Monthly Archives: maig 2010

Mensaje en una botella (sin eses)

Querido océano:

La verdad, no tengo mucho que contar. En un trozo de tierra rodeado de mar, no puedo divertirme. Me encantaría averiguar quién leerá la carta por primera vez. A mi alrededor puedo ver comida (ya caducada), un botiquín que llevaba encima para curar alguna herida, un marco en el que todavía puedo apreciar la cara de mi hija y mi mujer y una barca totalmente dañada, que trato de arreglar para poder abandonar el lugar donde me encuentro. El objetivo del viaje era llegar a California para ver a mi familia, ya que hace un año que no la veo. Pero al parecer nada ha ocurrido como había planeado. Ahora me doy cuenta y extraño la felicidad del momento en el que hubiera entrado por la puerta y me hubiera encontrado aquello que yo realmente me llevaría a cualquier parte del mundo, mi familia.


Sandra Rojas Bricio, 4t B


Seis historias a “cuatro manos”

1.

Era una mañana soleada, y nada más abrir los ojos decidí salir a la calle. Inesperadamente me choqué con la ambulancia que venía a buscar a la niña pequeña del ático. Aquella preciosa niña graciosa y cariñosa que sufría leucemia. El choque me provocó un dolor agudo en la pierna izquierda, pero en mi cabeza sólo se reflejaba el rostro pálido de la niña mientras la subían a la ambulancia. Aquella niña no se merecía padecer una enfermedad tan grave, era demasiado joven para abandonar el mundo o para mal vivir en él rodeada constantemente de tratamientos y hombres con bata blanca.

A veces pienso que la vida es como un soplo de aire, se puede esfumar en un simple suspiro; da igual la edad que tengas o los momentos que hayas vivido, el final siempre es el mismo: el vacío.

Empezada y terminada por Carla Torner, 4t C

2.

Un pequeño de talle puede llegar a estropear los grandes momentos. Una simple palabra fuera de contexto o algo tan perfecto como una sonrisa cuando no conviene puede hacer que el corazón te dé un vuelco. Sí, aquella respuesta que me dio cabizbajo y con un hilo de voz me hizo comprender que durante todo aquel tiempo me había mentido y yo, como una ingenua, había creído todos sus engaños. Algunas personas me lo habían dicho, que él no era nada sincero, que a la mínima me aprovechaba y me usaba a su favor. Pero nunca me importaron las palabras de la gente, era algo que sólo nos incumbía a nosotros dos y cuando me miraba con esos ojos… No podía ni imaginar que me estuviera utilizando. Tendría que haber hecho caso a la gente y no me hubiera sentido tan estúpida. Pero ahora ya es tarde para arrepentirme, lo mejor será quitarse las lágrimas del rostro y sonreír de nuevo.

Empezada y terminada por Mireia Merideño, 4t C

3.

Sentada en la arena observaba el ir y venir de las olas, el sol brillando en el horizonte y los niños jugando con la pelota. Sabía que se acercaba el final de este maravilloso verano, y tendría que volver a la rutina de siempre, a esa horrible rutina que absorbía mi tiempo por completo y me privaba de vida social fuera del trabajo. Así es la vida… unos minutos en aquella playa y sólo quedaron en el recuerdo junto a muchos más momentos como éste. Recuerdos de un verano que para muchos caería en el olvido pero no para mí.

Empezada y terminada por Júlia Rivas, 4t C

4.

Estaba tumbada en la cama, pensando en aquella llamada que había terminado hace 10 minutos. Pensando en su voz al otro lado del teléfono, mientras la mía se quebraba y me impedía decirle aquellas palabras que había ensayado durante meses. Esta ocasión puede que no se me vuelva a presentar, pero aún así no me rendiré. Estaba deseando gritarle que le quiero desde el mismo día en el que le conocí, y que aunque siempre hayamos sido amigos siento que algo dentro de mí ha cambiado. Pero ya llegaba el momento adecuado. Ese momento en el que su boca se acerque a la mía y nos podamos besar intensamente. No sé si él siente lo mismo que yo, pero lo que sí sé es lo que de verdad yo siento.

Empezada y terminada por Carla López, 4t C

5.

Me encontraba encerrada en una habitación apacible, rodeada de oscuridad, pero no era capaz de conciliar el sueño. Entonces me puse a pensar sobre lo que haría mañana, en que tal vez lo que me había quitado el sueño no merecía la pena. Cada vez que intentaba dormir y cerraba los ojos, me venía a la mente aquella imagen. La imagen de él y ella, traicionándome, dejando de lado mis sentimientos. Abandonándome a mi suerte sin ningún recurso para salir de aquel sufrimiento. Al fin y al cabo, aunque fuera la persona a la que más he querido en este mundo, era un chico más. Pero ella… sangre de mi sangre, mi propia hermana! No sé si algún día lo superaré, mientras tanto me adaptaré a lo de siempre.

Me levanté con paso tambaleante, agarré el frasco de pastillas del cajón de la cómoda y otra noche más concilié el sueño a base de tranquilizantes.

Empezada y terminada por Maria Llauradó, 4t C

6.

Últimamente sueño cosas extrañas, no sé si todo esto será realidad o no. Creo que es culpa del estrés al que estoy sometida estos días. Tanto trabajo no puede ser, tanto agobio no puede ser… Así no se puede vivir, esto no es sano. Tendré que pensar en hacer un cambio de vida. Quizás un piso nuevo, en un país nuevo, tal vez Grecia o Turquía; un lugar con aires diferentes a los de aquí. Con costumbres diferentes y gente nueva a la que conocer, y así poder olvidar todo lo que tuve que pasar.

Empezada y terminada por Andrea López, 4t C

Parecía un día más

Por aquel entonces, yo trabajaba en una pequeña sucursal financiera de un barrio céntrico de Barcelona. Una tarde, mientras me encontraba encerrada entre las cuatro paredes de mi despacho con el papeleo rutinario, alcé la vista por encima de mis anteojos y pude ver entrar a un hombre alto, apuesto y bien vestido. Tenía un cierto aire hostil y parecía estar buscando a alguien con la mirada así que decidida me levanté de mi silla y me acerqué a él con mirada severa, contoneándome cual pantera sigilosa, para poder verle de cerca. Parecía que aquel desconocido surgido de la nada tenía clase y llevaba a las vecinas locas, las pude escuchar cuchicheando a cerca de él mientras yo seguía avanzando con paso firme.

En cuato me vio aparecer se puso bastante nervioso y cuando le pregunté qué es lo que deseaba sacó un pañuelo del bolsillo para secarse las gotas de sudor que corrían libremente por su frente desde hacía ya un buen rato. No me supo responder con claridad, se le mezclaban las ideas en los labios y no pudo salir de su enjambre de explicaciones, así que le pedí de buenas maneras que, por favor, fuese tan amable de abandonar la sucursal si no deseaba ninguna ayuda ni información que le pudiéramos ofrecer ahí. No me daba buena espina.

El director del banco se acercó a mí nada más traspasar la puerta de salida aquel misterioso hombre. Nos había estado observando durante toda la conversación. Me invitó a pasar a su despacho y una vez allí me explicó que aquel hombre de buen ver era uno de los tantos nuevos trabajadores de la competencia y que sólo había venido hasta nuestra sucursal para tratar de atrapar clientes. Me felicitó por mi trabajo y mi rápida capacidad de reacción ante la presencia de aquel chico. Me dedicó una sonrisa.

La visita inesperada de la competencia a nuestra humilde sucursal había traído resultados formidables.

Maria Llauradó, 4t C