Cuando todo se hunde a tu alrededor
Jean-Luc Seigle, “Al envejecer, los hombres lloran”, Seix Barral, Barcelona, 237 páginas, 18€.
Esta novela ocurre el 9 de julio de 1961, todo lo narrado se desarrolla en un día en el que un pueblo pequeño niega la idea del progreso. Choque entre la modernidad y la tradición. La modernidad entra de la mano de la televisión que muestra las imágenes de la guerra de Argelia, el escritor quiere explicar el muro de silencio de los soldados en la guerra, la enorme tristeza del ridículo y la vergüenza de la derrota. Un pueblo pequeño cambia sus costumbres cuando aparece el primer televisor. Será en casa de los Chassaing, que han sido avisados de que su hijo, destinado en Argelia, va a ser entrevistado en un reportaje televisivo sobre la Guerra de Argelia: “Giles era el único de los dos hijos Chassaing que había heredado la gran estatura de Albert, sus mismos ojos pardos, su misma cabellera espesa y negra, por eso nunca tuvo la impresión de haber salido de las entrañas de su madre, sino de las de su padre”.
Una guerra que se pelea en un diminuto pueblo galo de apenas setenta habitantes, en el interior de sus gentes, mientras pasean por sus calles los fantasmas de las dos guerras, la que ahora cumplimos 100 años, la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial que están dentro del imaginario francés: “Hablaban peor el francés que los negros del Senegal. Era el francés lo que les había unido a todos, lo que les había dado un espíritu combativo y los había convertido en patriotas. Antes, según él, no eran nada, menos que nada, sólo carne de cañón. Eso fue todo lo que tuvo que decir de aquella guerra mundial”.
Esta es la historia de una familia, del padre Albert, su protagonistas principal con los defectos y virtudes de su condición biológica de hombre, es un obrero de la Citroen, en torno a él se articula la historia, y como toda buena trama sistémica junto al padre la sombra del abuelo de la familia, ya fallecido, y uno de sus hijos en la guerra constituyen tres generaciones unidas por las balas de guerras distintas: el abuelo en la Primera Guerra Mundial, Albert en la Segunda Guerra Mundial y Henri-el hijo mayor de Albert- en la guerra de Argelia. A Albert le tocó en suerte servir en la Línea Maginot, llamada así en honor del Ministro de la Defensa francés André Maginot, la línea era una serie de fortificaciones permanentes construidas para proteger a Francia de Alemania y de Italia. Planeada en los años 20 y construida en los años 30, eran verdaderas ratoneras donde los franceses esperaban parar la invasión alemana, pero nada salió como ellos tenían previsto y fueron derrotados, así que el espíritu de este viejo soldado es el del perdedor: “Los grandes hombres no hacen la Historia, sino que, cómo decirlo…(Gilles sintió en su mano un leve temblor como si la búsqueda de una palabra exacta pudiera estremecer todo el edificio)…, la aspiran. Eso es, ellos aspiran la Historia”.
Junto al padre de familia tenemos a su mujer Suzanne, cuyo corazón se reparte por culpa de un matrimonio rutinario y los dos hijos Henri y Gilles. El escritor crea un personaje digno de un monólogo teatral Gilles, un feroz lector de Balzac, admirador de su padre y siempre puesto en el punto de mira de la escopeta de su madre y que pone un broche de oro al final de la historia. Como ocurre en las novelas de Balzac, en esta magnífica novela de Jean-Luc Seigle los problemas domésticos esconden otras tragedias humanas más grandes: el suicidio, la infelicidad, … en este mundo de perdedores la familia aparece como un gran flotador, un salvavidas al que cogerse como un clavo ardiendo: “Albert acababa de llegar cerca del río. Podría morir. Se preguntaba si, a fuerza de verlo trabajar en el jardín, cortar madera, prensar las uvas de la viña, dar de comer a los animales y matarlos, Gilles comprendería que su padre no había hecho durante toda su vida sólo lo que sabía hacer, que no se había contentado solamente con alimentar a la familia”.
Jean-Luc Seigle es un guionista de televisión y dramaturgo. Lo que tenemos entre las manos es la tercera novela de un hombre que es una verdadera máquina de la escritura, su compromiso con el teatro empezó en el año 1981 y desde entonces no ha parado. Con “Al envejecer, los hombres lloran” explica la historia de Europa desde otra perspectiva, no hay nada como leer la Historia viva de una época no muy lejana.
J. A. Aguado