La patrona

Hemos leído “La patrona” de Roald Dahl, una de las narraciones que forman parte de Relatos de lo inesperado (1979). El autor deja en suspense el desenlace de la historia y nosotros hemos decidido echarle imaginación e inventar cada uno nuestro propio final.

Billy se aloja en una pensión por la que sólo han pasado dos huéspedes en los últimos tres años, unos tales Mulholland y Temple. Poco a poco va descubriendo inquietantes detalles sobre la propietaria, aficionada a disecar sus mascotas cuando mueren. Consigue recordar que ha leído los nombres de los anteriores huéspedes en los periódicos. Mientras intenta averiguar a qué sabe exactamente el té que le ha servido la propietaria, ésta le explica que Mulholland y Temple siguen aún en la pensión… disecados?

—–GERARD—–

Un rato después de haberme tomado el té me sentí mareado y algo dormido, la vieja insistía en que me fuera a dormir y le hice caso. Una vez en la habitación me empezó a entrar más sueño, me tumbé en la cama y cerré los ojos…Cuando desperté estaba atado de pies y manos, la vieja no estaba en la habitación, sólo veía un plato con herramientas para operar bastante gastados. Un rato después volvió la vieja con grandes cantidades de papel higiénico, a partir de ese momento ya empecé a temerme lo peor. Cogió un bisturí del plato y apuntando a mi barriga empezó a reír. En ese momento sonó el timbre de la puerta. La vieja, algo trastornada, soltó el bisturí descuidadamente en el plato y fue a abrir la puerta. El bisturí estaba al lado de mi mano, lo pude agarrar y cortar la cinta aislante, y esperé a que la vieja psicópata volviera a acabar su ‘’trabajo’’. Yo tenía un jarrón agarrado, cuando abrió la puerta no se había fijado en la litera y al mirar de nuevo hacia arriba dio un grito. Aproveché el momento para tirarle el jarrón a la cabeza, ni me fijé si la había matado, pero supuse que sí, porque muchos trozos del jarrón quedaron clavados en su cabeza. Le cogí la llave del bolsillo y salí de la casa tan rápido como pude.

—–FERRAN—–

Me di cuenta de que el té estaba envenenado porque la patrona me miraba mal. Cuando pude cambié el té por otra bebida que había allí. Ella no se dio cuenta de que me había tomado otra bebida y no el té que ella me había servido. Luego le di a ella el vaso en el que me había puesto el té y se lo tomó pensando que era la bebida que tenía ella. Cuando se lo bebió empezó a gritar y a comportarse de una manera un poco extraña, luego se dio cuenta de que yo había cambiado el té por su bebida y empezó a perseguirme por toda la casa. Yo por fin logré escapar de la casa y ya no me volvió a perseguir nunca más.

—–CRISTIAN—–

La patrona me miraba muy raro mientras me estaba tomando el té. Entonces me acordé de que aquellos tipos que habían visitado la casa eran los que había visto en un diario que estaban desaparecidos. Me di cuenta de que aquel té estaba envenenado y fui al lavabo a provocarme el vómito. Vi que la ventana estaba abierta y me colé por ella. Llamé a un policía, en poco tiempo vino y la metió en la cárcel por los delitos que había cometido.

—–ADRIÀ—–

La patrona me estaba contando una cosa, cuando me di cuenta de que el té estaba envenenado y no me lo tomé porque no quería ser otra de sus víctimas. Entonces lo que hice fue lo siguiente: guardé el té en un recipiente que tenía guardado en el bolso y me lo llevé disimuladamente para que no me viera la patrona. Cuando me fui para casa lo llevé para que le hicieran unas pruebas y encontraron el veneno. Entonces fui a poner una denuncia y metieron a la patrona en la cárcel. Gracias a las pruebas de hice se descubrió la verdadera desaparición de los dos chicos.

—–KAREN—–

La patrona me estaba hablando y me di cuenta de que el té estaba envenenado. Disimuladamente lo intenté tirar pero la patrona me cogía para que no lo soltase. De repente le solté la mano y fui corriendo hasta el lavabo más cercano, pero la patrona me seguía y empecé a correr mucho. Me metí dentro del lavabo y empecé a vomitar. Cuando ya me encontré mejor llamé a la policía y se dieron cuenta de que los cuerpos disecados que había eran de los dos chicos desaparecidos. Metieron a la patrona presa y comunicaron a la familia de los fallecidos que ya habían encontrado los cadáveres de sus hijos.

—–DAVID—–

-Me está entrando sueño, me voy a dormir -dije.-¿Quiere que le acompañe a su habitación? -me preguntó ella.Contesté que no y me fui a dormir… Al cabo de un rato sentí cómo la puerta se abría y en ese preciso instante la vi a ella. Entrava con un sonrisa siniestra, entonces es cuando até cabos. Los dos señores estaban muertos y disecados y ahora me tocaba a mí, era su próxima víctima. Me levanté, ella se abalanzó sobre mí y con un cuchillo que tenía en la mano me apuñaló, pero en un último suspiro de mi vida fui capaz de coger un jarrón y romperlo sobre su cabeza…-¿Dónde estoy? -me pregunté.-Estás en el hospital -me contestó alguien.Me tranquilicé y volví a dormir.

