Claudio Magris, “La exposició

Forma de resistencia

 

Claudio Magris, “La exposición”, Anagrama, Barcelona, 2003, 93 páginas, 11 €.

 

En un diálogo seco y cortante, acompasado por la sucesión de los hechos y confiado a una escritura épica y esencial, Claudio Magris (1939), germanista y autor de innumerables ensayos sobre la cultura centroeuropea, cuenta la historia de un amor por la vida que arriba a la imposibilidad, una parábola que alude a la odisea de un fugitivo de la pintura y de la cultura modernas. Esta es una pieza teatral atravesada por corrientes profundas y cargada de tensión, en la que se funde el ensayista, el filósofo, el dramaturgo y el poeta. Temas como la muerte o la locura se dan la mano en una pieza situada en el año 1949.

Claudio Magris es un dramaturgo barroco y cercano al hermetismo. Fue la escritura de una obra maestra, “Danubio”, la que le permitió, contra todo pronóstico, llegar al gran público. En “La exposición” nos plantea como tema de fondo el desarraigo, la pérdida de la identidad y al mismo tiempo la búsqueda de una realidad plena de significado, la necesidad de acogerse a lo concreto en un mundo que cambia aceleradamente. Vuelve a ser un problema actual, aunque quizá con unas formas distintas; el mundo ha cambiado de tal forma en los últimos treinta años que existe un miedo, justificado, a verse convertido en el superhombre profetizado por Nietzsche o a ser confundido uno mismo con una réplica virtual. El protagonista de esta pieza teatral recoge el perfil biográfico de un ser de carne y hueso, el pintor Vito Timmel (Viena, 1886-Trieste, 1949), formado en la Viena de Sigmund Freud y de Klimt que volvió desencantado a la vida de provincias, y que terminó sus días en un manicomio, debido a su psicología autodestructiva, donde murió en la más absoluta soledad. Timmel, con toda su fuerza visionaria, es una figura que obsesiona a Claudio Magris desde hace treinta años, cuando escribió su “Cuaderno mágico”. Aunque esto pueda sorprender a los lectores, se trata de una pieza marcadamente autobiográfica, escrita con muchas claves internas y personales. Como todas las obras teatrales está pensada, no para ser leída, sino para ser puesta en escena.

“La exposición” es una pieza babélica, donde lo que importa no es que el personaje consiga un objetivo tras superar todos los obstáculos, sino la exposición de una multiplicidad de voces en distintos idiomas y dialectos, de fragmentos de poesía y de canciones alemanas mezcladas con revelaciones violentas, delirios y expresiones infantiles.

Magris escribe esta pieza teatral como una búsqueda, intentando expresar una obsesión que no ha acabado nunca de comprender: las razones del fracaso vital, el sentido de un amor que no duda en sacrificar la propia vida. Frente a tanta comedia de tresillo, frente a tanta fórmula vacía del teatro del absurdo, frente al conceptualismo y a la relectura de clásicos, he aquí un texto de un autor contemporáneo que pide a gritos un director capaz de leer entre las líneas caleidoscópicas de “La exposición” para levantar un espectáculo que recoja una existencia llena de ternura, imprevisibilidad y violencia.

J. A. Aguado

 

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