Raquel

La patrona

Después de tomarme el té, me levanté de la silla para irme a la cama a dormir. Al día siguiente me levanté muy temprano, cogí mis cosas y me fui de aquel sitio tan horrible, pero antes de irme le dejé una nota en la que ponía: “Querida señora, muchas gracias por su hospitalidad, pero tengo que irme. Gracias por el té, que sabía algo raro pero se podía beber”. Después de unas horas me encontré con la señora de cuarenta y cinco años delante mío muy seria. Me cogió el brazo y me empezó a llevar hacia su casa, pero yo me negaba a ir con ella, porque era una psicópata que disecaba todo lo que caía en sus manos. Me puso un pañuelo en la boca para que pareciese que estaba estornudando. Después de unas horas me desperté en una habitación que estaba toda oscura. Por suerte las cuerdas que me ataban estaban sueltas y salí corriendo de allí a buscar a la policía para contarle todo lo que tenía aquella señora en su casa. Cuando pasé por el cuarto de estar vi a los otros dos señores disecados y comprendí las intenciones de la señora mayor. Salí corriendo de allí y me dirigí a la policía. Al cabo de unas horas la policía la detuvo y se la llevó a la cárcel, y a los señores los metieron en ataúdes y los enterraron. 

Carta a Dulcinea

Hola, Dulcinea. Yo sólo te escribo para decirte todo lo que te quiere don Quijote. Es una buena persona, sólo hace estas cosas porque le gustas y quiere estar contigo. Ayer estuve con él y me dijo como cuarenta veces que te quería mucho y que quería estar contigo. Él lo único que desea es llegar al pueblo y abrazarte y besarte, y estar contigo y que os caséis y tengáis muchos hijos. Yo te he escrito esto para que lo sepas, tú después haces lo que quieras, pero ten en cuenta lo mucho que te quiere, aunque esté un poquito loco y tenga sus alocadas ideas, de que los molinos son gigantes, de muchas cosas. Pero, a pesar de todo, él te quiere mucho.

El niño que leía mucho

Érase una vez un niño que era muy guapo, alto, pelo negro y ojos azules pero tenía un defecto: que siempre se encerraba en su cuarto y nadie sabía lo que hacía. Sus padres estaban cansados de que siempre estuviese en su cuarto y no saliera, hasta que un día se enteraron de que su hija se había vuelto loca de leer tantos cómics de Mortadelo y Filemón.

Al día siguiente les dijo a sus padres que se iba de casa para hacer sus propias aventuras, porque ella pensaba que era Mortadelo, y así lo hizo. Ese mismo día cogió sus cosas y salió por la puerto sin decir adiós.En su camino él pensaba que se iba a encontrar muchas aventuras, pero no fue así, porque durante el primer día no le pasó nada.Al día siguiente cuando se levantó cogió su bicicleta, que era lo único que había cogido de valor para él, emprendió su camino y lo primero que hizo fue meterse con unos campesinos, que comenzaron a reírse de él. Él se pensó que lo estaban llamando y cuando fue para ellos lo apalizaron sin compasión. Entonces se encontró con una bella niña que le ayudó a levantarse y le curó todas sus heridas.

El niño, cuando la vio, se enamoró de ella perdidamente. La niña era baja, fea y coja, pero él la veía muy bella y hermosa, aunque sabía que era un amor imposible de tener. Entonces le dijo que siempre le estaría agradecido por lo que había hecho por él, pero que no podía estar con ella, y cogió su bicicleta y se fue en dirección a su casa.

Por el camino se encontró con unos pescaderos y se acercó a ellos para pedirle un pescado. Pero no se dio cuenta de que el suelo que estaba pisando estaba mojado y en el camino se resbaló y se cayó en un charco de agua. Todos se rieron de él.

El niño siguió adelante su camino y dejó a los pescadores atrás y sin ningún pescado. Cuando se acercaba a su casa se encontró con sus viejos amigos de juego pero no les hizo ni caso y siguió su camino. Cuando llegó a su casa sus padres se emocionaron mucho, porque su hijo había vuelto a casa, pero el niño les dijo que no se quedaría por mucho tiempo y que seguiría sus aventuras cuando leyera unos cuantos libros más de Mortadelo y Filemón. Al día siguiente el niño salió de su casa y se dio cuenta de que todos lo miraban de manera extraña, fueron pasando las semanas y los meses, y un día volvió a coger su bicicleta y unos cuantos bocadillos para su siguiente aventura.

Salió del pueblo y se encontró con un muy buen amigo suyo, al que le preguntó si quería irse con él y seguirle en sus aventuras. El amigo, que se llamaba Pepe, al principio se espantó un poco pero después se emocionó mucho y le dijo que sí. Entonces el niño le dijo que se tendría que cambiar el nombre y ponerse el de Filemón. Entonces los dos chicos cogieron sus bicis y salieron a buscar aventuras por los pueblos del alrededor. Pasaron unos cuantos días y se encontraron con un muchacho al que su padre estaba pegando. Entonces ellos se vieron en la obligación de ayudarle, pero cuando iban para ayudarle se tropezaron con unas piedras y se cayeron de la bici. Un día Pepe le dijo a su amigo que se iba a casa porque sólo tenían desgracias y que extrañaba a sus padres y a sus amigos. Así lo hizo, cogió su bici y se fue camino de su casa. Al cabo de un rato Pepe se encontró con su amigo, que también decía que se iba a casa por lo mismo que él, pero que nunca se olvidaría de las cosas que habían pasado en sus aventuras.

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