LA CENA DEL PREMIO NADAL

LA CENA DEL PREMIO NADAL

 

 

 

La temporada literaria da su pistoletazo de salida esta Noche de Reyes en el Hotel Ritz de Barcelona, bajo la luz amarilla de las farolas de la Gran Vía los convidados llegan con una puntualidad británica a la cena a las nueve de la noche. Conecto el ordenador para escribir y me encuentro que para tener Wi-Fi tengo que pedir las contraseñas en la recepción del hotel. Uno se pregunta cuál es la razón por la que un Macdonald´s o un Starbucks ofrezcan gratis el acceso a internet y un hotel de cinco estrellas tenga su acceso codificado. Enigmas kafkianos que pueblan nuestra existencia. Consigo las claves y me pongo a investigar sobre el premio más antiguo y el primero del año.

Descubro que el premio está marcado por el año 1948 cuando Miguel Delibes gana el Nadal por “La sombra del ciprés es alargada” a partir de este momento la novela de postguerra ya se escribe con mayúsculas. El otro nombre que marca el premio en sus inicios es Carmen Laforet quien ganó la primera edición del Premio Nadal con “Nada”, una novela que nos habla de una calle Aribau y una joven llamada Andrea cuya vida seguimos con la devoción del peregrino. Con estos dos nombres como padre y madre del premio, ahora que ya tiene una edad avanzada podemos decir que el premio ha servido para que nuevas plumas aparezcan dentro del panorama de las letras. Este año no ha sido el caso porque un corredor de fondo como Álvaro Pombo la persona más anciana en la sala ganaba el premio después de descubrirse los seudónimos, porque en estos premios los escritores importantes siempre ponen un nombre falso y un título falsos, otras de esas cuestiones kafkianas que tiene la vida que nunca entenderé por mucho que me expliquen los agentes literarios y los jefes de prensa de las editoriales.

Discutía con mis comensales el escritor y crítico Xavier Borrell y con el jefe de prensa de Proa Xavier Gafarot sobre el papel mediático de los escritores. Como no hace muchos años había programas, económicos de producir, donde había unos cuantos invitados, algunas actuaciones de artistas en directo y entre los invitados algún escritor que venía a hablar de todo un poco y también de su libro. Pero ahora ese tipo de programas ha desaparecido. Los espectadores del 2012 no buscan cultura en la televisión, buscan básicamente entretenimiento. La espectador no busca desafíos intelectuales que acostumbra a asociar con el aburrimiento, de ahí el éxito de programas como “Sálvame Deluxe”, que es otra de esas cuestiones incomprensibles y kafkianas que tiene la vida.

Desde aquel invierno de 1944 cuando Carmen Laforet presentó su novela “Nada” mucho ha llovido, nombres que han quedado en la historia de la literatura y otros que ha barrido el tiempo, pero todos ellos escribieron para un premio y el hecho de escribir de encargo les supuso forzarse a ellos mismos como lo hace un publicista o un guionista de televisión, a los cuales les dan un esqueleto y tienen que rellenarlo con carne. Sin duda Álvaro Pombo con su novela “El temblor de héroe” nos dará horas de entretenimiento, pero también de alimento para la inteligencia, cosa que en estos tiempos de crisis ha sufrido serios recortes.

J. A. Aguado

 

 

 

 

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