X I Simposio de la Sociedad Española de Didáctica de la Lengua y de la Literatura

Los días 3, 4 y 5 de diciembre se ha celebrado en Sevilla el encuentro que cada año organiza la SEDLL con el fin de fomentar el encuentro entre profesionales dedicados a la Didáctica de la Lengua y la Literatura y la discusión sobre las innovaciones y los temas de actualidad que atañen al área.

El tema sobre el que se debatió fue la irrupción del concepto de competencia en los currículos, la escuela y la universidad. El asunto de las competencias está generando una serie de debates en todos esos niveles puesto que en él intervienen factores de muy diversa índole, desde los puramente académicos u organizativos, pasando por las opciones pedagógicas o metodológicas que postula y/o practica cada profesional y llegando a las intenciones políticas que subyacen en el impulso de esta noción desde la OCDE, la Comunidad Europea y los distintos estados.

Ya hemos comentado en algún otro post que uno de los principales obstáculos para trabajar con este concepto es la indefinición que genera el excesivo número de definiciones-valga la redundancia- y de las intencionalidades que subyacen en cada una de ellas.

La mesa redonda que dio inicio al simposio ilustró perfectamente la dificultad de centrar el debate en un solo aspecto. Coexistía en la mesa la justificación meramente pragmática de preparar al alumnado para un mercado laboral cambiante, con la argumentación según la cual España debía sumarse a este enfoque difundido en gran parte de la comunidad internacional. Este enfoque basado en criterios de autoridad política fue cuestionado por algunos miembros de la sala, que rechazaron de forma contundente el hecho que las nuevas orientaciones competenciales supusieran un buen camino para la formación del alumnado.

Sobrevoló en el ambiente esa idea que había que trabajar duro para preparar a los profesionales y ofrecer prácticas de éxito para ir caminando hacia una educación competencial. Afortunadamente, alguno de los miembros de la mesa subrayó la importancia de las prácticas que ya se están llevando a cabo en muchos centros, dando valor a una realidad que raramente trasciende.

No hablaré de los talleres, puesto que yo participé en uno, sin embargo oí buenos comentarios de diversos compañeros acerca de los talleres.

Las comunicaciones fueron un gran reflejo de la situación actual de la problemática de las competencias: muchos de los ponentes abordaban el reto desde distintos puntos de vista, aunque destacaba sobre todo el hecho que muchas comunicaciones se habrían justificado perfectamente sin la irrupción del concepto competencia. La continuidad respecto a otras comunicaciones de otros congresos era muy alta, con lo que se deducen dos conclusiones complementarias. En primer lugar, muchas de las propuestas que se han ido llevando a cabo en los últimos años (me atrevería a decir lustros) ya pregonaban un enfoque competencial del área de lengua y tenían en cuenta que la competencia comunicativa (lingüística, literaria y audiovisual) era central en cualquier nivel educativo. En segundo lugar, denotaban la indefinición del concepto, puesto que cada comunicante lo adaptaba a su propia realidad o necesidad.

Siguiendo con las comunicaciones, se observó un predominio de las propuestas didácticas sobre los trabajos de investigación con datos, otro argumento que soporta la idea de la dificultad de trabajar con este concepto.

Dos de las conferencias plenarias (ambas magníficas) sintetizaron la realidad de las competencias a fecha de hoy. Fernando Trujillo, de la Universidad de Granada, puso sobre la mesa el discurso atractivo de las competencias, la oportunidad que supone en todos los niveles educativos pensar sus líneas de actuación y confrontarlas con la posibilidad de movilización, con la actuación con el hacer y el reflexionar. Su exposición mostró numerosos ejemplos exitosos que ya hoy en día muestran caminos interesantes a seguir. Ideas y más ideas y, sobre todo, posibles en nuestras aulas. La idea de competencia que no admite rechazo.

Por su parte, Antonio Mendoza, reflexionó sobre la absurdidad de creer que el tema de las competencias es nuevo y sobre todo, creer que ahí está la solución de todos los males del sistema educativo. En una argumentación impresionante, mostró como todos los aspectos positivos del enfoque por competencias (aproximadamente aquellos que el profesor Trujillo puso sobre la mesa) estaban ya en la didáctica desde hacía tiempo, incluso siglos. Sin embargo, desnudó el disfraz de muchos argumentos mercantilistas y novedosos que este concepto enmascara. Un buen toque de atención que merecerá ser leído en las actas.

Gracias Sevilla, por tu calurosa acogida.

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