Un puñado de genes permite a los tibetanos vivir a gran altura

Es la adaptación genética más rápida que se ha observado hasta ahora en humanos.
Las personas no habituadas a vivir en altura suelen sufrir dolores de cabeza, se cansan o se marean cuando están en lugares ubicados a 4.000 metros o más. Incluso, si viven en esos parajes pueden llegar a tener niños de menor peso que el normal o sufrir una mayor mortalidad infantil. Los tibetanos no tienen esos problemas, están perfectamente adaptados a vivir en lugares en los que la concentración de oxígeno en el aire es inferior en un 40% a la concentración al nivel del mar. Un equipo científico internacional ha identificado ahora un puñado de genes, cuyas mutaciones en los tibetanos facilitan la vida a gran altura. Unos 15 de esos genes están relacionados con la oxigenación en el organismo. Se trata de una adaptación genética en humanos a las condiciones de un entorno determinado.

Los investigadores han comparado la dotación genética de 50 individuos tibetanos (que acreditan al menos tres generaciones de vida a gran altura en esa regió) con los genomas de 40 chinos han, habitantes de Pekín. Así han identificado una treintena de genes en los que se aprecian mutaciones obvias en la población tibetana y la mitad de esos genes tienen algún papel en el uso del oxígeno. Uno de ellos es el llamado el gen del superatleta (EPAS1), conocido desde hace años y bautizado así porque algunas variantes del mismo están presentes en deportistas de alto rendimiento.

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