LA EXPERIMENTACIÓN ANIMAL. Autora: Siham El Kabouri

Tanto vacunas como medicamentos deben ser probados antes de su comercialización para probar su efectividad y los efectos que tienen sobre los seres humanos. Dichas experimentaciones se llevan a cabo con otros seres vivos, normalmente ratas, ratones y otros roedores.

Pero, ¿es realmente necesaria la experimentación animal? ¿Qué utilidad tiene, si al fin y al cabo se testan animales que no comparten todas nuestras características?

Yo personalmente pienso que la experimentación animal es una práctica totalmente necesaria para el desarrollo de nuevos fármacos y vacunas. El empleo de animales en la experimentación ha sido un aspecto clave en el desarrollo y en el avance de la ciencia. 

Una prueba de ello es la Herceptina, una proteína de ratón humanizada que ha ayudado a reducir las tasas de mortalidad de pacientes con cáncer de mama. La experimentación animal también ha permitido el desarrollo de los inhaladores para el asma, la vacuna contra el ébola, la tuberculosis y, en la situación que nos ocupa, la vacuna contra el Sars CoV-2.

Cabe destacar que estoy a favor de la experimentación animal siempre y cuando esta tenga como objetivo el desarrollo científico, ergo el desarrollo y bienestar social.

Soy consciente de que miles de animales mueren anualmente como consecuencia de este tipo de experimentación, pero creo que hace falta observar el otro lado de los datos; cada año, gracias a la experimentación animal, se salvan millones de vidas humanas.

Si la experimentación animal se dejara de utilizar o si no se hubiera producido, la mortalidad infantil podría ser unas 20 veces superior a la actual y la esperanza de vida media rondaría los 50 años. 

En cuanto al dilema ético en la experimentación animal, pienso que si no se considera ético sacrificar las vidas de cientos de animales para el beneficio humano, tampoco debería considerarse ético abandonar las miles de personas que sufren y mueren por enfermedades que podrían ser curadas con la investigación y experimentación animal.

Es cierto que a causa de la experimentación animal han ocurrido grandes tragedias, como el caso de la Talidomida, un fármaco sedante desarrollado y comercializado en 1957 para calmar las náuseas de las mujeres embarazadas durante el primer trimestre de embarazo. Como era habitual, el fármaco fue creado a partir de la experimentación animal, y como en animales no habían surgido efectos secundarios, se procedió a su comercialización, resultando así una tragedia, ya que causaba malformaciones congénitas en todos los fetos de las embarazadas a las que se había administrado.

Independientemente de este tipo de casos en los que la experimentación no ha seguido las pautas establecidas por la legislación o no ha resultado ser del todo efectiva, es mayor el beneficio que la experimentación animal aporta a nuestra sociedad, ya que como he mencionado anteriormente, esta ha permitido el avance de la ciencia y, por consiguiente, la mejora de nuestras vidas.

Es cierto que al fin y al cabo somos seres humanos con una cierta diligencia que sometemos a otra especie para conseguir un beneficio propio y que anteponemos una vida humana a la vida de mil animales para curar enfermedades. Pero cabe destacar la existencia de leyes que regulan y administran este tipo de experimentación.

La legislación establece el principio de las 3 erres: reducir, reemplazar y refinar, que regulan la experimentación animal y que aluden a métodos que eviten o sustituyan la experimentación animal, que tengan como resultado la implicación del menor número de animales posible y que aluden a la modificación de la cría de animales para minimizar el dolor y la angustia.

Ya que la legislación recoge aspectos relativos a la utilización de animales de experimentación, procurar que los experimentos sean llevados a cabo en las condiciones más óptimas para el desarrollo del animal forma parte de la ética del investigador, que es lo que lleva a grandes tragedias cuando estos aspectos y normativas no se cumplen.

A pesar de todo, creo que el uso de animales en la experimentación y la investigación debería ser limitado a la necesidad, por lo que en este caso no estoy a favor de la experimentación animal para la creación de cosméticos.

En conclusión, pienso que la justificación ética de la experimentación animal se apoya en el objetivo del experimento, que debe asegurar un uso racional de los animales y una adaptación a las medidas que regule la legislación.

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