Otra vez sin curro

A ver… no sabría por dónde empezar, ya que esta historia trata sobre un héroe o algo así. Nuestro héroe es un tanto… tonto, así de claro lo digo, hay cosas que no tienen otro nombre, bueno tal vez, en este caso, ignorante. No sabría decir.

Nuestro héroe o “pringao”, como queráis, es un chaval digamos de unos… no sé, ¿cuántos queréis?, ¿16, 18 ,20? ¿O hacemos una especie de copia a lo Don Quijote de la Mancha? Pongámosle… 42 tacos, ya no es un chaval por eso… pero bueno. Será castaño por decir algo, ojos de color… marrones mismo, y aunque ya tiene sus 42 añazos tiene granos (si a alguien no le gusta, ajo y agua, el escritor soy yo lo pintaré como quiera).

Nuestro héroe es español, y debido a la crisis financiera que esta habiendo en España nuestro “pringao” se ha quedado sin curro, me parece que le enviaré a buscar trabajo a la obra, ¿por qué no?

Me saltare toda la parte de cómo lo consigue… Llevaba ya dos días trabajando cuando salta uno y le dice:
-Oye tú, ya sé que eres nuevo y todo eso… y habrá cosas que no entenderás, pero creo que se puede ser lo suficientemente espabilado como para no ponerse a “mear” en el capazo del cemento.
-Oye man, para empezar me llamo Rodolfo (no sabía cómo llamarle), y sí, estaba meando en el capazo, pero pasa que tenía muchísimas ganas y o era eso o te limpiaba el coche desde aquí. Encima que lo hago por ti, te hago un favor ¡y me vienes quejándote! Tranquilo que te lo limpio.

Y en eso coge y a dos pisos de altura se pone a mear encima del coche.
-Loco!, cerdo!, ¡¿pero qué haces?!
-¿Ya te estás quejando otra vez?, pues ¡vale!, ¡dime qué quieres que haga!
-¡Qué asco madre míaaaaaaaaaaaaaaa!

Y ahí se quedaron, discutiendo durante horas… hasta que se hizo de noche, y:
-¡Desgraciado!, ¡me cago en tus muertos!, ¡me ha saltado toda la pintura del coche!,
¡¡¡¡¡¡¡¡ESTÁS DESPEDIDOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!, ¡ya puedes coger y llevar el coche a que lo pinten!
-¡Ok, ok! pero no te pongas así, mañana ya estará en el taller pintándose, te lo aseguro, y pasado mañana estará como nuevo, ya lo verás.
-¡Pues ya te puedes estar largando!

Esa misma noche nuestro protagonista estuvo pensando… Dijo:
-A ver, yo no tengo ni la pasta ni las ganas de pintárselo, y menos después de cómo me ha tratado, y por suerte tampoco me ha dicho de qué color lo quería, así que…

Y Rodolfo cogió un pote enorme de pintura que tenía en su casa de la última vez que se pintó, de haría ya unos 20 largos años, lleno de moho, de color caca de oca (no me acordaba de cómo se llamaba) y bajó y se lo pintó.

Al día siguiente:
-¡Jefe! Salto uno en la obra, acaba de llegar el memo ese con su coche.
-¿Cómo? ¿ya está aquí, seguro?

De repente se pusieron todos a reír, y el jefe no sabía qué era lo que pasaba.
-¿Qué pasa?
-Asómese usted mismo y lo averiguará.

Y en eso que se asoma, y casi le da algo al ver su coche pintado de ese color, lleno de chorretones de pintura, y medio blanco por algunos sitios.

-¡¿Qué le has hecho a mi coche, desgracia humana?!
-Usted no me dijo ni el color ni el estado de la pintura.
-¡Pero sí que me dijiste en el taller!
-Y en un taller que tenía mi padre cerca de casa lo pinté, no le he engañado, bueno, he hecho lo que usted y yo acordamos, ¿me devuelve el empleo?

No había palabras para describir la cara del jefe… Sólo decir que se lió a darle de puñetazos y golpes y que acabó peor que Don Quijote en una de sus peores aventuras.

-Genial, otra vez sin curro…-expresó nuestro héroe (aunque me parece que de héroe tiene poco…) al despertarse la mañana siguiente en el hospital.

Continuará… (tal vez)

Óscar

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