“El intrépido”

fotopeq_obr7932.jpg “Olvídense del supuesto gourmet suizo, que, a finales de julio y principios de agosto, tuvo en vilo a la prensa tras desaparecer de El Bulli dejando tras de sí un sombrero y una libreta con los menús de todos los restaurantes donde había comido hasta el momento. Fue un culebrón prometedor que acabó en astracanada: la policía buscándolo por cala Montjoi mientras él hacía ya semanas que había vuelto a su Suiza. Olvídense de aquello porque la gran noticia gastronómica de este verano es el restaurante l’Intrépido, de Milán.

 

   A saber. el crítico gastronómico Robin Goldstein – autor de incontables artículos y bastantes libros sobre vinos – se ha hartado de la falta de rigor con la que se conceden los galardones gastronómicos y enológicos. De modo que, para desenmascarar ese mundo de cartón piedra, se inventó un restaurante falso. Lo situó en Milán y lo bautizó l’Intrépido. le adjudicó una bodega con 2100 botellas. Creó su página web, diseñó un menú que, según detalla The Dailiy Telegraph, describió como “divertida amalgama que trastabilla entre la nouvelle cuisine y la tradición italiana”. Redactó críticas ficticias y las colgó en la web gastronómica Chowhound. Destacó “el cochinillo asado con foie gras y gambas a la parrilla sobre una chip de berenjena”. Finalmente optó a uno de los premios a la Excelencia que concede la revista Wine Spectator, venerada en el mundo entero por los entendidos. Presentó la candidatura de su restaurante imaginario y a tal efecto pagó los 250 dolares que la revista exige para poder optar al premio

 

   Y sí: la revista ha concedido a l’Intrépido uno de sus premios a la excelencia. Sin visitar el lugar, sin comprobar nada. Descubierto el pastel, Wine Spectator se excusa diciendo que buscó en Google y que llamó al restaurante sin que nadie descolgase el teléfono. Y que a ver si van a tener que visitar los 4500 lugares que cada año optan a sus premios. Dice Goldstein en el Telegraph: “Si googlear un poco, leer lo que pone en la web y telefonear un par de veces sin que nadie conteste es suficiente para verificar no sólo la existencia de un restaurante sino la autenticidad de su lista de vinos, entonces ya me dirán que papel representa el crítico”. El contraataque de Wine Spectator dice lo que se dice siempre de los disidentes en la sacrosanta religión gastronómica: que Goldstein es un personaje que solo busca publicidad, que intenta arruinar un prestigio consolidado “con esfuerzo” a lo largo “de años y años”…

   La gamberrada es espléndida porque demuestra hasta qué punto la alta gastronomia y los medios de comunicación habitan un mundo confabulado que han ido creando poco a poco. Unos y otros han llegado a una entente tácita en la que estos viven de aquellos, y aquellos se alimentan de la propaganda que les proporcionan estos. La realidad cuenta poco. Para muchos restaurantes es más importante el marketing que los fogones. Mientras, los obnubilados contemplan el espectáculo con la misma devoción con las que los meapilas observan las evoluciones de los sacerdotes delante del altar”

Quim Monzó. Magazine del diario La Vanguardia. 14-9-2008

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