Las entrañas de la narrativa breve
José María Merino, “Ficción continua”, Seix Barral, Barcelona, 2004, 380 páginas, 20 €.
La metaliteratura siempre ha sido un excelente ejercicio para los creadores. Desde el siglo XIX los artistas han buscado un cierto distanciamiento de su obra para reflexionar sobre los procesos de creación. Uno de los más prolíficos escritores contemporáneos, José María Merino (1941), analiza las claves del cuento en su último libro: “Ficción continua”.
En su primera novela, “La novela de Andrés Choz”, José María Merino sorprendía al lector por la habilidad con que construía una obra unitaria partiendo de elementos heterogéneos, pues la novela comprendía tres relatos distintos que muy bien podrían haberse desarrollado como otros tantos textos cortos independientes: una novela psicológica, una cuento de ambiente campesino y un relato de ciencia-ficción; pero estas tres posibles novelas cortas se implicaban mediante una estructura. Vemos, pues, que, ya en su primera novela el autor de “Las visiones de Lucrecia” plantea una serie de retos metaliterarios.
La primera parte del volumen recoge breves ensayos de carácter general –los que pueden denominarse teóricos–, mientras que la segunda comprende una serie de notas y reseñas acerca de obras concretas, algunas muy recientes. Merino ha explicado que a los niños les gusta Harry Potter porque se identifican con sus personajes, con la similitud de los escenarios que se describen en la obra y por la fantasía que envuelve las aventuras. Harry Potter les abre a los jóvenes el espectáculo interior que es la literatura: “Los lectores jóvenes, ignaros, sin criterio, con grandes dificultades para formar el gusto literario en un panorama asediado por todos esos divertimentos audiovisuales que están continuamente alejándolos de la lectura, son por lo general víctimas directas de ese abuso del mercado, en muchas de las lecturas de supuesto esparcimiento que se les ofrecen o se les imponen como complemento o apoyo a los programas educativos”.
Interesantes resultan las páginas dedicadas a dilucidar el problema de la distinción entre cuento, novela corta y novela, sobre todo porque están planteadas desde el punto de vista de un escritor que cultiva las tres modalidades y las conoce desde su mismo proceso de elaboración:“ Cuando se habla de que el cuento y la novela corta son géneros singularmente adecuados al tiempo fragmentario que vivimos, de prisas y escasos descansos, se ignora que para acercarse a la narrativa breve, como a la poesía, es necesaria una previa formación de la sensibilidad literaria. Ni la poesía ni la narrativa breve son en sí mismas productos literarios aceptados con facilidad por la mayoría”.
Y cabe señalar aún dos ensayos especialmente valiosos: el titulado “Los parajes de la ficción”, porque aborda un asunto insuficientemente tratado aún, y “El narrador narrado”, ensayo que abre el volumen y que constituye una profunda meditación sobre la literatura y, especialmente, sobre la propia literatura: “Empecé escribiendo poesía, y aunque mi inclinación hacia lo narrativo me apartó pronto de ella, para mí la poesía fue el taller literario en que aprendí que las palabras son piezas materiales, que cada palabra tiene su propio peso, y olor, y sabor, y que el oficio de ensamblarlas en conjuntos significativos tiene mucho de labor manual y de esfuerzo artesanal”.
Según cuenta José María Merino lectores tienen dificultades para orientarse debido a la presión publicitaria y piensa que los premios literarios no siempre sirven de guía para adquirir un libro. Antes, servían para descubrir nuevos autores, pero ahora, en muchos casos no son más que un reclamo publicitario o una operación de la casa editorial. El paso de los años sobre su pluma hace que discierna entre las churras y las merinas.
Ahora que se acerca el verano y disponemos de un mayor tiempo para las lecturas resulta de agradecer que “Ficción continua” nos dé pistas sobre posibles lecturas estivales, aquéllas que apasionan al creador de “50 cuentos y una fábula” -los cuentos de Clarín, “La desheredad”, “Oblomov”, “La saga-fuga de J.B.”-, y nos recuerda que la novela ha sido siempre un invento de libertad, y que ninguna de las nuevas técnicas de comunicación que nos invaden suplanta por ahora su fuerza de trampolín para la aventura interior. Para quienes no hayan leído nunca nada de José María Merino este libro es una perfecta introducción a una prosa extraordinaria por su lenguaje, por su música y por su tremenda y aterradora visión de la vida.
J. A. Aguado