Monthly Archives: març 2010

En comisaría

(Completar el diálogo. En el texto original Tiempo de silencio, de L. Martín Santos sólo aparecen las intervenciones del policía en negrita.)

—¡Buenos días!

¿Por quién pregunta?

—Por Antonio, mi Toño. Yo soy Sole, su novia. ¡Ay, Dios mío, la de veces que le habré dicho que no robe! ¿Me dejaría usted pasar un momentito?

No. No se puede.

—Sería solo un minuto.

¿Usted qué es de él?

—Se lo acabo decir señor…, me llamo Soledad Jiménez. Soy su pareja. Mire, usted déjeme pasar un momentito de nada, yo entro, le dejo este bocadillo de jamón, el paquete tabaco y me voy por donde he venido. Seguro que ahí dentro no dan ni las migas de pan, ¿sabría usted qué ha comido hoy mi Toño?

No. No puedo decirla nada.

—Pero regístreme, si ya ve usted, que solo llevo e tupper y unos ahorrillos.

¿Usted qué es de él?

—¿Pero usted no me escucha o qué? ¡Soy Solé! ¡La novia! ¿Cuánto tiempo va a estar ahí metido? ¿Lo van a sacar ya? ¡Dígame algo ya, por favor!

No se apure señorita. Todo acaba siempre arreglándose… Se lo digo yo que las he visto de todos los colores.

—Pues mira, ya esta, solucionado. Le dejo a usted, que es un buen hombre, el bocata, el tabaco y ya se lo dará usted a él ahora. Ah y otra cosa, dígale si puede, que a su madre le ha ido muy bien la operación de varices, que ya está en casa y que la mujer no da para más disgustos.

No puedo pasarle ningún recado.

—Vale, pues nada hombre. Pero dígame, ¿qué van hacer con él? No se lo llevaran a Alcalá Meco, que tal y como están las cosas…

No, no es grave.

—¿Cuándo saldrá?

Todos están incomunicados las setenta y dos horas.

—¿¿¿¡¡¡Tantas, 72???!!!

Sí, setenta y dos horas.

—¡Pobrecito mío, llevará todo el día sin comer, me lo vais a devolver en los huesos! Vaya noche más mala habrá pasado ahí dentro.

Lleva sólo tres horas.

—Mentira, lleva desde las 11 de la noche pasada.

¿Quién se lo ha dicho?

—Pues… una señora del barrio, que lo vio todo anoche. Bien lo sabe usted.

No, yo no lo puedo saber.

—Señor… —Sole mira la placa—, señor Fernández, no se imagina cómo lo estoy pasando.

Ya le he dicho que no puedo ayudarle. Lo siento.

—¡Ay Dios mío! Me va a dar algo.

Usted no se preocupe.

—¿Cómo que no me preocupe? ¡Claro, como no le pasa a usted!

Usted váyase tranquila y a dormir.

—¿Y qué haré esta noche yo sin él? ¡A saber si ahí dentro le van a torturar o algo!

Usted no debe llorar con esos ojos.

—¿Y si le enganchan otra vez a la droga? Que ya tuvimos muchos problemas, y ahí dentro hay de lo malo!

No se lo tome tan a pecho.

—Seguro que le pegan, como tiene esa cara de angelico.

Ya le digo yo que es imposible. Si no fuera imposible…

—Mire, yo… esto que quede entre nosotros. Le invito aquí, al bar de mi cuñao y luego usted le pasa el tupper a mi Toño.

¡No faltaba más!

—Pero ¿por qué no? Si será un momento, el bar está en esta esquina.

Absolutamente imposible.

—Bueno, pues nada, muchas gracias por toooda su ayuda…Ya volveré mañana.

Claro que sí. Puede usted volver mañana.

—Pues nada, ya volveré. ¡Acuérdese de mí! Que no me gustaría tener que explicarle todo esto a otro guardia.

¿Cómo dijo que se llamaba usted?

—¡Sole, señor, Soledad Jiménez!

Cristina Leiva, 3r C


Notas, apuntes… (de registre formal a col·loquial)

La verdad es que estos apuntes míos están re­sultando demasiado desordenados, y hasta se me ocurre que caóticos, tal vez a causa del desarreglo general en que todo se encuentra hoy, del ner­viosismo que padecemos y de la incertidumbre con que se trabaja. Cuando, con más sosiego y en condiciones más normales, pueda yo redactar el texto definitivo de mi libro, habré de vigilarme y tener mucho cuidado de presentar los aconte­cimientos, no revueltos, como ahora, sino en su debido orden cronológico, de modo que aparez­can bien inteligibles y ostenten el decoro formal exigido en un relato histórico. Después de todo, no importa: estos papeles no son sino un ejer­cicio, como el de los músicos cuando templan su instrumento, o a lo sumo recolección de materia­les, borrador y anotación de detalles para no olvidarme luego de lo que se me ocurre y debo retener. Por lo demás, solo yo tengo que manejarlos.

Francisco Ayala, Muertes de perro

Sinceramente estos apuntes son un desastre, hasta caóticos. Tal vez sea porque el mundo en el que vivimos está hecho una mierda por la inseguridad con la que trabajamos. Cuando tenga tiempo y esté más tranquilo, escribiré mi libro, tendré que vigilar cómo lo presento, ordenado, para que la historia de lo que pasa tenga sentido. Pero bueno, ¿qué más da? Son sólo apuntes para mí, para tener más recursos cuando no tenga ninguna inspiración.

