Category Archives: a quatre mans (o més)

Seis historias a “cuatro manos”

1.

Era una mañana soleada, y nada más abrir los ojos decidí salir a la calle. Inesperadamente me choqué con la ambulancia que venía a buscar a la niña pequeña del ático. Aquella preciosa niña graciosa y cariñosa que sufría leucemia. El choque me provocó un dolor agudo en la pierna izquierda, pero en mi cabeza sólo se reflejaba el rostro pálido de la niña mientras la subían a la ambulancia. Aquella niña no se merecía padecer una enfermedad tan grave, era demasiado joven para abandonar el mundo o para mal vivir en él rodeada constantemente de tratamientos y hombres con bata blanca.

A veces pienso que la vida es como un soplo de aire, se puede esfumar en un simple suspiro; da igual la edad que tengas o los momentos que hayas vivido, el final siempre es el mismo: el vacío.

Empezada y terminada por Carla Torner, 4t C

2.

Un pequeño de talle puede llegar a estropear los grandes momentos. Una simple palabra fuera de contexto o algo tan perfecto como una sonrisa cuando no conviene puede hacer que el corazón te dé un vuelco. Sí, aquella respuesta que me dio cabizbajo y con un hilo de voz me hizo comprender que durante todo aquel tiempo me había mentido y yo, como una ingenua, había creído todos sus engaños. Algunas personas me lo habían dicho, que él no era nada sincero, que a la mínima me aprovechaba y me usaba a su favor. Pero nunca me importaron las palabras de la gente, era algo que sólo nos incumbía a nosotros dos y cuando me miraba con esos ojos… No podía ni imaginar que me estuviera utilizando. Tendría que haber hecho caso a la gente y no me hubiera sentido tan estúpida. Pero ahora ya es tarde para arrepentirme, lo mejor será quitarse las lágrimas del rostro y sonreír de nuevo.

Empezada y terminada por Mireia Merideño, 4t C

3.

Sentada en la arena observaba el ir y venir de las olas, el sol brillando en el horizonte y los niños jugando con la pelota. Sabía que se acercaba el final de este maravilloso verano, y tendría que volver a la rutina de siempre, a esa horrible rutina que absorbía mi tiempo por completo y me privaba de vida social fuera del trabajo. Así es la vida… unos minutos en aquella playa y sólo quedaron en el recuerdo junto a muchos más momentos como éste. Recuerdos de un verano que para muchos caería en el olvido pero no para mí.

Empezada y terminada por Júlia Rivas, 4t C

4.

Estaba tumbada en la cama, pensando en aquella llamada que había terminado hace 10 minutos. Pensando en su voz al otro lado del teléfono, mientras la mía se quebraba y me impedía decirle aquellas palabras que había ensayado durante meses. Esta ocasión puede que no se me vuelva a presentar, pero aún así no me rendiré. Estaba deseando gritarle que le quiero desde el mismo día en el que le conocí, y que aunque siempre hayamos sido amigos siento que algo dentro de mí ha cambiado. Pero ya llegaba el momento adecuado. Ese momento en el que su boca se acerque a la mía y nos podamos besar intensamente. No sé si él siente lo mismo que yo, pero lo que sí sé es lo que de verdad yo siento.

Empezada y terminada por Carla López, 4t C

5.

Me encontraba encerrada en una habitación apacible, rodeada de oscuridad, pero no era capaz de conciliar el sueño. Entonces me puse a pensar sobre lo que haría mañana, en que tal vez lo que me había quitado el sueño no merecía la pena. Cada vez que intentaba dormir y cerraba los ojos, me venía a la mente aquella imagen. La imagen de él y ella, traicionándome, dejando de lado mis sentimientos. Abandonándome a mi suerte sin ningún recurso para salir de aquel sufrimiento. Al fin y al cabo, aunque fuera la persona a la que más he querido en este mundo, era un chico más. Pero ella… sangre de mi sangre, mi propia hermana! No sé si algún día lo superaré, mientras tanto me adaptaré a lo de siempre.

Me levanté con paso tambaleante, agarré el frasco de pastillas del cajón de la cómoda y otra noche más concilié el sueño a base de tranquilizantes.

Empezada y terminada por Maria Llauradó, 4t C

6.

