El milagro de la vida
Ángeles Mastretta, “El cielo de los leones”, Seix Barral, Barcelona, 2004, 237 páginas, 15 €.
La novela de mayor impacto de la mexicana Ángeles Mastretta (Puebla, 1949) fue su ópera prima, “Arráncame la vida” (Seix Barral 1992), pese a que con “Mal de amores” (1995) alcanzó el premio Rómulo Gallegos, concedido por primera vez a una mujer.
Su nuevo libro no es una novela, sino un revoltijo de textos de diverso orden, lo que en los siglos XVIII y XIX se calificaba como “cajón de sastre”, aunque dominen los de carácter autobiográfico: historias familiares o amistades de las que la autora acostumbra a extraer una moraleja. El libro puede entenderse como una introducción a su personalidad, fruto de experiencias tan diversas como los paisajes, la familia, el amor, la infancia, la política, sus antepasados, el fútbol, su epilepsia, su admiración por Edith Wharton, por Cortázar y, en particular, por el poeta Jaime Sabines, por su ciudad natal, Puebla, o por Nueva York, su compañero, sus hijos. Los diversos temas provocan en el lector una suerte de desconcierto, porque no sabemos si nos encontramos ante la confesionalidad o ante el artículo periodístico inspirado en un tema abstracto.
Sabido es que el desencanto y la contemplación del mundo como lugar repleto de ruindad constituyen un material literario del que se han nutrido generaciones y generaciones de escritores modernos. Sin embargo, esa fascinación del desencanto no es el único resorte que mueve a la literatura contemporánea, y en ocasiones es precisamente la superación de tal desencanto la que impulsa el buen trabajo narrativo. En la línea de confianza en el mundo a partir de un sano escepticismo y una revalorización del poder de los sentimientos el libro apuesta por un punto de vista positivo. La vida puede ir bien o mal, pero de la lectura de los libros de Ángeles Mastretta se deduce que merece la pena vivirla. A todos nos tocan tiempos difíciles, pero lo importante es cómo los vamos afrontando y las acciones que emprendemos para salir adelante.
Ángeles Mastretta, una escritora de la estirpe de Rulfo, nos ofrece ahora una obra narrativa alentadora de la pasión, de las pulsiones de la vida, que viene a articularse a modo de defensa mesurada de la ilusión y la esperanza como fuerzas necesarias para el desenvolvimiento del individuo.El título de “El cielo de los leones” muestra que el paraíso está en la tierra: “los libros van siendo el testimonio de lo que somos y, en los últimos tiempos me han pasado los sueños por encima, me han tomado la vida como milagros inasibles, me han hecho el cada día de un modo tan intenso que nada de lo que imaginé me pesó tanto como la mentira inaudita de lo real”.
Hay en este libro el deseo repetido de contar el mundo para bendecirlo. Todo lo que sucede alrededor de quien lo escribe la sorprende en un canto que no transige con la desdicha como algo insondable. Andar en la vida es irse de parranda en busca de sus mejores instantes y de cada instante como el atisbo de un milagro. La autora de este libro cree en el sensato hábito de la locura, en el desafío diario que es mirar a otros vivir como quien delira: cielo hay para todos, dice, hasta para los leones debe haber un cielo. Por eso nos atrapa la seducción. ¿Qué es la bendita seducción, sino el sueño de que hay tal cosa como el cielo?
La evocación y los sueños son el culto preciso y continuo que cruza estas páginas, cuyo empeño es persuadirnos de cuán prodigiosa y arrebatada es la vida, de cuántos motivos diarios tiene para hacer que la veneremos: “¿Qué es primero, la seducción o el deseo? Quizás van alternando sus hallazgos y equívocos. ¿Tras cuánto tiempo de anhelar algo, llega hasta nuestros ojos y nos rinde como una sorpresa? Ya creemos olvidado un deseo, ya no lo acoge nuestra piel, desde hace siglos que no cerca nuestra inteligencia, y vuelve un día como un milagro”.
El libro está forjado de historias. Mastretta confiesa en las últimas líneas del libro: “tendré siempre pasión por soltar el tiempo como quien juega con arena entre las manos”. Pero lo que la define es “andar viva”. Sus marinas son intensas, como las de Cozumel o el recuerdo de un añejo Acapulco de pescadores. Los regresos a la fuente de la memoria, de donde procede la mayoría de sus materiales, se agradecen. “El cielo de los leones” es un libro sumamente ambicioso, de una voracidad pavorosa, caníbal que quisiera devorar todos los libros y todas las historias familiares. Una lectura ardua de definir. Practicando del ensayo y de la narrativa, no es una cosa ni otra. Su mayor acierto no es otro que el de servir como puerta de acceso a una escritora que toma conciencia de sí misma.
J. A. Aguado