—–PIDE—–

Después de contestarle, me di cuenta de que el té estaba envenenado y se lo tiré encima. Ella gritó y dijo: “¡Te voy a matar!” y yo salí corriendo de la casa. Fui corriendo a la comisaría de la policía y puse una denuncia que decía: “La patrona ha querido envenenarme y tiene a los otros inquilinos de la casa disecados y a su perro y a un loro disecados”. La policía fue a casa de la patrona y descubrió que lo que dije era verdad. A ella la metieron en los calabozos toda su vida y yo me quedé en la casa para toda la vida.

—–RAQUEL—–

Después de tomarme el té, me levanté de la silla para irme a la cama a dormir. Al día siguiente me levanté muy temprano, cogí mis cosas y me fui de aquel sitio tan horrible, pero antes de irme le dejé una nota en la que ponía: “Querida señora, muchas gracias por su hospitalidad, pero tengo que irme. Gracias por el té, que sabía algo raro pero se podía beber”. Después de unas horas me encontré con la señora de cuarenta y cinco años delante mío muy seria. Me cogió el brazo y me empezó a llevar hacia su casa, pero yo me negaba a ir con ella, porque era una psicópata que disecaba todo lo que caía en sus manos. Me puso un pañuelo en la boca para que pareciese que estaba estornudando. Después de unas horas me desperté en una habitación que estaba toda oscura. Por suerte las cuerdas que me ataban estaban sueltas y salí corriendo de allí a buscar a la policía para contarle todo lo que tenía aquella señora en su casa. Cuando pasé por el cuarto de estar vi a los otros dos señores disecados y comprendí las intenciones de la señora mayor. Salí corriendo de allí y me dirigí a la policía. Al cabo de unas horas la policía la detuvo y se la llevó a la cárcel, y a los señores los metieron en ataúdes y los enterraron.

—–JUDIT—–

Luego de tomarme el té me encontraba muy mal y noté que me mareaba. Pienso que la patrona había puesto algo en el té para que me desmayara y aprovechara para robarme el dinero que tenía dentro de la cartera. Cuando me levanté estaba en una habitación tumbado en una cama atado. Empezó a pegarme. ¿Por qué? Pues no lo sé. Según me dijo ella, es porque le robé dinero de la caja fuerte. Luego vino su marido y también empezó a pegarme, porque según él me había acostado con su mujer. Y… bueno, esto es verdad porque yo me había enamorado de la patrona. Seguro que ella se lo había dicho a su marido. Bueno, me desató y lo hablamos los tres. La cosa quedó en que yo ya no iría más a su casa

—–OSCAR—–

-Cada vez me gustaba menos ese sitio… tanto el mismo lugar como cada vez más la mujer -pensaba.
Siempre hablaba en pasado, pero hablaba en presente a veces… Como cuando dijo que los dos hombres aún seguían viviendo en esa casa, pero también dijo que la tendríamos para nosotros solos…
-¡No, no puede ser! Acabo de recordar el motivo por el que recuerdo a esos hombres, sí que salieron en el periódico, sí, incluso fueron titulares, por no decir que salió incluso por las noticias alguna vez el porqué de la fama que les sobrevino. ¡Habían desaparecido! No lo recordaba porque ya hace tiempo de esto… Pero supongo que cuando se está en peligro el subconsciente se activa, igual que la adrenalina cuando se está en peligro.
-Perdone, ¿qué ingredientes lleva esta infusión?
-Discúlpeme si no se los revelo, es una vieja receta de mi abuela, y en mi familia la tenemos como algo muy valioso que no debemos revelar.
-Ya, ya, entendido, no se preocupe, lo entiendo.
-Empiezo a no encontrarme demasiado bien -pensé-. Me estoy mareando y me encuentro como drogado.
-Si no le importa, me voy a mi habitación, me temo que no me encuentro demasiado bien.
-Tranquilo, buenas noches.
-Buenas noches.
Me fui a mi habitación, cada vez estaba peor, y confiaba en que todas las cosas que había pensado sobre esta señora fuesen falsas, que simplemente estaba un poco loca y ya está. Al día siguiente pude confirmar mis preocupaciones, me había drogado y ya no estaba en mi habitación. Me encontraba en una especie de sótano, oscuro y mugriento. Estuve despierto unos minutos cuando de repente entró esa bruja por la puerta sonriéndome.
-¡¿Qué significa esto, si se puede saber?! -exclamé.
-Ni que no lo supieses…
Tenía razón, pero lo pregunté porque no podía creer lo que me estaba a punto de pasar. Me iba a volver loco, la cabeza me empezaba a dar vueltas, y viendo como se acercaba mi mala suerte por momentos cerré los ojos y me quedé dormido, esperando que de alguna manera mi suerte cambiase.

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