Julio Ramón Ribeyro, “La tentación del fracaso”

Cierto desencanto de las cosas

 

Julio Ramón Ribeyro, “La tentación del fracaso”, Seix Barral, 2003, 677 páginas, 26 €.

Los viejos fantasmas nos acecharan o vienen a pasarnos factura podemos ver en librerías textos inéditos o reediciones de Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Carlos Fuentes, Mario Benedetti, Gabriel García Márquez, y en este caso de Julio Ramón Ribeyro (Lima 1929- 1994).No sé por qué curiosa razón el escritor peruano Julio Ramón Ribeyro nunca participó de los beneficios y las facilidades que tuvieron aquellos narradores que integraron el ya famoso “boom” de la literatura latinoamericana.Ribeyro es un autor de transición entre los más sólidos clásicos de la literatura latinoamericana y sus más espectaculares renovadores. Esa involuntaria “culpa” lo tuvo apartado del éxito inmediato, pero también le permitió, desde ese apartamiento, ir componiendo una obra tan densa como sugerente, tan seductora como imprescindible.Julio Ramón Ribeyro estudió leyes en la Universidad Católica de Lima y se licenció en Periodismo en España. Entre las principales obras del escritor peruano destacan “Los gallinazos sin plumas”, “Tres Historias”, “Las botellas y los hombres” y ensayos como “La casa sutil”.

Un día en mi vida se presentó el cerdo que sale en un cuento de Julio Ramón Ribeyro titulado “Los gallinazos sin plumas” y se me zampó, y el cerdo también se zampó al tiovivo de sangre y platino con todos los dedos dentro, gira que te gira, por lo que al cerdo le estalló el vientre y yo volé de nuevo hacia el campo de la imaginación.

Seix Barral acaba de publicar un libro imprescindible en toda biblioteca que se precie de tal nombre: “La tentación del fracaso”, título que abarcan los diarios de Julio Ramón Ribeyro, lo más interesante es la visión del mundo y en cierto sesgo descarnado de las cosas. Julio Ramón Ribeyro es un modelo de control artístico y de profundidad, de densidad simbólica, de buen uso de recursos y técnicas narrativas, destacándose en el retrato de personajes impregnados de sus peculiaridades más íntimas, con especial predilección por los marginados y fracasados, víctimas de un orden social que aniquila toda individualidad. Ribeyro se detiene y analiza a la clase media a la que él perteneció, con todas sus características: el desencanto, la lucha por la supervivencia cotidiana, la frustración, los sueños no realizados, etc.

Desde finales de los años cuarenta el escritor peruano fue dando forma a un diario personal que lo acompañó durante múltiples viajes y estancias en España, Francia, Alemania, Bélgica y Perú. Inéditos hasta la fecha en nuestro país, estos diarios que abarcan el periodo 1950-1978 ponen por primera vez al alcance del lector español un paisaje literario fascinante, el que enmarca la vida y la obra de un narrador excepcional. En estas páginas se podrá encontrar a Ribeyro al desnudo, expuesto a los avatares de la cotidianidad, aunque con una asombrosa conciencia artística de su oficio literario. “La tentación del fracaso” se publicó por primera vez en 1987, en ellos cuenta su vida: “Un amigo es alguien que conoce la canción de tu corazón y puede cantarla cuando a ti ya se te ha olvidado la letra. Los amigos desarrollan en nosotros nuestras virtudes potenciales. Una persona sin amigos corre el riesgo de no llegar jamás a conocerse. Cada amigo es un espejo que nos refracta desde un ángulo distinto. Cada amigo crea en nosotros una zona de contacto, un campo propicio al desarrollo de un determinado tipo de amistad. Es por ello que podemos tener dos amigos íntimos que no lleguen jamás a comprenderse entre sí. Perder un amigo significa muchas veces neutralizar un sector de nuestra personalidad”. Este diario es uno de los modos que asume la biografía individual del escritor para confesarse, la cual comprende, además, a las memorias, la autobiografía y las confesiones, modalidades que ciertos estudiosos denominan “Géneros Introvertidos”. Se trata de una forma de narración intercalada, de temática autobiográfica, bastante libre en lo que atañe al estilo y la composición. En estos diarios, así como en las memorias, confluyen tres instancias que se identifican en un solo sujeto: el autor, el protagonista y el narrador. Desde una perspectiva estrictamente narratológica no existe ninguna diferencia entre el diario de un escritor y el de cualquier otro individuo. Constituye un error, por tanto, establecer “subgéneros” diarísticos según quién emita el texto.

En estos diarios, Ribeyro desarrolla toda su inventiva, pone de manifiesto una gran capacidad lúdica, deja libre a su imaginación y demuestra, a partir de la brevedad y la síntesis, sus excelentes dotes para la prosa.

J. A. Aguado

 

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà Els camps necessaris estan marcats amb *