Últimamente sueño cosas extrañas, no sé si todo esto será realidad o no. Creo que es culpa del estrés al que estoy sometida estos días. Tanto trabajo no puede ser, tanto agobio no puede ser… Así no se puede vivir, esto no es sano. Tendré que pensar en hacer un cambio de vida. Quizás un piso nuevo, en un país nuevo, tal vez Grecia o Turquía; un lugar con aires diferentes a los de aquí. Con costumbres diferentes y gente nueva a la que conocer, y así poder olvidar todo lo que tuve que pasar.

Empezada y terminada por Andrea López, 4t C

Un simple sábado…

Pensaba en que este sábado tenía que ir al concierto del Canto del Loco. Pero supongo que el hecho por el que evitaba pensar en ello es que sabía que no podría ir por culpa de mi hermano. El simple hecho de no poder ir me agobiaba, pensar que podría estar pasándolo en grande y saber que no podría ir.
¡Ese imbécil siempre me tiene que fastidiar los planes! ¿Por qué no se callará? ¿Acaso yo le cuento a mamá sus secretos nocturnos? Es injusto. ¿Por qué le enseñó a mi madre el chivato de marihuana? ¿Acaso no fumamos los dos juntos?
Mamá pensó que sólo era mío, pero en verdad es de él. Y por eso no podré ir al concierto, y estaré un mes sin salir, y encima tendré que revender la entrada.

Iniciado y revisado por Carla Torner, 4tC

Sin rumbo

Me di cuenta de que ya no era la misma niña que años atrás. Ya no sonreía de la misma manera, a causa de los problemas personales. No voy a negar que me duele recordar todo aquello, sin embargo hay cosas que es mejor no olvidar para poder aprender de ellas. Me habían hecho mucho daño, un golpe tras otro, una lágrima tras otra. Debía pasar página. A partir de entonces, la gente que me quería me dejó de apoyar; necesitaba a alguien, aunque fuera sólo una persona, pero quería dejar aquel dolor.
Pensé en llamar a una vieja amiga para retomar nuestra amistad, pero ella tan sólo me lanzaba largas; su vida y ella habían cambiado de tal manera que ya no quería saber nada de mí. Pasaron unos meses y encontré apoyo en un muchacho que conocí por casualidad, cuando estaba paseando sin rumbo. Choqué con él y en aquel preciso momento noté que lo había encontrado, después de tantos años de soledad, lo había encontrado. Hoy me encuentro a su lado, mirando el pasado con orgullo al saber que pude salir de ese pozo negro, y luchando por el presente .

Iniciado y revisado por Mireia Merideño, 4t C

UN DÍA EN EL SALÓN DEL MANGA

Hace dos semanas fui al Salón del Manga con dos amigas. Estuvimos toda la mañana comprando y por la tarde fuimos a hacer una gimcana. Me gustó mucho, ya que los cómics y el manga son dos cosas que me encantan.

Más tarde, cuando salimos de allí, pensamos en ir a cenar fuera todas juntas. Durante la cena estuvimos hablando de lo que nos había gustado más a cada una. A las doce y media nos fuimos todas a mi casa. Al llegar, lo primero que hicimos fue encender el ordenador para poder pasar las fotos y reírnos un rato.

Las fotos estaban muy bien. Había mucha variedad de personajes como: Ichigo de Bleach, Keroro, Allen Walker, Inuyasha, Naruto… y una que nos gustó muchísimo era una en la que salíamos todas con un japonés que había por allí. Cómo nos reímos.

Pero cuando íbamos a apagar el ordenador vimos de refilón una foto, a la que le clicamos con el ratón encima inmediatamente. ¿Podría ser que alguien disfrazado de sailor moon se colara en la foto? Efectivamente, y encima descubrimos que era alguien de nuestro instituto. Cuando nos comenzamos a fijar mejor en la foto en que vimos a sailor moon, a parte de ver que iba a nuestro instituto, vimos que era un chico; ¡estaba transvestido!

Después de reírnos un buen rato, cada una de mis amigas se fueron a su casa a dormir. Una vez en la cama, me puse a reflexionar en todo lo que había hecho, y si podría convencer a mi abuelo para que me volviera a llevar el domingo, que era el último día.  Pero ya sabía que eso era imposible.

4t B, empezado y revisado por Marta Insa

PASEANDO POR LA PLAYA

Era medianoche, no podía dormir. No podía parar de pensar en lo que me había pasado y en cómo lo afrontaría al día siguiente. Estaba tan preocupada por lo que le diría a mi abuela que no sé ni cómo no me había explotado la cabeza en aquel momento.

