Mitjans de comunicació: Informació o intoxicació. Autoria: Alumna confinada

Enciendes la televisión, echas un vistazo al teléfono móvil, lees el periódico…tarde o temprano encontrarás alguna actualización sobre el tema actual por excelencia: el Covid-19. Sí, estamos viviendo una crisis pandémica, por lo que debemos estar al corriente de las últimas noticias para actuar de la mejor manera posible, pero ha llegado un momento en el que no se habla más que de ello.

Vivimos, al fin y al cabo, en una sociedad en la que abunda la información. Pero precisamente el fácil acceso a esta es lo que hace que los medios de comunicación compitan constantemente por el titular más candente que consiga atraer más receptores, perdiendo toda objetividad y credibilidad.

Así pues, ¿debemos desconfiar de todo lo que nos dicen? Si cuestionamos la veracidad de algo tan solo por el hecho de haberlo leído o escuchado en los medios de comunicación, ¿en qué o quién debemos confiar entonces? Incluso las instituciones u organizaciones de máxima fiabilidad, como el gobierno, o la OMS en este contexto pandémico, utilizan a menudo estos medios para hacer llegar al máximo número de oyentes la información que desean transmitir. En resumidas cuentas, la mayoría de las veces, los medios no generan nueva información, sino que actúan como canal transmisor de esta. Por lo tanto, deberíamos dirigir nuestra atención (y desconfianza) al emisor del mensaje, no al intermediario. Con todo y con eso, los medios de comunicación deberían adoptar un papel responsable como agentes informativos con una gran influencia social, pero no siempre es así.

Por una parte, el bombardeo de información constante sobre el Covid-19 está haciendo mella de manera generalizada entre la población. El miedo al desabastecimiento resulta en la propagación del ‘’efecto bunker’’, y los medios, en vez de llamar a la calma, muestran en bucle videos de estanterías de supermercado vacías que acrecientan una histeria colectiva que, a largo plazo, podría tener peores consecuencias que el propio virus en sí.

Por otra parte, los medios están siendo parciales; el excesivo protagonismo de un solo tema tiene como consecuencia la desinformación de otros acontecimientos. ¿Significa esto que pretenden desviar nuestra atención para ocultarnos algo? No soy partidaria de las teorías conspirativas; si se habla constantemente de un virus con una mortalidad ínfima, en vez de darle más protagonismo a enfermedades infecciosas – como el cólera– que afectan de manera más seria y a más población, es simple y llanamente porque la primera problemática nos afecta y la segunda no. Nosotros (los europeos, los habitantes del ‘’Primer Mundo”), hemos creado una burbuja llamada progreso que nos protege de las desgracias externas (guerras, pobreza…) y en el momento que algo amenaza con romper esta burbuja que nos da seguridad, el miedo acude a nosotros. Los medios no son más que la manifestación de ello.

En conclusión, ante unos medios que bailan entre la información y la intoxicación, debemos actuar con inteligencia, es decir, ser críticos y selectivos con las noticias que recibimos. El sensacionalismo, nos conduce inevitablemente hacia el alarmismo y, en una situación como la actual, debemos evitarlo a toda costa.

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