Urea y bacterias para reducir el CO2

Bacterias y urea. Ésta es al parecer la receta ideal que encontró un equipo de investigadores estadounidenses y británicos para almacenar dióxido de carbono bajo la tierra de una manera duradera y, sobre todo, segura.

La posibilidad de almacenar grandes cantidades de CO2 bajo la superficie para reducir las emisiones de gases con efecto invernadero es una alternativa que muchos consideran válida, mientras el mundo pasa paulatinamente de depender de los combustibles fósiles a la utilización de energías renovables.

Los métodos en los que se está trabajando hoy día consisten en atrapar el dióxido de carbono e inyectarlo a cientos de kilómetros de profundidad en un suelo rocoso, generalmente en un pozo petrolífero en desuso, o en inyectar este gas bajo la tierra, en napas de agua salada no aptas para el consumo humano.

Sin embargo, uno de los principales problemas que plantea esta solución temporal al calentamiento global es el riesgo de que se produzcan filtraciones, que harían que el CO2 se incorpore nuevamente a la atmósfera.

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