Oscar

La cabina

¿Cómo es posible? No se abre, ¿se habrá atascado? A ver… (golpe), ¡qué raro…! Una señora, -Disculpe, creo que la puerta se ha atascado, ¿me puede echar una mano, por favor? No me oye… lo mejor será que llame a los bomberos. Ya han pasado dos horas y no aparece nadie… ¿Se lo habrán tomado a broma? No lo sé, pero espero por mi propio bien que no sea así y estén de camino, porque no sé cuanto tiempo podré aguantar aquí dentro, ¡esto es agobiante! Llevo aquí dentro tres horas y no para de venir gente a mirar, me va a dar algo, estoy muy nervioso ya, ¿serán paranoias mías y estará abierto, será un sueño? No creo… esto es excesivamente real y efectivamente la puerta no se abre y cada vez que lo intento me pongo más nervioso y tengo mas miedo. ¡Por fin! Ya están aquí los bomberos. -¡Por favor, sáquenme de aquí! Ya no lo soporto más… ¿Una palanca? la verdad es que no creo que consigan nada… Vale, ya llevo aquí dentro 5 horas y nada, al parecer están viniendo hacia mi unos hombres que tienen pinta de ser de la agencia de cabinas telefónicas. ¡¿Qué es esto?! ¡No la abren!, ¿se me llevan?, ¡¿a dónde?!, ¡va!, ¡necesito que alguien me hable, que me digan algo! Llevo en esta cabina tantas horas que he perdido la cuenta, me llevan en un camión, hacia algún lado, espero que ese lado sea mi salvación, porque estoy empezando a pensar que no voy a salir de aquí… Acabo de entrar en una especie de fábrica y me transportan otra vez hacia algún lugar dentro de ella, me parece que sea quién sea el jefe se me va a reír… aunque espero que por lo menos me indemnicen por haber estado aquí media vida y por el disgusto. Un momento, ¿me sacarán y ya está? No tiene pinta esto de llevar a ninguna oficina… Más cabinas… tiene que ser aquí donde me sacarán, jajaja ¡Por fin! ¡¿Cómo?! ¿Y esta gente? no ,¡no puede ser! 

La patrona

-Cada vez me gustaba menos ese sitio… tanto el mismo lugar como cada vez más la mujer -pensaba.
Siempre hablaba en pasado, pero hablaba en presente a veces… Como cuando dijo que los dos hombres aún seguían viviendo en esa casa, pero también dijo que la tendríamos para nosotros solos…
-¡No, no puede ser! Acabo de recordar el motivo por el que recuerdo a esos hombres, sí que salieron en el periódico, sí, incluso fueron titulares, por no decir que salió incluso por las noticias alguna vez el porqué de la fama que les sobrevino. ¡Habían desaparecido! No lo recordaba porque ya hace tiempo de esto… Pero supongo que cuando se está en peligro el subconsciente se activa, igual que la adrenalina cuando se está en peligro.
-Perdone, ¿qué ingredientes lleva esta infusión?
-Discúlpeme si no se los revelo, es una vieja receta de mi abuela, y en mi familia la tenemos como algo muy valioso que no debemos revelar.
-Ya, ya, entendido, no se preocupe, lo entiendo.
-Empiezo a no encontrarme demasiado bien -pensé-. Me estoy mareando y me encuentro como drogado.
-Si no le importa, me voy a mi habitación, me temo que no me encuentro demasiado bien.
-Tranquilo, buenas noches.
-Buenas noches.
Me fui a mi habitación, cada vez estaba peor, y confiaba en que todas las cosas que había pensado sobre esta señora fuesen falsas, que simplemente estaba un poco loca y ya está. Al día siguiente pude confirmar mis preocupaciones, me había drogado y ya no estaba en mi habitación. Me encontraba en una especie de sótano, oscuro y mugriento. Estuve despierto unos minutos cuando de repente entró esa bruja por la puerta sonriéndome.
-¡¿Qué significa esto, si se puede saber?! -exclamé.
-Ni que no lo supieses…
Tenía razón, pero lo pregunté porque no podía creer lo que me estaba a punto de pasar. Me iba a volver loco, la cabeza me empezaba a dar vueltas, y viendo como se acercaba mi mala suerte por momentos cerré los ojos y me quedé dormido, esperando que de alguna manera mi suerte cambiase.

