La periferia de James Joyce
Julián Ríos, “Casa Ulises”, Seix Barral, Barcelona, 2003,269 páginas, 18 €.
Proverbialmente se cree en una tradición según la cual de un lado discurre la narrativa seria, la auténtica literatura, y de otro el exitazo popular, las listas de ventas y el circo móvil. Julián Ríos (Galicia, 1941) es uno de esos autores que se toman en serio eso de escribir de una forma personal e intransferible.Desde que se inició en esto de la escritura jamás ha abandonado el rumbo marcado por los juegos de palabras. Su literatura forma parte de una tradición en la que lo verdaderamente importante es la propia escritura.Pocos lectores pueden objetar el valor artístico de la obra narrativa de Julián Ríos, que mantiene su crédito a lo largo del tiempo pues no se hace tributaria del momento histórico en que aparece sino de la corriente estética defendida por el autor a la sombra de su maestro James Joyce. Cuando Julián Ríos publicó en 1982 “Larva” y dos años más tarde “Poundemónium” provocó un notable revuelo entre el colectivo de intelectuales, críticos y profesores. Sus obras iban más allá de la novela experimental: invocaban la potencia del lenguaje y recordaban que la gran literatura es una carrera de relevos en la que manda James Joyce.
Joyce es un autor que transforma en tarea baldía todo intento de traducir su obra. Se podría decir que el punto en que esa obra culmina su tensión no es otro que el resultado de un empeño por alcanzar y plantear una emoción intelectual básicamente incomunicable, a lo que hay que añadir el carácter caprichoso o de respeto al azar que en algunos momentos satura el trabajo de Joyce. La obra de Joyce es una experiencia en el lenguaje, y no en otro lenguaje que en el que Joyce escribió. Como toda experiencia lingüística, entraña todo el conocimiento y la memoria del que escribe y del que lee lo escrito, y así, su arquitectura se disuelve en cualquier intento de transferencia a otra lengua. Eso, que ocurre en cualquier traducción de una manera bastante llevadera, y que no merma en absoluto la función del traductor, adquiere un aspecto devastador en “Ulises” y alcanza un punto de imposibilidad fundamental. Pues bien, otro tanto ocurre con el gallego Julián Ríos.
“Casa Ulises” narra las peripecias de una lectora joven, un lector maduro y un crítico viejo, que recorren el laberinto de Ulises, sala a sala, tantas como capítulos tiene la novela de Joyce.Julián Ríos cumple el imperativo cervantino de que toda buena literatura debe ser crítica y suscitar incertidumbre.Más que experimentar, lo que Julián Ríos hace es forzar el lenguaje modificando frases hechas; desconstruyendo y recomponiendo las palabras y sus relaciones; aprovechando su polisemia, los dobles sentidos o juntando palabras de semejanza fonética. El resultado es una escritura cargada de significados que invita al lector a participar, cómplice y activo, en una lectura que deviene en juego y divertimento.
J. A. Aguado