Manuel Lamana, “Diario a dos voces”,

Memoria histórica o la escritura del exilio

 

 

Manuel Lamana, “Diario a dos voces”, prólogo de Manuel Rivas, Seix Barral, Barcelona, 2014, 300 páginas, 18 €.

 

 

 

 

Manuel Lamana nació en Madrid en el año 1922. Su padre, José María Lamana, militantes de Izquierda Republicana y funcionario de Hacienda, era en los años de la Guerra Civil Española 1936-39 Administrador General del Monopolio de Tabacos y Fósforos. Como tantos exiliados en febrero de 1939 cruzó la frontera con Francia desde Figueras (donde estaba instalado el Gobierno de la República) junto con su madre y sus dos hermanos menores. El mayor de la familia había caído prisionero de las fuerzas franquistas en la Batalla del Ebro. Pasaron algún tiempo en el campo de concentración de Perpignan y luego fueron acogidos en la localidad de Omans, casi al lado de Alemania. En 1941 regresa y participa en los movimientos de oposición y en el sindicato estudiantil clandestino FUE al régimen franquista por lo que estuvo encarcelado. Llevado lo lleva a construir el Valle de los Caídos, se fuga gracias a la hermana del escritor Norma Mailer. En 1989 Fernando Colomo llevó a la pantalla esta peripecia en la película “Los años bárbaros”. Tras pasar por Francia e Inglaterra termina en Argentina, donde se enfrenta al régimen de los generales argentinos. Muere en Buenos Aires en 1996. Veinte años después de su muerte Seix Barral ha publicado un libro que rinde justicia a la memoria histórica de un profesor, crítico y escritor desconocido para el gran público publicando “Diario a dos voces” que es un dietario doble escrito por el padre de Manuel, José María Lamana y la pluma de Manuel Lamana que completa el diario utilizando el recuerdo vivencial como materia o fuente de su inspiración. El resultado es una obra musculosa, caldeada por el fragor del pasado, por su ambientación histórica y su valor de testimonio.

Nos fascina por su mayúscula ambición pues enfrenta dos miradas en una especie de reflexión filosófica sobre los acontecimientos que estaban viviendo por separado pero en el mismo entorno: “Nos hicieron abandonar el convoy y nos formaron en grupos de cien hombres. Cada grupo había de alojarse en uno de los barracones de madera construidos previamente en el campo. La perspectiva que el campo y sus inmediaciones me produjeron fue francamente buenas. No cabía comparación con lo de Argelés”.

Los días del golpe de estado del coronel Casado los vive el padre de Lamana de manera dramática: enfermo, sin asistencia médica, hambriento, sin noticias de la catástrofe que se dibujan en el horizonte de la Historia: el paso por Argelés fue una barbarie que se extendió a todos los refugiados que venían de sufrir la masacre de la Guerra Civil. El lado de crueldad lo destaca Manuel enseñando a los lectores aquello que dijo el filósofo Hobbes que el hombre es un lobo para el hombre.

“La noche fue terrible, llovió copiosamente y tuvimos que pasarla amontonados en los espacios menos castigados, pero sin poder tumbarnos por falta de sitio ni ponernos de pie porque no lo permitiría la altura de la choza. El malhumor de algunos encontró ocasión propicia para exteriorizarse y las horas transcurrieron lentamente, recibiendo alguna ducha, tiritando de frío y escuchando palabras fuertes e imprecaciones de quienes no podían ser acallados por las palabras de prudencia y aliento de los demás”.

Manuel Lamana recibió este diario, entre las pertenencias de su padre, días después de su muerte, en 1952. Uno puede asomarse al balcón de este libro desde una doble perspectiva, por un lado desde la Historia y por el otro desde la literatura, las dos miradas son válidas hoy en los albores del siglo XXI, algo deberíamos aprender del pasado: “Catalunya ya está ocupada por el enemigo. Queda el Centro. De cualquier modo, nosotros hemos pasado a esta otra situación que es ser refugiados en un país que no es el nuestro. Ser refugiados como nueva identidad. Y además sin saber cuál es su límite, y no sólo su límite sino su conformación precisa. Es decir, no sabemos ni hasta cuando seremos refugiados ni lo que significa exactamente el serlo. Es difícil asumir una identidad que no se sabe cuál es”.

Manuel Lamana vivió intelectualmente un época marcada por el existencialismo, esta biografía novelada a cuatro manos es modelo del escritor refugiado, del exiliado que busca su lugar en el mundo.

J. A. Aguado

 

 

 

 

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