
Un estoma o poro cerrado y otro abierto en la superficie de una hoja de lavanda, en una imagen obtenida con un microscopio de electrones.
Las hojas de las plantas contienen en su superficie, en la parte inferior, diminutos poros por los que respiran, absorbiendo dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera y liberando oxígeno y vapor de agua.
Los poros, llamados estomas, siempre están espaciados, nunca están contacto, y este distanciamiento uniforme permite maximizar la capacidad respiratoria. Pero hasta ahora era un misterio cómo las plantas lograban producir esos patrones.
El mecanismo depende de una proteína, según científicos del centro de investigaciones botánicas John Innes, en Inglaterra. Esa proteína regula el proceso por el que los estomas acaban rodeados de otro tipo de células.
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