la sucursal si no deseaba ninguna ayuda ni información que le pudiéramos ofrecer ahí. No me daba buena espina.

El director del banco se acercó a mí nada más traspasar la puerta de salida aquel misterioso hombre. Nos había estado observando durante toda la conversación. Me invitó a pasar a su despacho y una vez allí me explicó que aquel hombre de buen ver era uno de los tantos nuevos trabajadores de la competencia y que sólo había venido hasta nuestra sucursal para tratar de atrapar clientes. Me felicitó por mi trabajo y mi rápida capacidad de reacción ante la presencia de aquel chico. Me dedicó una sonrisa.

La visita inesperada de la competencia a nuestra humilde sucursal había traído resultados formidables.

Maria Llauradó, 4t C

En comisaría

(Completar el diálogo. En el texto original Tiempo de silencio, de L. Martín Santos sólo aparecen las intervenciones del policía en negrita.)

—¡Buenos días!

¿Por quién pregunta?

—Por Antonio, mi Toño. Yo soy Sole, su novia. ¡Ay, Dios mío, la de veces que le habré dicho que no robe! ¿Me dejaría usted pasar un momentito?

No. No se puede.

—Sería solo un minuto.

¿Usted qué es de él?

—Se lo acabo decir señor…, me llamo Soledad Jiménez. Soy su pareja. Mire, usted déjeme pasar un momentito de nada, yo entro, le dejo este bocadillo de jamón, el paquete tabaco y me voy por donde he venido. Seguro que ahí dentro no dan ni las migas de pan, ¿sabría usted qué ha comido hoy mi Toño?

No. No puedo decirla nada.

—Pero regístreme, si ya ve usted, que solo llevo e tupper y unos ahorrillos.

¿Usted qué es de él?

—¿Pero usted no me escucha o qué? ¡Soy Solé! ¡La novia! ¿Cuánto tiempo va a estar ahí metido? ¿Lo van a sacar ya? ¡Dígame algo ya, por favor!

No se apure señorita. Todo acaba siempre arreglándose… Se lo digo yo que las he visto de todos los colores.

—Pues mira, ya esta, solucionado. Le dejo a usted, que es un buen hombre, el bocata, el tabaco y ya se lo dará usted a él ahora. Ah y otra cosa, dígale si puede, que a su madre le ha ido muy bien la operación de varices, que ya está en casa y que la mujer no da para más disgustos.

No puedo pasarle ningún recado.

—Vale, pues nada hombre. Pero dígame, ¿qué van hacer con él? No se lo llevaran a Alcalá Meco, que tal y como están las cosas…

No, no es grave.

—¿Cuándo saldrá?

Todos están incomunicados las setenta y dos horas.

—¿¿¿¡¡¡Tantas, 72???!!!

Sí, setenta y dos horas.

—¡Pobrecito mío, llevará todo el día sin comer, me lo vais a devolver en los huesos! Vaya noche más mala habrá pasado ahí dentro.

Lleva sólo tres horas.

—Mentira, lleva desde las 11 de la noche pasada.

¿Quién se lo ha dicho?

—Pues… una señora del barrio, que lo vio todo anoche. Bien lo sabe usted.

No, yo no lo puedo saber.

—Señor… —Sole mira la placa—, señor Fernández, no se imagina cómo lo estoy pasando.

Ya le he dicho que no puedo ayudarle. Lo siento.

—¡Ay Dios mío! Me va a dar algo.

Usted no se preocupe.

—¿Cómo que no me preocupe? ¡Claro, como no le pasa a usted!

Usted váyase tranquila y a dormir.

—¿Y qué haré esta noche yo sin él? ¡A saber si ahí dentro le van a torturar o algo!

Usted no debe llorar con esos ojos.

—¿Y si le enganchan otra vez a la droga? Que ya tuvimos muchos problemas, y ahí dentro hay de lo malo!

No se lo tome tan a pecho.

—Seguro que le pegan, como tiene esa cara de angelico.

Ya le digo yo que es imposible. Si no fuera imposible…

—Mire, yo… esto que quede entre nosotros. Le invito aquí, al bar de mi cuñao y luego usted le pasa el tupper a mi Toño.

¡No faltaba más!

—Pero ¿por qué no? Si será un momento, el bar está en esta esquina.

Absolutamente imposible.

—Bueno, pues nada, muchas gracias por toooda su ayuda…Ya volveré mañana.

Claro que sí. Puede usted volver mañana.

—Pues nada, ya volveré. ¡Acuérdese de mí! Que no me gustaría tener que explicarle todo esto a otro guardia.

¿Cómo dijo que se llamaba usted?

—¡Sole, señor, Soledad Jiménez!

Cristina Leiva, 3r C


Notas, apuntes… (de registre formal a col·loquial)

La verdad es que estos apuntes míos están re­sultando demasiado desordenados, y hasta se me ocurre que caóticos, tal vez a causa del desarreglo general en que todo se encuentra hoy, del ner­viosismo que padecemos y de la incertidumbre con que se trabaja. Cuando, con más sosiego y en condiciones más normales, pueda yo redactar el texto definitivo de mi libro, habré de vigilarme y tener mucho cuidado de presentar los aconte­cimientos, no revueltos, como ahora, sino en su debido orden cronológico, de modo que aparez­can bien inteligibles y ostenten el decoro formal exigido en un relato histórico. Después de todo, no importa: estos papeles no son sino un ejer­cicio, como el de los músicos cuando templan su instrumento, o a lo sumo recolección de materia­les, borrador y anotación de detalles para no olvidarme luego de lo que se me ocurre y debo retener. Por lo demás, solo yo tengo que manejarlos.

