Ferran

La cabina

Creo que me quedado encerrado… ¿Cómo es posible?, ¡no se abre! No hay nadie por aquí… sí, parece que por ahí vienen dos personas. ¡Ayudadme! ¡Me he quedado encerrado dentro de la cabina! Parece que no me escuchan… Me estoy desesperando y sólo llevo media hora aquí encerrado. Ojalá venga alguien y pueda salir de aquí de una vez. Parece que viene alguien bastante fuerte, intentaré llamarle para que intente abrirme. ¡Ábremeeeeee, señor! ¡Bien, me ha oído! Parece que no puede abrir… qué fastidio. Creo que moriré aquí dentro, es imposible abrir esta maldita puerta. 

La máquina que enseñaba el futuro

Había una vez un chico que inventó un objeto para poder ver el futuro. Fue un gran invento porque así la gente podía ver todo lo que le pasaría al cabo de un tiempo. Aunque si a ellos no les gustaba su futuro no podrían cambiarlo y siempre sucedería lo que salía en la máquina. La máquina era un objeto bastante grande con una pantalla para poder ver lo que pasaría. Para poder verlo había que poner el nombre y el DNI, y el año, mes, día, hora, minuto que se quería ver. El año tenía que ser en futuro, no se podía ver el pasado. Al principio, cuando aquel chico inventó la máquina, nadie creía que se podría ver el futuro de alguien. Pero alguien lo probó para ver si era cierto que se podía ver el futuro y si el futuro que decía el objeto era cierto. Pasaron dos días y todo el mundo se dio cuenta de que el aparato funcionaba. Todo el mundo se quedó muy sorprendido y desde aquel día el inventor se hizo muy famoso gracias a su nuevo invento.

La patrona

Me di cuenta de que el té estaba envenenado porque la patrona me miraba mal. Cuando pude cambié el té por otra bebida que había allí. Ella no se dio cuenta de que me había tomado otra bebida y no el té que ella me había servido. Luego le di a ella el vaso en el que me había puesto el té y se lo tomó pensando que era la bebida que tenía ella. Cuando se lo bebió empezó a gritar y a comportarse de una manera un poco extraña, luego se dio cuenta de que yo había cambiado el té por su bebida y empezó a perseguirme por toda la casa. Yo por fin logré escapar de la casa y ya no me volvió a perseguir nunca más.

Carta a Dulcinea

Hola Dulcinea, soy un amigo de don Quijote. Sé que no le haces caso y lo está pasando muy mal. Todo lo que está haciendo lo hace porque está enamorado de ti, dale una oportunidad, se lo merece. Don Quijote tiene un corazón muy grande, que no le cabe en el pecho, como amigo suyo me alegraría mucho que le dieras una oportunidad. Aunque no sea un chico muy guapo, aunque sea muy delgado, es una persona muy sincera, amable, fiel, humilde. El físico no importa, importa el interior. Él siempre piensa en ti, siempre que estoy con él me habla de ti, no creo que haya nadie en el mundo que te quiera tanto como don Quijote y que te dé tanto cariño como él. Bueno, eso es todo, espero que le des una oportunidad porque se lo merece. Ha hecho mucho por ti, espero que le des las gracias de alguna forma. Saludos.

El superhéroe

Había una vez un niño que tenía 10 años al que le gustaba mucho leer libros de superhéroes. Siempre le gustaba imitar a los superhéroes, pero la gente se reía de él y se metía con él y siempre terminaba mal. Después de 5 años se dio cuenta de que los superhéroes no existen y que nadie puede tener superpoderes. Desde entonces nadie se rió de él nunca más e hizo muchos amigos.

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