Llamada a Dulcinea

-Buenas, Dulcinea, soy Sancho, un amigo del Sr. don Quijote de la Mancha. Vengo a hablarle sobre él, me temo que usted no le tiene el aprecio que le tiene él a usted.
-Por supuesto que no, está como una cabra, ¿cómo quiere que me guste?
-Está como una cabra por usted, Dulcinea del Toboso…, está locamente enamorado de vuestra merced.
-Dudo mucho que sea ése el motivo, pero es agradable sentirlo.
-Vale, estamos de acuerdo, está como un cencerro, pero no me negará que está locamente enamorado.
-Eso es cierto, pero es un flacucho, viejo, con dinero, eso sí, y loco.
-Pero es buena persona, y aunque loco, sincero, y tiene dinero y tierras, usted lo ha dicho.
-Sí, pero no es suficiente el dinero.
-Pero seguro que con un poco de astucia con lo loco que está podría sacarle lo que usted quisiera.
-Mmmmmm… entiéndame, es un viejo loco, ¿cómo quiere que me case con él?
-Pues eso, como es cosa suya, yo ahí no me meto.
-Garrulo, ¡era una pregunta retórica!
-Oiga, lo que quiera menos garrulo.
-Bueno, tengo prisa, me lo pensarée, adiós.
-Adiós. 

Otra vez sin curro

A ver… no sabría por dónde empezar, ya que esta historia trata sobre un héroe o algo así. Nuestro héroe es un tanto… tonto, así de claro lo digo, hay cosas que no tienen otro nombre, bueno tal vez, en este caso, ignorante. No sabría decir.

Nuestro héroe o “pringao”, como queráis, es un chaval digamos de unos… no sé, ¿cuántos queréis?, ¿16, 18 ,20? ¿O hacemos una especie de copia a lo Don Quijote de la Mancha? Pongámosle… 42 tacos, ya no es un chaval por eso… pero bueno. Será castaño por decir algo, ojos de color… marrones mismo, y aunque ya tiene sus 42 añazos tiene granos (si a alguien no le gusta, ajo y agua, el escritor soy yo lo pintaré como quiera).

Nuestro héroe es español, y debido a la crisis financiera que esta habiendo en España nuestro “pringao” se ha quedado sin curro, me parece que le enviaré a buscar trabajo a la obra, ¿por qué no?

Me saltare toda la parte de cómo lo consigue… Llevaba ya dos días trabajando cuando salta uno y le dice:
-Oye tú, ya sé que eres nuevo y todo eso… y habrá cosas que no entenderás, pero creo que se puede ser lo suficientemente espabilado como para no ponerse a “mear” en el capazo del cemento.
-Oye man, para empezar me llamo Rodolfo (no sabía cómo llamarle), y sí, estaba meando en el capazo, pero pasa que tenía muchísimas ganas y o era eso o te limpiaba el coche desde aquí. Encima que lo hago por ti, te hago un favor ¡y me vienes quejándote! Tranquilo que te lo limpio.

Y en eso coge y a dos pisos de altura se pone a mear encima del coche.
-Loco!, cerdo!, ¡¿pero qué haces?!
-¿Ya te estás quejando otra vez?, pues ¡vale!, ¡dime qué quieres que haga!
-¡Qué asco madre míaaaaaaaaaaaaaaa!

Y ahí se quedaron, discutiendo durante horas… hasta que se hizo de noche, y:
-¡Desgraciado!, ¡me cago en tus muertos!, ¡me ha saltado toda la pintura del coche!,
¡¡¡¡¡¡¡¡ESTÁS DESPEDIDOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!, ¡ya puedes coger y llevar el coche a que lo pinten!
-¡Ok, ok! pero no te pongas así, mañana ya estará en el taller pintándose, te lo aseguro, y pasado mañana estará como nuevo, ya lo verás.
-¡Pues ya te puedes estar largando!

Esa misma noche nuestro protagonista estuvo pensando… Dijo:
-A ver, yo no tengo ni la pasta ni las ganas de pintárselo, y menos después de cómo me ha tratado, y por suerte tampoco me ha dicho de qué color lo quería, así que…

Y Rodolfo cogió un pote enorme de pintura que tenía en su casa de la última vez que se pintó, de haría ya unos 20 largos años, lleno de moho, de color caca de oca (no me acordaba de cómo se llamaba) y bajó y se lo pintó.

Al día siguiente:
-¡Jefe! Salto uno en la obra, acaba de llegar el memo ese con su coche.
-¿Cómo? ¿ya está aquí, seguro?

De repente se pusieron todos a reír, y el jefe no sabía qué era lo que pasaba.
-¿Qué pasa?
-Asómese usted mismo y lo averiguará.

Y en eso que se asoma, y casi le da algo al ver su coche pintado de ese color, lleno de chorretones de pintura, y medio blanco por algunos sitios.

-¡¿Qué le has hecho a mi coche, desgracia humana?!
-Usted no me dijo ni el color ni el estado de la pintura.
-¡Pero sí que me dijiste en el taller!
-Y en un taller que tenía mi padre cerca de casa lo pinté, no le he engañado, bueno, he hecho lo que usted y yo acordamos, ¿me devuelve el empleo?

No había palabras para describir la cara del jefe… Sólo decir que se lió a darle de puñetazos y golpes y que acabó peor que Don Quijote en una de sus peores aventuras.

-Genial, otra vez sin curro…-expresó nuestro héroe (aunque me parece que de héroe tiene poco…) al despertarse la mañana siguiente en el hospital.

Continuará… (tal vez)

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