Adrià Pérez, 4t C

Desnudar tu alma

calennou

Escribir es un arte por el cual te puedes desahogar, es una manera de expresar tus sentimientos cuando no puedes, cuando no tienes el valor para decir lo que sientes. En un diario se escriben las vivencias personales del día a día, todo lo que te preocupa o las pocas cosas que te hacen feliz.

Escribir es la manera de desnudar tu alma, de abrir las puertas de tu mente para ti u otras personas.

Adrià Pérez, 4t C

La ciudad

Brillan las cosas, en los días oscuros

como las velas iluminan

los caminos sombríos a los que

la vida nos conduce. No existe guía.

Allí estás tú: debajo de ese puente,

repleta de júbilo y alegría,

un sol resplandeciente que desprende

cantidades inmensas de energía.

Y de pronto no estás, y todo oscurece

como si se hubiese apagado el día.

Nada queda de ti. La ciudad gira:

Gira y gira hasta volver a encenderse de ira

y desconsuelo porque te has ido,

sin tan siquiera una despedida.

Saúl González, 3r B

Rubia (invertir el texto original)

Te­nía el pelo rubio y largo sujeto en un moño sobre la nuca. Sus brazos desnudos eran pálidos. Los gestos con que co­gía la plancha, la guiaba y la volvía a dejar, y luego dobla­ba y apartaba las prendas, eran lentos y concentrados, y se movía, se encorvaba y se incorporaba con la misma lentitud y concentración. Sobre su rostro de entonces se han ido depositando en mi imaginación sus rostros ulte­riores. Cuando la evoco tal como era entonces, la veo sin rostro. Tengo que reconstruírselo. Frente alta, pómulos altos, ojos azul pálido, labios gruesos y de contorno sua­ve, sin arco en el labio superior, mentón enérgico. Un rostro ancho, áspero, de mujer adulta. Sé que me pareció hermosa. Pero no consigo evocar su hermosura.

Bernhard Schlink, El lector

Un rostro ancho, áspero, de mujer adulta. Frente alta, pómulos altos, ojos azul pálido, labios gruesos y de contorno suave, sin arco en el labio superior, mentón enérgico. Tengo que reconstruirle el rostro que no veo cuando la evoco tal y como era entonces. En mi imaginación sus rostros ulteriores se han ido depositando sobre su rostro de entonces. Se incorporaba con la misma lentitud y concentración con la que se encorvaba, se movía, apartaba las prendas, las doblaba y con que cogía la plancha, la guiaba y la volvía a dejar. Pálidos eran sus brazos desnudos. En un moño sobre la nuca tenía sujeto el pelo rubio y largo.

Carla Bertomeu, 3r C

Un simple sábado…

Pensaba en que este sábado tenía que ir al concierto del Canto del Loco. Pero supongo que el hecho por el que evitaba pensar en ello es que sabía que no podría ir por culpa de mi hermano. El simple hecho de no poder ir me agobiaba, pensar que podría estar pasándolo en grande y saber que no podría ir.
¡Ese imbécil siempre me tiene que fastidiar los planes! ¿Por qué no se callará? ¿Acaso yo le cuento a mamá sus secretos nocturnos? Es injusto. ¿Por qué le enseñó a mi madre el chivato de marihuana? ¿Acaso no fumamos los dos juntos?
Mamá pensó que sólo era mío, pero en verdad es de él. Y por eso no podré ir al concierto, y estaré un mes sin salir, y encima tendré que revender la entrada.

Iniciado y revisado por Carla Torner, 4tC

La importancia de la comprensión

pissarraEl profesor de matemática avanzada, José, pidió a uno de los alumnos, Iván, que saliese a la pizarra a realizar un ejercicio, porque no paraba de molestar; éste dijo que no sabía como resolverlo, así que el profesor le hizo quedarse después de clase.

Al acabar la hora, Iván le preguntó al profesor por qué le hacia quedar y éste respondió que intentaría hacer todos los ejercicios que sus compañeros habían realizado durante la clase, que los haría en la pizarra hasta que consiguiese realizarlos correctamente y que el próximo día se los entregaría en un folio con una explicación de cómo se hacen y por qué se hacen así al lado de cada uno.

Lo que José intentaba enseñarle era la importancia de anotar las cosas y estar atento en clase, para así poderlas comprender mejor y poder estudiar y aprender más fácilmente.

Samara Masero, 4t B

Ciudad

Brillan las cosas. Y aunque parezca mentira

el cielo retorna, azul chispeante.

Pero no resuelve el enigma

por el que he decidido esperarte.

Ahí estás tú: debajo de negra incertidumbre,

debajo de todas estas nubes,

pensando por qué el río chirría.

Por qué no queda rostro de tu imagen.

Por qué no hay más luz en la oscuridad.

Por qué irrita el sol ardiente

Y de pronto, no estás. Un adiós en tu blanca sonrisa.

En tus ojos se deshace

un mundo de amor negro.

Ya te fuiste, te esfumaste.

Nada queda de ti. La ciudad gira:

son ahora gestos habituales.

Patricia Ortín, 3r B