Palabra de América”,

La literatura de McOndo y del Crack.

 

 

 

Varios autores, “Palabra de América”, Seix Barral, Barcelona, 2004, 236 páginas.

 

 

A mediados de los años sesenta hubo un brote literario que recorrió el mundo. Ocurrió entonces eso que se llamó el “boom”. El cataclismo literario empezó cuando Mario Vargas Llosa fue galardonado con el Premio Biblioteca Breve, de Seix Barral, por una novela titulada “La ciudad y los perros”.

Seix Barral reunió en Sevilla a todos, o aparentemente todos, los escritores jóvenes de América. Las sesiones de este congreso mínimo con aspiraciones máximas tuvieron lugar en tres días del mes de junio de 2003 en la ciudad hispalense. Según Jorge Volpi, el congreso celebrado en junio fue importante porque demuestra la continuidad de la literatura hispanoamericana tras la generación del “boom”, de la segunda mitad del siglo XX y la posterior encabezada por Roberto Bolaño, “nuestro hermano mayor”, fallecido recientemente. En el congreso se dieron cita escritores de la nueva novela actual, como Jorge Franco, Rodrigo Fresán, Santiago Gamboa, Gonzalo Garcés, Fernando Iwasaki, Mario Mendoza, Ignacio Padilla, Edmundo Paz Soldán, Cristina Rivera Garza, Iván Thays, Roberto Bolaño y Guillermo Cabrera Infante, como el invitado de la generación del “boom”.

Este libro es un arte poética de un grupo de escritores sudamericanos que se revela contra los clichés. Denuncian que la literatura latinoamericana no es Borges ni Macedonio Fernández ni Onetti ni Bioy ni Cortázar ni Rulfo ni Revuelta ni siquiera el duelo de García Márquez y Vargas Llosa. La literatura latinoamericana es, según explican en este volumen de conferencias, Isabel Allende, Luis Sepúlveda, Ángeles Mastretta, Sergio Ramírez, Tomas Eloy Martínez, Aguilar Camín y, por supuesto, todos los nombres que firman el libro.

La nueva literatura sudamericana trae un aire más fresco y menos fatídico, y está sazonada con la sal gorda del humor negro que se burla de sus condiciones presentes, tanto colectivas como personales, y que no hace otra cosa que confirmar el desencanto generalizado a través de la ironía.

Durante los tres días que duró el encuentro se habló de todos los aspectos que interesan a los escritores, entre los más destacados está el tema de la profesionalización de los escritores. Durante los últimos años la cultura ha dejado de ser una sensibilidad o la expresión de una sensibilidad, para convertirse en un negocio que cada día exige más imagen, diseño y publicidad, y bastante menos crítica, creación y conocimiento. En ese contexto, el papel de los medios de comunicación debería ser más formativo que informativo, aunque por desgracia en muchas ocasiones la crítica está al servicio de las políticas empresariales de las grandes editoriales. Por esta razón los suplementos culturales se parecen cada día más a esos complejos vitamínicos que pretenden suplir la alimentación o en todo caso complementarla.

El volumen viene a ser una especie de manifiesto, tal y como apunta el cronista del grupo Ignacio Padilla, autor de una historia del “crack” en tres capítulos y medio, así como un largo ensayo contra el realismo mágico. Se trata de exponer desde el interior del movimiento una manera nueva de leer y escribir la literatura en América Latina. La antología de “McOndo”, el manifiesto del “crack”, y todo cuanto ha ocurrido recientemente con la nueva novela latinoamericana está analizado con distanciamiento meridiano en el volumen. De agradecer es el análisis del fin del realismo mágico y la relación de amor y odio que mantiene con los autores del “boom”. Por otro lado destaca el carácter profundamente lúdico y contradictorio de los jóvenes escritores. En cuanto al nombre del movimiento, “McOndo” y “crack”, es una broma, una parodia que apuesta por el cosmopolitismo del escritor. Como afirma Ignacio Padilla en su conferencia, no hay una propuesta estética que unifique al “crack” y a “McOndo”, ni siquiera percibe una que vincule a sus miembros entre sí. El atractivo de estos grupos y de la generación en la que surgen es precisamente su diversidad, una pluralidad que no empobrece en modo alguno el carácter intensamente gregario de estos escritores. Lo que los ha consagrado de esta forma no es una estética, sino una actitud hacia la literatura y hacia el lector.

J. A. Aguado

 

 

 

 

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