Yo también te quiero…

Yo también te quieroYa que estamos estudiando las variedades geográficas del español, hoy hemos visto un cortometraje mexicano que, además de divertirnos, nos ha puesto en contacto con una de las variedades del español de América. Se titula Yo también te quiero (2004), está dirigido por Jack Zagha Kababie y protagonizado por Miguel Rodarte y Adriana Louvier. El cortometraje nos habla de un tema universal: el amor no correspondido, y lo hace con un tono irónico y desenfadado que nos ha hecho pasar un buen rato y que nos ha servido de inspiración para escribir nuestras propias historias.

 

La carta que primero nos separa y después nos une [Raquel]

Un día entré en la clase y lo vi, estaba sentado en su silla con los libros sobre la mesa y me acerqué allí. Cuando terminó la clase, que nos íbamos al patio, cogí a dos niñas y les di una carta que había hecho para él, les dije que se la dieran pero que no le dijesen que era mía. No quería que se enterase porque sabía que todo el mundo se enteraría y me daba mucha vergüenza. Vi como se la daban y al cabo de un rato me vinieron dos niños con la carta que yo escribí y me dijeron que se la habían encontrado en el suelo, la cogí y la rompí en unos cuantos trozos para que nadie la leyera y la tiré a la papelera del patio. Cuando entramos a clase, por una parte estaba muerta de vergüenza, no le podía ni mirarle a la cara pero por otra tenía muchas ganas de pedirle explicaciones de por qué había tirado la carta al suelo. Cuando terminó la primera hora me acerqué a hablar con él y le pregunté cómo era que sabía que era yo y me dijo que las dos niñas que yo había enviado se lo habían dicho. A mí me gustaba, todo el mundo lo sabía, pero yo más que nadie sabía que no podría ser jamás, sólo podríamos ser amigos. A mí me siguió gustando durante unos cuantos años más, pero siempre éramos amigos. Cuando me sentaba con él en la clase no podía dejar de mirarle, pero era inútil, bueno me conformaba con ser su amiga.

Una muchacha de nombre Marta [Cristian]

Un amigo llamado Manuel me comentó que le gustaba una muchacha de nombre Marta, pero no se atrevía a decirle lo mucho que le gustaba. Yo de buen amigo decidí ayudarle con ese problema. Me encargó que le escribiera poemas, cartas y otras cosas de uno al otro. Pero, en fin, hubo un momento en que Marta se me quedaba observando. Yo no le puse el más mínimo interés porque, aunque era realmente bonita, mi amigo Manuel se había interesado en ella. Después de entregar la última carta escrita por Manuel, en esa carta tenía escrita su declaración pero Manuel olvidó poner su nombre. La carta tenía esto escrito: te espero a las 5:30 en el parque. Yo, después de entregar la última carta y antes de que la leyera, Marta me preguntó mi nombre. Yo le contesté que mi nombre era Sebastián. Me tomó de la mano y me dijo con una sonrisa en su rostro: mi nombre es Alejandra pero todos me llaman Marta. Después de hacerle todos los favores a Manuel me dio las gracias. Al día siguiente Manuel regresó enojado y triste. No me miró a la cara. Durante la clase le pregunté a Marta pero al verla me preguntó si quería ser su novio. Al responder que no, me dio un beso en la boca enfrente de todos y al soltarme me dijo: “lo siento pero no hay salida”.

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