Al día siguiente al fin logré decirle aquello que deseaba, pero no se lo tomó muy bien, y aquello me afectó bastante, así que decidí salir e ir a dar un paseo por la playa para desconectar un poco de todo. Entonces lo vi. Era un chico rubio, con unos ojos azules que era como mirar un océano, nunca antes lo había visto por allí. Como estaba un poco enfadada no le dije nada, aunque tampoco hizo falta, ya que fue él quien me habló. Le dije que qué hacía hablándome si no lo conocía de nada, pero bueno, me caía bien. Luego empecé a pensar que era un poco pesado y plasta. Aunque era guapo, era más tonto que las piedras, el pobre.

Al final pensé que podía ser retrasado. Le ignoré y me fui. Me llamó y yo salí corriendo, al cabo de unos minutos vi un morenazo, vaya morenazo…

Era tan guapo que me quedé embobada mirándolo mientras corría, no prestaba atención al camino y tropecé con una caracola de mar. Caí y me llené de arena. Él vino corriendo para ver si me había hecho daño.

Y ésta es la historia de cómo conocí a Ángel y por qué tengo una caracola de mar en mi mesita de noche.

Iniciado y terminado por Esther Q. Vallès, 4t B

Otra historia entre seis

Cuando llegué a casa me desaté los cordones de mis nuevos zapatos, me senté en el sofá y, aburrida como siempre, me puse a mirar la fotografía de la mesita de noche. Era Eduardo, mi ex marido, ahora hacía más o menos cuatro años que había muerto, pero yo aún le quería como el primer día.

La vida sin él era demasiado difícil. Estos años estaban siendo los peores de toda mi existencia. Ojala siguiera aquí conmigo, como antes. Conocerle había sido un milagro, perderle una desgracia. Seguía pensando en los momentos a su lado, fueron los momentos más bonitos de mi vida pero tenía que volver vivir de nuevo y dejar mi vida pasada atrás.

Pero un día pensé que mi vida tenía que continuar y así decidí salir a buscar algún entretenimiento. Retomé la relación con unas viejas amigas de la universidad, con las que perdí el contacto al casarme con Eduardo. Ellas me intentaban ayudar, pero la verdad, es que de poco me servían sus consejos. Además, cada una me decía una cosa diferente, con lo que conseguían liarme aún más. Cada día estaba más desesperada. No sabía qué hacer, estaba ya cansada de salir con mis amigas, pero tampoco quería quedarme en casa sin hacer nada. Un día, llegó al trabajo uno nuevo en una oficina al lado de mi despacho. Era alto y apuesto, de mi edad más o menos. Mientras pasaba el tiempo, nos fuimos conociendo cada vez más. Quedábamos para tomar un café y hablar de negocios, o bien para acabar alguna noticia que nos había quedado a medias… Poco a poco descubrí que con él me lo pasaba bien, y que había conseguido no darle tantas vueltas con el tema de Eduardo, por lo que me sentía mejor que antes al no estar llorando casi cada noche. Ahora con el nuevo, Carlos, me sentía llena. Descubrí de nuevo el sonreír, que hacía ya tiempo que lo había perdido. Era como mi salvador. Pero por supuesto, nunca igualará el lugar y la imborrable marca que Eduardo ha dejado en mi corazón.

3r B, iniciada y terminada por Patricia Ortín

Crucero con sorpresa (entre 8)

Érase una vez un crucero que zarpó del puerto de Barcelona cargado de gente.
Tenía como destino Haití, cruzando así todo el Atlántico, hasta llegar a sus bellas playas.
Yo subí a aquel impresionante barco y me quedé fascinada de todo lo que ese barco podía albergar en el interior.
Observé como la gente embarcaba con una gran sonrisa y los niños corrían arriba y abajo alegremente.
Me acerqué al borde del barco, apoyándome en la barandilla, y entonces lo vi. Sus ojos azules y su dorado pelo brillaban más de lo habitual en una persona. Dediqué todo el día en seguirle. Al caer la noche ya sabía muchas cosas sobre un hombre al que no había dirigido palabra. Lo que más me interesaba es que estaba soltero. Se alojaba en el camarote 23C junto a su hermano.
A la hora de la cena, en el restaurante Italiano de aquel inmenso crucero, lo vi y me puse a su lado. Yo di el primer paso, hablamos y nos caímos muy bien. Me ofreció quedarme a dormir en su camarote pero no acepté su invitación, no quería quedar como una chica fácil. Quedamos para desayunar a la mañana siguiente. Era perfecto y ¡se llamaba Marco!
Iba a Haití para hacer un reportaje fotográfico.
Y surgió el amor de una manera inesperada y preciosa.
—Así que ya sabéis cómo conocí a vuestro padre.
—¡Qué bonito, mamá!