Francisco Ayala, Muertes de perro

Sinceramente estos apuntes son un desastre, hasta caóticos. Tal vez sea porque el mundo en el que vivimos está hecho una mierda por la inseguridad con la que trabajamos. Cuando tenga tiempo y esté más tranquilo, escribiré mi libro, tendré que vigilar cómo lo presento, ordenado, para que la historia de lo que pasa tenga sentido. Pero bueno, ¿qué más da? Son sólo apuntes para mí, para tener más recursos cuando no tenga ninguna inspiración.

Adrià Pérez, 4t C

Desnudar tu alma

calennou

Escribir es un arte por el cual te puedes desahogar, es una manera de expresar tus sentimientos cuando no puedes, cuando no tienes el valor para decir lo que sientes. En un diario se escriben las vivencias personales del día a día, todo lo que te preocupa o las pocas cosas que te hacen feliz.

Escribir es la manera de desnudar tu alma, de abrir las puertas de tu mente para ti u otras personas.

Adrià Pérez, 4t C

La ciudad

Brillan las cosas, en los días oscuros

como las velas iluminan

los caminos sombríos a los que

la vida nos conduce. No existe guía.

Allí estás tú: debajo de ese puente,

repleta de júbilo y alegría,

un sol resplandeciente que desprende

cantidades inmensas de energía.

Y de pronto no estás, y todo oscurece

como si se hubiese apagado el día.

Nada queda de ti. La ciudad gira:

Gira y gira hasta volver a encenderse de ira

y desconsuelo porque te has ido,

sin tan siquiera una despedida.

Saúl González, 3r B

Rubia (invertir el texto original)

Te­nía el pelo rubio y largo sujeto en un moño sobre la nuca. Sus brazos desnudos eran pálidos. Los gestos con que co­gía la plancha, la guiaba y la volvía a dejar, y luego dobla­ba y apartaba las prendas, eran lentos y concentrados, y se movía, se encorvaba y se incorporaba con la misma lentitud y concentración. Sobre su rostro de entonces se han ido depositando en mi imaginación sus rostros ulte­riores. Cuando la evoco tal como era entonces, la veo sin rostro. Tengo que reconstruírselo. Frente alta, pómulos altos, ojos azul pálido, labios gruesos y de contorno sua­ve, sin arco en el labio superior, mentón enérgico. Un rostro ancho, áspero, de mujer adulta. Sé que me pareció hermosa. Pero no consigo evocar su hermosura.

Bernhard Schlink, El lector

Un rostro ancho, áspero, de mujer adulta. Frente alta, pómulos altos, ojos azul pálido, labios gruesos y de contorno suave, sin arco en el labio superior, mentón enérgico. Tengo que reconstruirle el rostro que no veo cuando la evoco tal y como era entonces. En mi imaginación sus rostros ulteriores se han ido depositando sobre su rostro de entonces. Se incorporaba con la misma lentitud y concentración con la que se encorvaba, se movía, apartaba las prendas, las doblaba y con que cogía la plancha, la guiaba y la volvía a dejar. Pálidos eran sus brazos desnudos. En un moño sobre la nuca tenía sujeto el pelo rubio y largo.

Carla Bertomeu, 3r C

Un simple sábado…

Pensaba en que este sábado tenía que ir al concierto del Canto del Loco. Pero supongo que el hecho por el que evitaba pensar en ello es que sabía que no podría ir por culpa de mi hermano. El simple hecho de no poder ir me agobiaba, pensar que podría estar pasándolo en grande y saber que no podría ir.
¡Ese imbécil siempre me tiene que fastidiar los planes! ¿Por qué no se callará? ¿Acaso yo le cuento a mamá sus secretos nocturnos? Es injusto. ¿Por qué le enseñó a mi madre el chivato de marihuana? ¿Acaso no fumamos los dos juntos?
Mamá pensó que sólo era mío, pero en verdad es de él. Y por eso no podré ir al concierto, y estaré un mes sin salir, y encima tendré que revender la entrada.

Iniciado y revisado por Carla Torner, 4tC

La importancia de la comprensión

pissarraEl profesor de matemática avanzada, José, pidió a uno de los alumnos, Iván, que saliese a la pizarra a realizar un ejercicio, porque no paraba de molestar; éste dijo que no sabía como resolverlo, así que el profesor le hizo quedarse después de clase.

Al acabar la hora, Iván le preguntó al profesor por qué le hacia quedar y éste respondió que intentaría hacer todos los ejercicios que sus compañeros habían realizado durante la clase, que los haría en la pizarra hasta que consiguiese realizarlos correctamente y que el próximo día se los entregaría en un folio con una explicación de cómo se hacen y por qué se hacen así al lado de cada uno.

Lo que José intentaba enseñarle era la importancia de anotar las cosas y estar atento en clase, para así poderlas comprender mejor y poder estudiar y aprender más fácilmente.

Samara Masero, 4t B