3r C, empezado y revisado por Laura Gómez

HISTORIA ENTRE OCHO (2)

Corrió asustada. Huía de algo que aún no sabía bien qué era. Temor a lo desconocido. No podía parar de correr y de llorar. Oía gritos detrás de ella y pasos que avanzaban rápidamente. En su interior una voz le obligaba a parar, sabía que no aguantaría mucho más. Pero de repente tuvo una idea: giraría por la siguiente calle. En ese tramo las calles estaban desordenadas y se cruzaban entre ellas. Pero no hubo manera, seguía oyendo aquellos pasos que tanto le incomodaban. Tenía la sensación de estar en medio del rodaje de una película de terror, esas que tanto le gustaban y se habían vuelto en una pesadilla para ella. Siguió corriendo, hasta que se vio encerrada en un callejón sin salida, no tenía más remedio que enfrentarse a su desconocido perseguidor.

Se decidió a volverse y entonces, con lágrimas en los ojos, gotas de sudor por la frente y manos bien apretadas por la inseguridad, descubrió que le seguía un hombre trajeado, que quería devolverle el bolso que se había dejado en la silla del restaurante donde había comido. Después de todo, pudo respirar hondo, darle las gracias a aquel amable señor y volver a casa aliviada.

3r C, empezada por Cristina Márquez

Historia entre seis

Dos científicos del MIT llevaban mucho tiempo desarrollando un invento. Cuando ya estaban a punto de terminarlo surgió un problema. No se lo esperaban. Estaban decepcionados. ¿Tendrían que volver a empezarlo? Tanto tiempo trabajando en ese experimento para que luego el novato perdiera los tubos de ensayo después de cuatro años de esfuerzo. Pero la esperanza es lo último que se pierde y siguieron trabajando. Era duro, por supuesto, pero era su trabajo e iban a seguir adelante. Esta vez era un poco más fácil, porque tenían experiencia. Pero aún así, les costó conseguir lo que ellos querían: desarrollar un nuevo champú para hacer crecer el pelo. Pero un día encendieron el televisor y vieron que la compañía enemiga lo estaba anunciando en primicia; estaban decepcionados, pues no creían que el novato trabajara para otra compañía y los tubos hubieran sido robados. Entonces decidieron denunciar al novato y a la compañía, y después de un largo proceso en los tribunales, pudieron demostrar que el invento era suyo.

3r B, empezada y revisada por Saúl González

Historia entre ocho (1)

Había una señora, con su perro, paseando tranquilamente por la ciudad. Vestía de forma muy arreglada y caminaba rapidamente, llevando al animal a rastras. En cuanto vio el escaparate de una tienda, se paró, mientras su perro luchó por seguir paseando. No se podía resistir, había salido a la venta la nueva temporada de Madame Lu y etntró en la tienda dejando a su perro en la entrada. El perro consiguió desprenderse de la correa. Y siguió con su paseo por la ciudad a su ritmo. De repente se cruzó con mama gata y sus pequeños desprotegidos. La gata se puso rabiosa cuando vio aquel “chucho” acercarse a sus pequeños indefensos. El perro solo quería jugar, pero hoy no era el día. La madre se puso a la defensiva y cuando vio que el perro se acercaba más lo atacó. La dueña, vio a su perro herido, y corrió a buscarlo. El perr ya estaba en sus últimas pero aun así le prometió a la dueña que nunca más se escaparía de esa forma, si con suerte conseguía salir de esa. Un repentino canvio le hizo canviar de estado. Algo le salvó. Su dueña, al verlo de ese modo, fue corriendo a espantar a la gata, pero ella no sabía que hacer. Finalmente se le ocurrió tirar una de las prendas de ropa que había comprado en Madame Lu, contra la gata. Que esta se marchó, después de esa reacción. La ropa, tras aquél incidente quedó estripada totalmente. El perro, desgriaciadamente murió a causa del impacto en ver a su dueña tirar algo tan importante para ella, como esa prenda para salvarle.Así que la dueña se quedó sin ropa y sin perro.

3r C, Club d’escriptura